SOBRE LA PRENSA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Otto Dietrich fue un funcionario alemán durante el III Reich, que desempeñó el cargo de Jefe de Prensa del régimen. Doctor en Filosofia y Ciencias Políticas, ostentó los cargos de Obergruppenfürher, Reichleiter y Teniente de Reserva de la Werhmacht.
En un libro oficial nacionalsocialista publicado en Londres en inglés en Mayo de 1938, Germany Speaks, con un prólogo de von Ribbentrop, ministro de Exteriores, donde 21 altos dignatarios del Partido y del Estado presentan los principios fundamentales y las orientaciones de los diversos aspectos de aquella nueva Alemania, participó Otto Dietrich con una exposición suya acerca de la prensa en el contexto alemán e internacional. El señor Dietrich es autor también de un libro (“Mit Hitler in die Macht”, 1933, Con Hitler en el Camino al Poder, según la versión inglesa) presentado incompleta pero suficientemente en castellano como “Hitler Caudillo”, que es bueno conocer para obtener una visión menos ideológica y más de aspectos humanos de Hitler y su pueblo antes de acceder éste al poder. Dietrich, juzgado también en Nuremberg en juicios anexos al circo principal, salió de prisión en 1950.
Aquí se encarga de analizar principalmente el papel de la prensa y la necesidad de que esté regulada en términos de responsabilidad y no abusivamente amparada en una supuesta “libertad de prensa”, por cuanto su labor efectivamente influye sobre las relaciones internacionales, y más si propala falsas y sesgadas informaciones. La prensa desde entonces ha seguido su evolución, de manera que hoy al parecer es más difícil percibir el mal inherente a su abuso, por el simple hecho de estar rodeados permanentemente de sus mentiras e incitaciones. Pero esto no era tan así cuando Dietrich escribía:

La concepción de un periódico es muy diferente en el Estado Nacionalsocialista. Una nueva época le da a la Prensa nuevas tareas que cumplir. La Prensa liberal se caracteriza por la idea de que la crítica u opinión del individuo en cuanto al Estado y sus instituciones públicas está justificada. El individuo, no importa si él es un periodista o un colaborador, aparece como el portavoz de la opinión pública sin ninguna justificación de sus afirmaciones más allá de su propia opinión privada. Esto corresponde a la idea fundamental del pensamiento individualista.

La idea Nacionalsocialista de comunidad, por otra parte, da a la Prensa una tarea básicamente diferente, de hecho directamente opuesta: la de publicar los principios del todo en contraposición con los del individuo. El pueblo alemán ha aprendido que la idea de trabajar juntos es su mayor tesoro.

El Partido Nacionalsocialista, como el gran movimiento de renacimiento de la nación alemana, ha aprendido de su propia historia que el pensamiento político uniforme de la nación toda es la base para todo el éxito nacional y social, y que es el conocimiento de los problemas comunes del destino lo que produce la voluntad para solucionarlos. El Partido ve un elemento de poder en este conocimiento, y considera a la Prensa como uno de los más poderosos medios de servir a ese conocimiento.

En un Estado Nacionalsocialista, la Prensa no tiene la tarea de expresar la opinión individual contra el todo, y de expresar una “opinión pública” que es realmente inexistente. Por otra parte, tiene que representar la opinión de la comunidad contra el individuo, y hacer esto comprensible a aquellos que no lo saben. El periódico por lo tanto se convierte en la voz de advertencia de la nación y en la escuela del pensamiento político, dando a cada ciudadano el conocimiento de que él es un eslabón en la cadena de la comunidad para bien o para mal.

La opinión pública en Alemania de este modo no es un barómetro fluctuante, sujeto día a día a las miles de influencias de intereses individuales incontrolables.

La opinión pública, como la vemos, es la verdadera voluntad de la gente, con la cual el Nacionalsocialismo tiene contacto directo como su fuente, mediante su estrecha vinculación con la gente. No fabricamos opinión pública sino que procuramos establecerla.

El periódico en Alemania no es el escenario de una crítica irresponsable por parte de unos pocos que actúan como guardia avanzada en beneficio de intereses anónimos y que abusan de la crítica para debilitar la autoridad del Estado. Nuestros periódicos son la conciencia pública de la nación, destinada a fomentar más bien que a dificultar el trabajo del Estado, ya que tenemos mejores métodos de mantener al Estado en contacto con la gente. Ésta es una opinión muy diferente a la de la Prensa liberal, y estamos seguros de que es una mejor.

Los argumentos usados por algunos críticos extranjeros contra los métodos de la Prensa alemana sobre esta base o una similar se demuestran así infundados. Ellos no tocan la esencia del asunto, habiendo sido tomados del diccionario liberal cuyas expresiones ya no son aplicables a nuestros tiempos y a nuestra moderna concepción de los deberes de la Prensa. La Prensa alemana también se toma la libertad de criticar, pero critica lo que daña a la gente, y no lo que la beneficia. Dentro de las limitaciones obvias impuestas por los intereses vitales de la nación, tiene en realidad más libertad que la Prensa liberal. Incluso se toma la libertad de criticar la “libertad de prensa”, que es elogiada con toda la pasión de que los demócratas son capaces como una de las posesiones más sagradas de la Humanidad.

Incluso la pluma liberal más independiente nunca se atreve a criticar la llamada libertad de prensa. Nuestros colegas en las oficinas editoriales de las “democracias libres” saben por qué. Pero no se les permite decir aquello, puesto que tan lamentable publicidad resultaría en su necesidad de buscar un cambio de profesión que no sería de ningún modo voluntario.

La historia del desarrollo de los periódicos muestra lo que realmente es la libertad de prensa. Se ha demostrado que la expresión “libertad de prensa” es una de las más ruidosas de las frases vacías que alguna vez hayan empañado el cerebro humano.

La evidencia de aquellos que reclaman libertad de Prensa en sus propias tierras es una prueba adicional de que nunca ha habido ninguna verdadera libertad de prensa en ninguna parte, y de que en los lugares donde esta libertad es particularmente alardeada está menos verdaderamente presente.

JAVIER FERNANDEZ

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