LA LICENCIA DEL CUARTEL

Me parece asunto digno de estudio el fenómeno de rechazo social a la milicia que desde hace no tantas décadas se ha ido asentando en la sociedad occidental.
“La paz es el camino” declaró Gandhi un buen día e hizo del slogan su bandera de resistencia a la ocupación británica, pero lo cierto es que fue muerto a tiros por alguien que seguramente no había leído sus enseñanzas.
Aunque hoy esté mal visto decirlo, está históricamente acreditado que no hay mejor garantía de paz que un pueblo en condiciones de defenderse.
La leva para cualquier hombre útil se pierde en la noche de los tiempos, y todas las grandes civilizaciones recurrieron a formar sus ejércitos con los propios hijos. Como curiosidad: en la antigua Roma tan solo los pobres de solemnidad se libraban del reclutamiento, pues se entendía que nada heroico se podía esperar de aquél que no tenía nada que perder.
Hoy leo con infinita tristeza la licencia de los Cuarteles de Loyola en los que pasé un año de mi vida en el servicio de armas obligatorio.
Lo de “infinita tristeza” no se trata en este caso del socorrido recurso habitual para componer una frase hecha: es que cabalmente es el sentimiento que me invade.
Con el “cierre por derribo” del acantonamiento donostiarra se va también una pequeña -pero emocionante- parte de mi vida, e inevitablemente se suma a la nostalgia de los años que ya me dejaron: aquellos recuerdos de infancia o mocedad donde se citan mañanitas de 6 de enero, brasas de chimenea y villancicos, los abrazos de mis abuelos, los amores adolescentes… y ahora también: la última diana en Loyola. Floreada y doblada, con gorras al aire y despedida del viejo cuartel.
Cruzando el Urumea con la licencia por fin en el bolsillo, ya sabía que algún día echaría de menos los acuartelamientos siameses.
En fin, tempus fugit, asuntos de carcamal que tampoco darían para dar la lata y menos para un ensayo, si fuere el único motivo para sentirme como me siento: infinitamente triste…
Se llamaba Mariano de Juan y era sargento de complemento, riojano y vasco de adopción y corazón, licenciado en Económicas, casado temprano había decidido asegurar el futuro de su familia “currando de militar”. Nunca iba armado y la gorra, lo recuerdo bien, no se la calzaba: la dejaba caer. Simpático, próximo, deportista, cuando entraba de semana la tropa tomábamos aire.
Nunca pensé en ello entonces, pero ahora no se me ocurre un blanco más asequible.
Un buen día su foto abrió los telediarios: “ETA asesina a un Brigada del acuartelamiento de Loyola”.
Con la noticia de la entrega de los cuarteles por parte del Ejecutivo al Ayuntamiento de San Sebastián en el miserable cambalache de especulación a cambio de votos, un hedor a muladar y derrota se desprende del “acuerdo felizmente alcanzado”.
España desaparece progresivamente del País Vasco y son los herederos de los pistoleros los que ahora mismo dictan los pasos a seguir para culminar la tarea.
Tal se diría que los “gudaris” del tiro en la nuca y la bomba lapa nunca conocieron a Gandhi, mientras el antaño heroico ejército español parece tocar a diana con lecturas de Tagore.
Ellos han ganado, lamentablemente por deserción en el campo del honor.
Yo serví en el Regimiento de Cazadores de Montaña Sicilia 67 “Tercio Viejo”, y siento el más profundo de los desprecios tanto por la chusma que nos gobierna como por los funcionarios armados que eligen ponerse de perfil ante lo que está pasando.
LARREA  DIC/20

 

ETA asesina de un disparo en la cabeza a un brigada del Ejército en San Sebastián

https://elpais.com/diario/1995/04/11/espana/797551215_850215.html


Loyola: 100 años de historia a cambio de seis votos

El cuartel, con 515 efectivos, era hasta hace dos semanas «indispensable»

https://www.larazon.es/espana/20201129/v74yl3sj35b3plxxyydnorqxlu.html

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    1 thought on “LA LICENCIA DEL CUARTEL

    1. Yo también estuve allí. No diré que lo pasé bien. La infantería es dura. Pero no me gusta nada que desaparezca. Es un Cuartel emblemático. Imagino su futuro. Bonita fotografía.

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