LA PSICOLOGÍA DE LAS MASAS (JORGE MOTA)

Gustave Le Bon se ocupó de este tema con amplitud y su extenso estudio al respecto sigue siendo una pieza fundamental no superada. Cualquier persona que quiera iniciarse en la oratoria, debe leer, repetidamente, la obra de Le Bon.
Aquí extractaremos sólo algunos pasajes a modo de orientación: “igualmente que para los seres entre los cuales no interviene el razonamiento, en las muchedumbres la imaginación representativa es muy poderosa, muy activa y susceptible de ser vivamente impresionada. Las imágenes evocadas en su espíritu por un personaje, un acontecimiento, un accidente, tiene case la vivacidad de las cosas reales. Las muchedumbres están algo en el caso del soñador, cuya razón, suspendida momentáneamente, deja surgir en su espíritu imágenes de una intensidad extrema, pero que se disiparán rápidamente si pudiesen ser sometidas a reflexión. “No siendo capaces las muchedumbres ni de reflexión ni de razonamiento, carecen de la noción de lo inverosímil, porque generalmente las cosas más inverosímiles son las que hieren más profundamente su espíritu. “Lo maravilloso, lo legendario de los acontecimientos es siempre lo que impresiona a las muchedumbres con mayor intensidad”.

En otro pasaje, y en cierto modo como resumen de una serie de razonamientos dice: “Hemos demostrado que las muchedumbres no razonan; que admiten o rechazan las ideas en bloque; que no soportan discusión ni contradicción, y que las sugestiones, actuando sobre ellas, invaden completamente el campo de su entendimiento y tienden enseguida a transformarse en actos. Hemos demostrado que las muchedumbres, sugestionadas convenientemente, está prontas a sacrificarse por el ideal que les fue sugerido. Hemos visto también que sólo conocen los sentimientos de violencia extremada; que en ellas la simpatía se convierte pronto de adoración, y la simpatía, apenas nacida, se convierte en odio. Estas indicaciones generales permiten ya presentir la naturaleza de sus convicciones”.

Resumiendo, Le Bon viene a afirmar que las masas como tales tienen la personalidad distinta de los individuos que las forman. Sus opiniones constituyeron en su tiempo una novedad, sin embargo hoy han sido ya estudiadas sistemáticamente todas las reacciones de las masas. Todos estos estudios, empero, partes de la obra de Le Bon y sobre ellos se apoya el “arte” de la democracia, es decir, el arte de hacer creer a los dirigidos que son directores.

Diversos autores han abundado en las opiniones del genial autor francés. Hitler, en “Mein Kampf”, comenta ampliamente el tema de las masa resaltando que el hecho de “ser una masa convence de la razón”, afirmación muy justa y tremendamente cierta. El genial doctor Robert escribiría: “Por lo mismo que las masas no discurren , tampoco soportan la contradicción. Las masas piensan poco pero las masas sienten. Las masas no razonan, sino que solamente se mueven por el sentimiento”, e incluso en una gran película, “Un hombre para la eternidad” pudimos anotar una frase muy elocuente al respecto: “las masas siguen a cualquier cosa que se mueve”.

Sin embargo como hemos apuntado, y aunque no nos extenderemos al respecto, los modernos estudios de formación de dirigentes, no olvidan esos principios fundamentales. En la obra “Formación de dirigentes” de Carlos Campoy, editada en 1971, podemos leer un espléndido resumen del libro de Le Bon, aunque no se indique así en el texto:
“A. La sociedad de masas es muy poco apta para el razonamiento, pero es muy apta para la acción.
“B. La muchedumbre, actuando masivamente, posee un alma colectiva que motiva pensamientos, sentimientos y acciones, distintas a aquellas de las que serían capaces de hacer aisladamente, los individuos que las integran.
“C. Muy pocas veces son guiadas por la razón, careciendo de poder sobre ellas las leyes de la lógica. Por eso , sus dirigentes o líderes, invocan sus sentimientos y nunca su razón” continuando en otros puntos diciendo que son susceptibles de una moralidad extrema, son intolerables y autoritarias, simples y exageradas, sugestionables y crédulas.”

