LA SANTA HERMANDAD

Cuando los Reyes Católicos accedieron al trono, España sufría un periodo de disturbios y caos social. En Castilla, numerosos nobles se dedicaban al saqueo para solucionar sus problemas financieros, en Aragón, el bandolerismo era una constante en la vida cotidiana. Se trataba de una auténtica mafia, en la que los magnates controlaban organizaciones de delincuentes, el duque de Medina, el marqués de Cádiz, el conde de Cabra y Alonso de Aguilar, controlaban Andalucía; el maestre de Alcántara, Alonso de Monroy, devastaba la provincia de León; al alcalde de Castronuño, Pedro de Mendoza, sometía las ciudades de Valladolid, Toro, Salamanca o Zamora; y el conde de Treviño con otros partidarios vascongados, asolaron aquellas tierras hasta Fuenterrabía. El poder feudal intentaba afirmarse frente al poder real y frente a las villas y ciudades, y los delincuentes controlaban los caminos y extorsionaban a los labradores.

El asturiano Alonso de Quintanilla (Contador Mayor de Cuentas), el burgalés Juan de Ortega (primer sacristán del rey) y el provisor de Villafranca de Montes de Oca, promovieron la formación de una Santa Hermandad para proteger al pueblo y para ello entraron en contacto con las ciudades castellanas a fin de que enviasen sus representantes a Dueñas (Palencia), donde en marzo de 1476 se celebró la primera reunión que elaboró el proyecto con representantes de las ciudades más importantes de la actual Castilla y León.

Los Reyes Católicos comprendieron la necesidad de crear un cuerpo armado que velara por la seguridad de los ciudadanos y acordaron llamar a Cortes «para dar orden en aquellos robos e guerras que en el reino se facían» y, en aquellas Cortes de Madrigal, Quintanilla tomó la palabra ante los Reyes y les habló así:
“Muy excelentes señores, es notorio cuántos robos y asaltos y muertes y heridas y capturas de hombres se hacen y se cometen cada día en estos vuestros reinos, en los caminos y yermos de ellos, desde el tiempo que vuestra real señoría reina. A lo cual ha dado causa la entrada de vuestro adversario de Portugal en estos Reinos, y el favor que le han dado algunos caballeros vuestros, rebeldes y desleales y enemigos de la patria. (. . .) Y como estamos seguros de que vuestra alteza desea poner remedio en esto y castigar a los malhechores, pero las guerras en que estáis metidos no os dan lugar a ello, hemos pensado en el remedio (…). Y nos pareció el mejor y sin costa vuestra el que se hiciesen hermandades en todos vuestros reinos, y cada ciudad y villa con su tierra entre sí, y las unas con las otras, de lo cual vuestra alteza mandó hacer sus ordenanzas. Por ende suplicamos las mande dar por ley para todos vuestros reinos, para que hayan mayor fuerza e vigor”.

Los Reyes aceptaron la propuesta y, sobre la base preexistente de las Hermandades que había en algunas ciudades, el 19 de abril de 1476 aprobaron el Ordenamiento de Madrigal, elaborado por su Consejo Real por el que se regulaba la creación de la Santa Hermandad para proteger el comercio, pacificar el difícil tránsito por los caminos y perseguir el bandolerismo.

La creación de la Santa Hermandad fue una medida hábil, porque poniendo a su frente capitanes limitó la jurisdicción de los alcaldes a unos pocos casos y actuó con rigurosa disciplina no solo contra los malhechores, sino también contra los nobles indisciplinados. Esta institución fue un instrumento para garantizar el orden público y la seguridad se convirtió en política de Estado.

ESTRUCTURA POLÍTICA Y ADMINISTRATIVA. Se creó el Consejo de la Hermandad, que era una Junta permanente a la que pertenecía 1 procurador por cada una de las 8 provincias (que eran elegidos anualmente) y 4 cargos inamovibles nombrados por los reyes: Presidente (fue nombrado Lope de Ribas, obispo de Cartagena), Tesorero o contador (recayó en Alonso de Quintanilla), Provisor (Juan de Ortega), y Capitán General (el designado fue el Duque de Villahermosa, Alfonso de Aragón, hermanastro del rey Fernando el Católico).

ESTRUCTURA ECONÓMICA. Para su financiación se creó un impuesto que gravaba todas las ventas excepto la carne (financiación por sisas). El impuesto de la sisa era muy impopular porque gravaba bienes de primera necesidad y consistía en descontar en el momento de la compra una cantidad en el peso de ciertos productos, la diferencia entre el precio pagado y el de lo recibido era la “sisa”.

