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¿ES LA DEMOCRACIA PARTITOCRÁTICA DEMOCRACIA?

La palabra democracia (si tal cosa es posible) se ha convertido en sinónima de “partidos políticos”.

Al parecer y según nos explican los herederos del Contrato Social, en las sociedades con multitud de habitantes es imposible escucharlos a todos y que opinen vinculantemente todos a la vez. Tal cosa, en el mundo informatizado de hoy, aparece como una afirmación obsoleta. Multitud de gestiones las realizamos a través de la red de redes, desde pagar impuestos a tramitar gestiones con el propio gobierno, con una verificación rigurosa. No se entiende el motivo del mantenimiento del sistema de urnas y recuentos humanos. Bueno, sí lo entendemos, el informático podría ser hackeado y los partidos tendrían que explicar sus propuestas no sólo a través de la publicidad pagada por los bancos prestamistas. Además, obligaría a los electores a leerse los programas electorales…

Sea como sea, la democracia partitocrática presenta deficiencias democráticas que deberían ser corregidas para ser “democráticos”:

  • Los partidos ya no obedecen a comunión de intereses de grupos sociales “naturales”, son estructuras las más de las veces con una muy difusa concepción ideológica, muchas veces reducida a poco más que eslóganes y candidatos de anuncio publicitario de entidades artificiales.
  • Los partidos hace tiempo que no son órganos de representación, son operaciones de marketing con la intención de colocar a mediocridades y disfrutar de privilegios y sinecuras de la casta mediante una especie de concurso de marcas comerciales a ver “cuál lava más blanco”.
  • Votar una determinada opción, se puede ver traducida en votar a otra a la que no se pensaba votar debido a los pactos electorales posteriores, todo son componendas para reparto de cromos y poltronas.
  • Los partidos representan intereses muchas veces oscuros y son deudores de préstamos bancarios e incluso de empresas, naciones extranjeras o personajes dudosos, Lo que les resta credibilidad e independencia.
  • El voto debería ser obligatorio para ser auténticamente universal y representativo de toda una sociedad.
  • Los electores deberían tener un mínimo de capacidades para tener derecho al voto, creer que todos los votos de todos los electores valen lo mismo es una falacia y más si se produce en masa y tras campañas electorales copiadas del mundo de la publicidad masiva.
  • Los partidos, todos, deberían tener la misma plataforma publicitaria de sus ideas, no dependiente de los votos y/o la representación sacada en los anteriores comicios ni del dinero que sacan de los posibles lobbies o “influencers” que los financian.
  • Los partidos han demostrado que no son independientes, en repetidas ocasiones han prometido cosas y han tenido que rectificar e incluso hacer lo contrario al llegar al poder, porque no son ellos los que detentan el poder real.
  • Los partidos no tienen interés en cambiar el sistema electoral aunque reconozcan, cuando les es adverso, su injusticia representativa.
  • Los electores las más de las veces votan “contra algo” más que a favor de algo, lo que parece no ser muy constructivo.
  • Todos los partidos que se quedan “fuera” por falta de votos mínimos, son voces que no se escuchan, opiniones que no cuentan, electores a los que se considera “poco o nada significativos”, lo que parece una injusticia en la “supuesta universalidad representativa” que debería ofrecer el sistema partitocrático.
  • Los candidatos no deben demostrar ni calidad humana ni moral o ética acrisolada, antes bien ocultan sus vergüenzas muchas veces chapuceramente.

Podría añadir muchas más críticas al sistema de partidos, pero la más sangrante es que su representatividad popular no es realmente “democrática”, son construcciones artificiales ajenas a los pueblos y sus necesidades.

Ante toda esta impostura, un fascista histórico decía que era el fascismo el auténticamente democrático. Parece una boutade, lo sé, pero si entendemos democracia como gobiernio del pueblo y para el pueblo, qué mejor que sus representantes surjan de organismos cercanos al mismo como la corporación, sindicato de trabajadores o el municipio. No es tan descabellado pensar que, en pequeña dimensión, los sistemas fascistas propusieron y plantearon sistemas de representación popular más “democráticos” que la de los partidos políticos actuales.

Siempre recordaré aquella frase de “no necesitamos partidos, necesitamos líderes”.

¿Qué mejor que elegir de forma directa los estudiantes a sus representantes, los trabajadores a los suyos, los vecinos a sus alcaldes y los paisanos a los de sus regiones y éstos a sus gobernantes, sin el “obstáculo” del partido político de turno?

Sí ya sé, vivo en la utopía, pero es que ya no me planteo otra cosa en un mundo que no me gusta.

EL CENIZO

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