Sólo encontramos un gran error en Le Bon al afirmar que a través de los periódicos es muy difícil crear un gran movimiento de opinión. Realmente hay que tener en cuenta la época en que vivió el autor, pero indudablemente hoy sabemos muy bien que es no sólo posible, sino habitual. Aspectos importantes que afectan a cada persona individualmente como el impuesto de renta, no crea ni pintadas, ni manifestaciones, ni protestas, simplemente porque no es estimulado por la prensa. La prensa crea pequeños líderes de corta duración para evitar la pérdida de su control y procura que esos líderes no tengan realmente calidad de tales en cuyo caso podrían independizarse.

En otros dos puntos hemos de mostrar una pequeña divergencia con Le Bon. Dicho autor viene a asegurar -como ya hemos dicho- que las masas tienen una personalidad propia. Realmente este aspecto es discutible, pues lo que les confiere esa “personalidad” es el anonimato y la impunidad. Muy probablemente las personas que forman esa masa, solas, pero garantizando el anonimato y la impunidad, actuarían de igual forma.
Le Bon en cierto modo hace referencia a este hecho, pero no lo pone debidamente de manifiesto y ello tiene su importancia pues habrá que pensar que cuando las personas individuales que forman las masa, sean incapaces de actuar injustamente -pese a la garantía de impunidad y anonimato- esas masas, formadas por esas personas, tampoco lo harán.

Otro punto de discrepancia con Le Bon -aunque más bien en orden teórico- es que analizando sus comentarios se llega a la conclusión de que el buen “jefe”, el buen “orador” es el que sabe adaptarse a esas características de las masas, es decir, el que sabe ser superficial, exagerado, intolerante, etc. De haber conocido Le Bon a Hitler, muy posiblemente habría dicho que era el prototipo ideal que él había defino en su libro. Muchos camaradas incluso lo pensarán también, sin embargo Hitler supo arrastrar a las masas diciéndoles algo, sus discursos no son una sucesión de slogans más o menos convincentes. Los discursos de Hitler son profundos, están llenos de ideas, de grandes ideas. Hitler en Nüremberg, en sus grandes discursos culturales, hablaba a las masas de arte, de moral, de ética. Nada más falso que pretender que las masas son y serán como son y los líderes han de ser como son y serán las masas. El papel del líder ha de pretender elevar a esas masas, educarlas y lograr cambiarlas, otro proceder sería tan absurdo como el misionero que para lograr feligreses, reparte entre los negros chocolate y abalorios. Efectivamente tendrá sin duda muchos más seguidores, pero durante mucho menos tiempo que aquél que se ha preocupado de convencerles. Ser líder de una masa que no va a ninguna parte tiene tanto interés como comprar un coche sin motor.

Lo que sí es indudablemente cierto es que en una reunión donde no existe previamente un responsable, es imposible sacar conclusiones, independientemente de que esté formada por gente eminente o por estúpidos. Este es un fenómeno que no tiene su origen en la masa, o en la gente reunida, sino en la organización, pero que no deja de ser interesante constatar.
En todo caso las masas pueden ser controladas por medio de la disciplina. Hay masas más salvajes que otras. Al término de la guerra mundial se puso de manifiesto este hecho y Francia e Italia se pusieron rápidamente en cabeza de la brutalidad de las masas, mientras que en países anglosajones o germánicos se produjo una depuración igual pero en forma más civilizada.
Creo que el motivo de este hecho habría que buscarlo en que esas naciones son, por naturaleza, más disciplinadas, más obedientes. Conciben menos ese actuar individualista típico latino. Esas masas esperarían más una orden de “vamos!” que un grito en igual sentido.

El sentido de la disciplina, de la rectitud y, fundamentalmente, la educación, puede lograr, estoy convencido, que en el futuro el espíritu de las masas no se ajuste a lo escrito por Le Bon.

[JORGE MOTA. “LA ORATORIA”]

 

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