LA MATANZA DEL “PICADERO DE PATERNA”

 

“El Picadero” fue una instalación situada en la parte derecha de la carretera de Valencia en dirección a Paterna perteneciente al Cuartel de Infantería y Caballería de dicha localidad, el cuál había sido asaltado por los milicianos al poco de producirse el Alzamiento Nacional.

A este lugar fueron conducidos miles de presos considerados desafectos al Frente Popular (jefes y oficiales del Ejército, sacerdotes, monjas, campesinos, abogados, médicos, comerciantes, estudiantes… falangistas, tradicionalistas, afiliados a la Derecha Regional Valenciana, monárquicos, miembros de Acción Católica) desde las chekas de la capital o los barcos-prisión fondeados en su puerto para, sin apertura de causa, ser ejecutados por los autoproclamados “redentores del proletariado”.

Para más escarnio, públicamente, pues a los fusilamientos acudía a diario una auténtica jauría humana ebria de sangre, ésa que Oswald Spengler denominaba “la élite negativa del arroyo”: envidiosos, resentidos, fracasados, tarados físicos y/o morales…en definitiva, “sociópatas odiadores de los valores superiores en función de su propia inferioridad”.

Así, al fondo del recinto y encapuchados para no ser reconocidos, se situaban los matarifes rojo-separatistas prestos a disparar con sus ametralladoras sobre los reos que bajaban de los camiones y eran colocados en la pared contraria (de la que se conserva una foto de archivo datada en plena Postguerra, cuando se escribió en ella una leyenda en honor a los allí martirizados), luego rematados (amén de desvalijados) a golpes por las turbas antes de ser finalmente arrojados a fosas con cal.

La carnicería de “fascistas a despachar” (un total de 2.775) se prolongará, incluso con el Gobierno instalado en la ciudad del Turia (aspecto que invalida el tan traído mantra de los “descontrolados”), entre agosto de 1936 y enero de 1937, momento en que las ejecuciones se hicieron más selectivas, esto es, vinieron precedidas de una falsa aureola de legalidad.

Un crimen conocido en gran medida gracias al relato de Vicente Cardona aparecido en el diario “Las Provincias” en 1940, hoy opacado por los comisarios de la Memoria Histórica con las también ejecuciones (oficialmente, 2.338) acaecidas en lugar cercano (en el que llaman “Paredón de España”) tras la contienda y que afectaron a no pocos de los responsables de lo sucedido en “El Picadero” (cosa que raras veces se dice).

Actualmente, donde ocurrió tamaña masacre se erige un sencillo monumento en homenaje a todos aquellos “patriotas, víctimas de su españolismo, su religión y su honradez”.

NB. – A modo de anécdota, se cuenta que en los cinco meses de escabechina solo hubo un superviviente, un joven que, aún herido de un disparo en la pierna, consiguió “en supremo impulso de su instinto de conservación” saltar los dos metros de altura de las tapias de “El Picadero” y huir.

NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

CACHÚS 

 

 

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