LA LEGITIMIDAD DEL DISIDENTE

No estoy contando nada nuevo cuando digo que nosotros, los hijos malditos de la historia, queremos destruir este sistema materialista, egoísta, antinatural y corrupto para dejar paso a una Europa radicalmente distinta que sea encarnación de valores nobles y eternos.

Por supuesto, como aspirantes a la creación de un próspero devenir para nuestra patria y a la aniquilación de la modernidad, somos calumniados y perseguidos. E, independientemente de lo mejor o peor que sea el estado actual de cosas, es comprensible que el sistema nos combata. ¿También con mentiras? Por supuesto. Un sistema basado en la antinaturalidad y la mentira solo con la mentira puede defenderse. Por tanto, queda claro que, como disidentes que somos, debemos aceptar las consecuencias de nuestra lucha.

Ahora bien, al igual que es legítima la represión que sufrimos, también lo es nuestra respuesta. Nosotros no cederemos hasta ver arder la decadente realidad que nos ha tocado vivir para renacer, cual fénix, con grandiosa vitalidad. El sistema lo sabe tan bien como nosotros sabemos que seremos combatidos. Nuestra acción es legítima, heroica y necesaria. Legítima porque el podrido mundo que nos rodea no merece otra sentencia que la extinción. Heroica porque no ha habido jamás enemigo mayor contra nuestro pueblo que aquel que desde dentro ha amenazado su existencia. Y necesaria porque es hora de devolver a nuestra gente y a nosotros mismos el gran espíritu que antaño tuvimos.

No puede haber mayor premio a nuestra lucha que una Europa sana, libre y justa…

ALOY

 

ALOY

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