DE LA NOCHE TRISTE A LA VIRGEN DE GUADALUPE

Ahora que hace 500 años…
En México, un dicho popular certero como el dardo de una cerbatana, siseado, pues no siempre se gusta de reconocer, afirma que “la conquista la hicieron los nativos y la independencia los españoles”.
No recuerdo exactamente a qué edad comenzaron a enamorarme los mexicanos, pero lo asumo temprano.
Tuve, afortunada generación la mía, buenos profesores de historia y todos ellos nos hablaron de Cortés, de Pizarro, Almagro, Coronado, Cabeza de Vaca…
Comoquiera que finalmente de todos aquellos lugares que los españoles conquistamos nos acabaron echando, al pequeño Juanito dejaron de interesarle los sucedidos postreros de señores tan hoscos y lejanos.
Pero, llegó Mallorquí con El Coyote, que en resumen se trataba de los Echagüe contra los Kent. Ya por aquel entonces los niños sabíamos que Superman era en realidad Clark Kent… e instintivamente tomé lado de aquéllos con los que compartía idioma y apellidos.
A partir de ahí todo fue vertiginosos, de los tebeos a las novelas, El Zorro, ¡Viva Zapata!, el México insurgente de Reed, la Revolución mexicana, los Cristeros, un pueblo que sufre carros y carretas pero que cuando se harta corren ríos de sangre…
En algún momento de mi vida supe que los españoles seguíamos allí, somos un gen demasiado pesado.
Como que nunca nos iremos, no en balde se llamó Nueva España y, leyendas negras aparte, los españoles dejamos en aquellas tierras mucho más de lo que sacamos.
Hoy en día los mexicanos conforman un pueblo amable, y orgulloso a ratos (otro rasgo de nuestro carácter), pero entre las dos o tres cosillas que harían temblar el piso desatando todos los diablos que llevan dentro, está la Virgen de Guadalupe.
La virgen morena homónima de aquélla que llevaron los conquistadores extremeños.
Volveremos a Ella al final, pero déjenme que les cuente una historia…
Mesoamérica, concretamente la parte central (que hoy es el DF) era un lugar de puta madre para vivir… si eras azteca.
Si no lo eras… amigo, si no eras azteca estabas jodido.
En 1519 Hernán Cortés es habilitado por la Corona de España para explorar las costas. En ello estaba cuando desoyendo la orden del Gobernador Diego Velázquez, se asienta “en tierra firme” fundando el 22 de abril la ciudad de la Vera Cruz.
Tras algunas escaramuzas con las tribus locales termina por llegar a acuerdos con éstas que ven en los recién llegados la solución a sus problemas.
Por parte de los caciques indígenas (ahora aliados) es informado de que en la zona el que corta el bacalao es un tal Moctezuma, emperador de los mexicas, tomador y dador de vidas. Naturalmente también fue informado de que el imperio azteca (como cualquier imperio) se sostenía sobre su hegemonía económica y militar, que viene a ser lo mismo.
El extremeño, en una temeraria decisión que cambiaría por completo la historia universal, “quema” sus naves (en realidad esto no pasó así): ya no habría vuelta atrás, y decide acercarse a ver de qué va el asunto éste de los sacrificios rituales de niños, las fiestas religiosas donde se servían hervidos los muslos del vecino y tantas cosillas de este calado. Y también ¿a qué mentir?, qué había de cierto en aquellos rumores de montañas amasadas con oro…
Como toda fuerza militar dispone de las tripulaciones y algunos centenares de soldados, en total: no más de 500 españoles, la mayoría castellanos y extremeños.
Cuenta también con dos traductores que a la postre resultaron fundamentales para las alianzas que Cortés estableció con los pueblos sometidos por los mexicas: Gerónimo de Aguilar, un naufrago español encontrado en la travesía por el Yucatán, y una doncella maya llamada Malinche.
Para noviembre los españoles se plantan ante las puertas de una ciudad sin parangón en la época y que alberga más de 200.000 almas: Tenochtitlan, y allí se produce el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés.
El emperador azteca, posiblemente dentro de una estrategia calculada, agasaja a los españoles con el palacio de su padre, en el centro de la ciudad y ubicado entre canales. Cortés acepta aunque a los pocos días toma a Moctezuma como su propio “invitado” convirtiéndose así en garantía de una paz que se intuía muy precaria.
Unas semanas después Cortés tiene que abandonar con urgencia la capital para desplazarse a Veracruz por resolver un “problemilla administrativo”: Pánfilo Narváez pretende arrestarlo por orden del Gobernador Velázquez.
La ciudad queda a cargo de Diego Alvarado, magnífico soldado aunque sin las dotes diplomáticas del extremeño.
