LA MUGRE DEL 8 DE MARZO. ENIGMAS Y MISTERIOS DE LA NUEVA ORTODOXIA MARXISTA-FEMINISTA

 

No es ningún secreto el odio al jabón que suelen tener los rogelios. Por algo les llamamos, cariñosamente, guarros. Tampoco es un misterio que la peligrosa paranoia esquizoide del discurso feminista arraiga especialmente entre callos malayos y focas resentidas. Estos son datos conocidos y fácilmente corroborables al contemplar cualquier manifestación del ramo.

El culto a lo feo y a la degradación es una seña de identidad del marxismo cultural. Este odio a la belleza y a la simple higiene no es nuevo en la piara marxista.
Se promueve la idea de que cualquier muestra de fealdad, suciedad o chabacanería grosera es un símbolo de modernidad. Ya en la Guerra Civil hubo gente que fue asesinada por ir peinada y limpia. Adivinen en qué bando.
Aunque, de momento, la nueva hornada de “tiorras” no ha llegado todavía a tanto, ya han dejado sin curro a las azafatas de la Fórmula 1, cualquiera de las cuales sabe lo que es ganarse honradamente el pan a diferencia de las resentidas arpías de mostacho y subvención.

Sin embargo, lo que llama la atención es la exacerbación hasta límites dementes de esta tendencia al chafarrinón grotesco, a la inmundicia obligatoria y al disparate delirante.
Las grotescas campañas “espontáneas”que -como es público y notorio- financia, coordina y planifica la oligarquía financiera internacional a través de Soros y otros hebraicos multimillonarios progres, degradan a la mujer con actitudes y consignas que harían ruborizar a la Pasionaria.
Las iniciativas que, presuntamente, reivindican la dignidad de la mujer suelen consistir en pintarrajearse las tetas reivindicando el asesinato de bebés como un derecho y en exhibir sobacos hirsutos y poco limpios, piernas velludas o lorzas sudorosas.

Este año, la consigna de los comisarios políticos del NOM pasa por una “huelga” promocionada con toda clase de chaladuras y guarradas.

Hay que reconocer, no obstante, que algunas de estas iniciativas son loables, las cosas como son. En Argentina, por ejemplo. Las feministas de la nación hermana se ponen en la jeta las bragas (allí las llaman bombachas), no sabemos muy bien para qué. Teniendo en cuenta la media de callomalayismo de la cabaña feminista, el cubrir algunos caretos incluso con bragas sucias, es un detalle que nos ahorra muchas visiones desagradables. Aunque me temo que el original embozo del rostro supone destapar otras partes de la frecuentemente poco agraciada anatomía de las militantes rogelias. En fin.

Sin embargo, el nuevo dogma tiene paradojas, contradicciones, enigmas y misterios para los no iniciados. Sobre todo en esto de tapar o enseñar zonas anatómicas.
Por ejemplo, ese puritanismo enfermizo que hace que la minifalda se considere un intolerable signo de machismo y opresión mientras que el burka moruno es ignorado y hasta justificado. O que un bar de top-less se denuncie como algo humillante para las señoritas que curran allí y, por lo tanto, se organice una protesta en la que las feministas se pintan las consignas en las tetas. Que, para más inri, suelen ser menos vistosas y bonitas que las de las trabajadoras del top-less.
Y sin embargo, esta mojigatería no se ejerce contra -es un suponer- alguna teleputilla que anunciase las campanadas de Nochevieja medio en bolas siempre que declarara su compromiso con la causa feminista mientras se ajusta una lentejuela en la entrepierna.

Para complicar más la comprensión del asunto, aquí en España los de Podemos dicen que el 8 de marzo no se deben utilizar tampones ni cuidar nietos. No está claro si esta prohibición se extiende también a las nietas o a los nietos que sean un poco mariquitas. Un lío.
Quizá lo de los tampones no preocupe ya a la mayoría de las abuelas pero creemos que puede provocar graves problemas de conciencia la incertidumbre sobre si el dogma es aplicable por extensión al indasec para pérdidas leves de orina -¿Es Concha Velasco un agente del heteropatriarcado?- o incluso al papel higiénico.

Yo, ante la duda, he decidido dejar de usar papel higiénico ese día. En mi cuarto de baño no habrá símbolos de opresión machista.
Para reafirmar mi solidaridad, en el lugar que antes ocupaba el oprobioso papel higiénico he colocado una pila de fotocopias con las efigies de doña Manuela Carmena y de Pablo Iglesias.

J.L. ANTONAYA


Podemos apoya que el 8-M las mujeres no compren tampones ni cuiden a los nietos

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