LA MUERTE DE STALIN

El pasado sábado TVE2 programó ‘La muerte de Stalin’, película franco-británica del año 2017, basada en la novela ‘La mort de Staline’, de Fabian Nury y Thierry Robin.

Se trata de una película satírica que retrata el clima de terror en la Unión Soviética, que obliga a los miembros de la Nomenklatura a mantener posiciones y conversaciones absurdas y delirantes para evitar ser incluidos en las listas de las Purgas.

La trama se inicia con una nota que la pianista Mariya Yudina, cuyo padre y hermano habían sido fusilados, hace llegar a Stalin junto a la grabación de un concierto celebrado en Radio Moscú. En la nota le acusa de haber traicionado al Pueblo y de ser el causante de su desgracia. Stalin lee la nota, que le causa una gran risa, en medio de la cual sufre un ataque cerebral. A partir de ahí, se suceden las conspiraciones por el Poder entre los miembros del Presidium. Conspiraciones que resultan hilarantes, pese a que el final siempre es la muerte.

En la Historia real, Stalin sufrió el ataque cerebral en la noche del 28 de febrero de 1953, tras una cena con su círculo íntimo -Beria, Malenkov, Khrushchov y Bulganin-, a la que también habían sido invitados Kaganovich y Vorochilov. Éstos dos exigían la liberación de 37 médicos detenidos por el llamado Complot de los Médicos, acusados de prescribir tratamientos inadecuados a dirigentes del Partido Comunista, con el fin de envenenarlos. Stalin acusó de traidores a Kaganovich y a Vorochilov, y éstos rompieron sus carnés del Partido Comunista, lo que provocó la cólera de aquél, que abandonó el comedor y se retiró a sus aposentos. Nadie se atrevió a entrar en los mismos, ni a llamar a su puerta, hasta la noche del día 1 de marzo. Al entrar, encontraron a Stalin en el suelo, vestido y rodeado de sus propios orines. Pese a todo, tardaron un día más en llamar a un médico. Tras varias aparentes recuperaciones, el día 5 de marzo, falleció.

Tras certificarse su muerte, Malenkov y Beria, por un lado, y Khruchov y Kaganovich, por otro, empiezan la lucha por el Poder. Khruchov, el más astuto, rompe la alianza de Malenkov con Beria. El 26 de junio, convoca una reunión del Presidium, en la que obtiene el cese de Beria, acusado de los terribles crímenes de la NKVD y de su actuación en la represión del Levantamiento de Berlín -17 de junio-. El 10 de julio, Pravda publica la detención de Beria, bajo las acusaciones de “ser enemigo del Estado y del Partido” y de “trabajar, desde hace años, para una Potencia extranjera”. En Diciembre, es juzgado y sentenciado a muerte, junto con seis colaboradores suyos. De rodillas, suplica clemencia, la que él jamás tuvo con miles de inocentes, detenidos con acusaciones fabricadas, torturados sádicamente, obligados a confesar crímenes no cometidos para parar las violaciones de sus esposas e hijas o para evitar la muerte de sus padres, y, finalmente, enviados al Gulag o ejecutados. El 23 de diciembre de 1953, el General Batitsky, en presencia del Presidente del Tribunal, del Fiscal General del Estado y del Comisario de Justicia de la Unión Soviética, ejecuta a Beria de un tiro en la frente.

El Comunismo creó la más terrible maquinaria de muerte y tortura. El Infierno en la Tierra. Y tiene el mérito de ser el mayor ejecutor y torturador de comunistas. Ni el Zarismo, ni los Fascismos, ni el Franquismo, ni el Nacionalsocialismo han ejecutado tantos comunistas como los propios Regímenes Comunistas. Ser comunista en un Estado Comunista es una profesión de altísimo riesgo.

PEDRO PABLO PEÑA

 

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