En plenas pompas religiosas mexicas, Alvarado y sus capitanes desconfían de la intención de sus anfitriones y por sorpresa pasan a cuchillo a sacerdotes y nobleza local. Este episodio se conoce como “la matanza del Templo Mayor”.
Hay que decir que, posiblemente, Alvarado tuviera razón y los aztecas pensaban razonablemente que la ocasión era pintiparada para deshacerse de los españoles. Lo cierto es que sea como fuere, tras el suceso, Tenochtitlan se reveló.
Pero esto Cortes lo desconocía, en aquel momento se encontraba en Veracruz resolviendo el asunto Narváez. No le costó mucho: tras hablar con los soldados que habían sido mandados para prenderlo, el valido del Gobernador se quedó solo y el extremeño aumentó sus huestes.
Y desde entonces a esto se le llama quedarse con cara de Pánfilo.
De vuelta a Tenochtitlan los mexicas le dejan pasar al frente de su ejército hasta el palacio donde se encuentra sitiado Alvarado, para posteriormente cerrar el cerco sobre todos ellos.
Con la superioridad numérica azteca y la ventaja de la orografía, ahí debiera haber concluido la aventura española en aquellas tierras.
Hernán Cortés, la última carta, decide exhibir a su rehén y exhorta a Moctezuma para dirigirse a su pueblo desde un promontorio del palacio. El emperador es descalabrado a pedradas de sus antaño súbditos y muere a las pocas horas.
No queda otra que salir de naja. Con los cascos de los caballos envueltos en trapos, los españoles y sus aliados tlaxcaltecas al abrigo de la medianoche abandonan el palacio adentrándose entre vías y pasarelas que salvan los canales para huir del sitio. Descubiertos, son asediados por barcazas y atacados por todos los frentes cortándoles la retirada hundiendo los puentes. La huida caótica es un “sálvese quien pueda” donde españoles y sus aliados son diezmados.
Tras alcanzar la distancia suficiente para sentirse a salvo, Cortés se detiene y hace recuento… en aquel momento sentado sobre el tronco de un árbol abatido, rompe en llanto.
Esta batalla (si se puede llamar así) se dio el 30 de junio de 1520 y se conoce como “La Noche Triste”.
Pero… los españoles de entonces no estaban muertos hasta que los habías matado.
Un año después Hernán Cortés, al frente de un gran ejército formado mayoritariamente por nativos, cercó Tenochtitlan tomando –precisamente- los canales (de las derrotas se aprende) siendo rendida al cabo de 3 meses la ciudad.
Fue en agosto de 1521, y sobre las ruinas de la capital azteca los españoles y sus pueblos nativos aliados fundaron Mexico DF, capital de Nueva España.
Apenas una década después…
9 de diciembre de 1531, el indio chichimeca bautizado Juan Diego Cuauhtlatoatzin escuchó el canto de un pájaro que le anunció la aparición de la Virgen de Guadalupe. Las apariciones Marianas se sucedieron durante cuatro días consecutivos en los que la Madre de Dios ordenó a Juan Diego y a Juan Bernardino que en ese mismo lugar fuera levantado un templo para su culto.
Con intención de que el Obispo fray Juan de Zumárraga creyera del relato, la Virgen ordenó al indio que cortara unas rosas que habían florecido en pleno invierno. Éste las guardó en su zurrón y cuando las mostró al Obispo las flores transformaron en el rostro de la Madre de Guadalupe.
La Basílica de Santa María de Guadalupe (Cerro Tepeyac, México DF) es el recinto Mariano más visitado del mundo, superado tan solo por la Basílica de San Pedro. Recibe unos 20 millones de peregrinos cada año.
Independientemente de las creencias de cada cual pues no es el asunto que nos ocupa, e incluso de la polémica que la misma Madre Iglesia mantuvo durante siglos en torno a las apariciones, un hecho fundamental se desprende del relato: la rápida asunción de españolidad por parte de los pueblos nativos tras ser liberados del yugo azteca.
Y la Madre cumplió con sus nuevos súbditos: en 1533 se funda el Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, destinado únicamente a los indígenas. La primera institución universitaria de América y que “logró impulsar una corriente vigorosa en favor de la enseñanza superior y de la investigación científica, con base en la integración cultural de los conocimientos indígenas y españoles” (Elí de Gortari). Más tarde llegarían el Colegio de San Nicolás, la Universidad de México…
Conventos y monasterios, catedrales y palacios, pueblos y ciudades.
Casi 3 siglos después con el Grito de Dolores (que curiosamente se dio a las arengas de “Muerte al francés, Viva Fernando VII y viva la Virgen de Guadalupe”) y la Conspiración de Queretaro, comenzaría la Guerra de Independencia que separaría definitivamente nuestros caminos.
LARREA  OCT/20
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