ORGANIZACIÓN Y FUNCIONAMIENTO. El territorio se dividía en 8 provincias (Burgos, Salamanca, Palencia, Valladolid, León, Segovia, Ávila y Zamora), siendo obligatorio pertenecer a la Hermandad, pues la Junta de Hermandad dictó que todas las villas y lugares del reino quedaban obligadas a entrar en el nuevo sistema de seguridad, bajo sanciones económicas.
Para evitar tensiones con los concejos, los reyes permitieron que se integraran en la Santa Hermandad las distintas Hermandades de hombres armados que habían existido desde el siglo XI en los reinos cristianos, fundadas por los concejos de las villas y ciudades con la intención de proteger sus campos, sus ferias y sus rutas comerciales de los ataques de los moros en tierras fronterizas o de los bandoleros.
Esas milicias municipales, tenían una organización similar a las Cofradías, pero su fin era establecer una fuerza armada para defender a los pueblos de los ataques de los nobles turbulentos y perseguir a los bandidos. Eran asociaciones de ciudades o comarcas organizadas para la protección armada del comercio, los privilegios locales o la seguridad pública, como la Hermandad de Sisla Mayor o San Martín de la Montiña, en Toledo (esta fue la primera), la Hermandad de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya, la de Talavera, Cataluña tuvo su homólogo en el “Somatén”, y Navarra en el “Orde”.

JURISDICCIÓN. Era de 5 leguas a la redonda de cada localidad con más de 30 vecinos.

ÁMBITO DE ACTUACION. Robos, crímenes, incendios, juicios sumarísimos con aplicación inmediata de la pena. Su principal función consistía en juzgar y castigar los delitos cometidos a cielo abierto, fuera de los pueblos y ciudades. La Hermandad se convirtió en un cuerpo policial y en un tribunal de justicia superior con la finalidad de perseguir delincuentes, obligando a las autoridades a entregar a los presos que reclamasen. Para ello, establecieron una reglamentación de delitos: asalto de caminos, robos de muebles o ganado en despoblado, incendios en casas, saqueos en huertas, derramamientos de sangre, etc. El Ordenamiento se esforzaba en preservar la objetividad de la justicia y las garantías para el acusado.

ORGANIZACIÓN DE LA TROPA. Las ciudades aportarían 1 jinete por cada 100 vecinos y 1 soldado por cada 150, agrupados en cuadrillas. Asturias, las merindades del norte del Ebro y de Aguilar de Campóo aportaban sólo soldados de infantería. En total se formó un cuerpo de unos 2.000 hombres armados que podían actuar en todo el territorio de la Corona. La unidad del cuerpo y la concentración del mando convirtieron a la Santa Hermandad en un auxiliar poderoso de la monarquía, porque los 2.000 hombres de guerra que los concejos pagaban, «estaban prestos para lo que el Rey o la Reina les mandasen».

TRAJE. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro batido, pero ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.
Más tarde, para que los soldados de la Santa Hermandad fueran más fácilmente reconocidos, llevaban bajo un chaleco de piel una camisa de la que se veían las mangas de color verde (siglos más tarde, el verde sería recuperado para el uniforme de la Guardia Civil).

Fue un cuerpo muy eficaz. La paz interior, la seguridad en los caminos y la tranquilidad social se consiguieron rápidamente. Los castigos fueron muy duros y la nobleza perdió gran parte de su inmenso poder terminando por doblegarse a la autoridad central ostentada por los reyes. La unidad del cuerpo y la concentración del mando convirtieron a la Santa Hermandad en un poderoso auxiliar de la monarquía.

Este cuerpo también participó en la toma de Granada, en las expediciones a Nápoles y las Canarias, y efectuó los primeros censos y padrones modernos de España gracias a la información recogida de los municipios a principios del siglo XVI.

En 1476 el reino de Castilla se convirtió en el primero de Europa en tener una organización pública para perseguir a los criminales, la Santa Hermandad fue el primer cuerpo policial realmente organizado de Europa y podría ser considerada como antecedente de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

La Santa Hermandad, creada por los Reyes Católicos para garantizar la seguridad y mantener el orden público en todos los territorios de la Corona, fue la primera unidad militar permanente que existió en España y el primer cuerpo nacional de policía de Occidente.

Los Reyes Católicos sentaron las bases del primer Estado moderno de Europa, pues al lograr la paz en los reinos, la seguridad en los caminos y la tranquilidad en las calles, establecieron como una prioridad el logro del orden público y la paz social. Para eso, prohibieron las luchas entre clanes feudales, desterraron a los señores feudales más crueles y quitaron los castillos a aquellos que no acataban las leyes.

Pero se necesitaba renovar la Hermandad, entregar más autoridad, mejorar su organización, su unidad interna y su capacidad para actuar en todo el territorio del reino, por lo que aunque esta policía rural fue muy eficaz en sus primeras épocas, infligiendo castigos muy severos y favoreciendo la autoridad central de la realeza al hacer que la nobleza perdiera gran parte de su inmenso poder e influencia, posteriormente perdió eficacia debido a que era escasa para Ejército permanente y sin embargo excesiva para cuerpo de seguridad; suponía una considerable carga para los pueblos que debían pagarla, además los mangas verdes muchas veces no llegaban a tiempo y los propios aldeanos se las componían para dar solución a sus problemas, de modo que cuando aparecían su labor era innecesaria (por esta razón, se supone, el pueblo acuñó la expresión «¡A buenas horas, mangas verdes!» como símbolo de tardanza).

La Santa Hermandad fue entrando en declive poco a poco, hasta que en 1834 fue votada una Ley en las Cortes por la que se ordenaba su desaparición total. Diez años más tarde, se crearía la Guardia Civil como sustituto.

ROSA M. CASTRO

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