LA SOMBRA ATERRADORA DEL ESTE. FERDINAND OSSENDOWSKI

Nosotros los polacos estamos históricamente unidos a Siberia y Asia. Ya en el remoto siglo XIII defendimos las fronteras de la civilización occidental de la asoladora Horda Amarilla capitaneada por Gengis Jan, y muchos de
nuestros compatriotas, apresados en las batallas que con ella sostuvieron, fueron llevados a las playas del Pacífico y a las cumbres del Kuen-lun.
Más tarde, después del reparto de Polonia, los zares rusos desterraron a Siberia multitud de polacos, sentenciándolos al sufrimiento y a la muerte.
Media Asia conoció a nuestros mártires, quienes, arrastrando sus cadenas, trabajaron a lo largo del interminable camino a Siberia, desde los Urales al río Lena, en busca de un fin tan fatal como inevitable, y todo porque, cual seres libres, no quisieron inclinarse ante el conquistador nórtico y pelearon por su patria con valor y fidelidad. