LA LEY RAJOY

Creo que fue Vizcaíno Casas el que sugirió que el devenir de los acontecimientos cambiaría el nombre de El Ferrol del Caudillo por el de “El Ferrol de el Gallego” . Su vaticinio se quedó próximo a cumplirse, tan solo por unos pocos kilómetros que son los que separan Pontevedra de Ferrol. Lo del arte de los gallegos para la política debería ser objeto de estudio en la facultad correspondiente y si no, vean estos ejemplos.

Sin necesidad de alejarnos mucho en el tiempo, podemos recordar la proverbial frase de Franco ante cualquier contratiempo por grave que fuera, “no hay mal que por bien no venga”; y con esta lógica sacó partido de situaciones tan graves como las de Begoña o Carrero Blanco, por citar un par de casos. Rememorar también la camaleónica facilidad de Fraga Iribarne para adaptar su vestuario a cada nueva etapa política y su maestría para deshacerse de los antiguos amigos.

Pero lo de Rajoy, ya es de nota. Puedo alardear de ser de los pocos que nunca han comparado su inteligencia y su estatura para la política con la de su antecesor, el retrasado Zapatero. Cosa bien distinta es que me guste Rajoy, pero hay que reconocerle que en las intrigas cortesanas se mueve como pez en el agua. Y si no, juzguen ustedes. Era el último candidato en las famosas “cuatro patas” de Aznar (Rato, Cascos, Mayor Oreja, Rajoy) y sorprendentemente fue el elegido. Se hizo el amo del partido trabajándose muy bien a los barones y generalizando el enriquecimiento de los pesos pesados (a través de su hombre de confianza, Luis Bárcenas, curiosamente también fuera de juego; tanto que tras perder todas las elecciones y además quedar como el culo en los “face to face” televisados, apenas si le salieron “contestones” dentro de su partido. Y a los que salieron, los ha ido laminando uno tras otro, con paciencia pero inexorablemente y yo diría que, en algún caso, incluso con crueldad. Primero se deshizo de los Aznaristas, hasta llegar al último vestigio, su señora Botella. A la ambiciosa Esperanza Aguirre le fue dejando las vergüenzas al aire a través de sus colaboradores más próximos, hasta que aquélla pidió el taxi. Y para el final dejó el plato frio de la venganza, aupó a Gallardoncito hasta los cielos de uno de los tres grandes ministerios para posteriormente dejarle caer al abismo. Alberto, el marisabidillo, no lo vio llegar cuando le encargaron la contraley Aido. Seguro que hasta le molaba cuando leía los titulares, “la ley Gallardón”. Ahora se desgañita diciendo a todo el mundo, “no es mi ley, es la ley del gobierno”; pero a nadie le interesan los juguetes rotos.

No, Albertito, no es la ley Gallardón, es la ley de Rajoy: “el que me la hace, me la paga”. Ándate al loro porque los otros defenestrados, curiosamente, todos tienen, encima, problemas con la ley.

Lo que aprende uno en política, Mariano.

LARREA

http://www.europapress.es/nacional/noticia-gallardon-anuncia-dimision-retirada-ley-aborto-20140923174759.html

 

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate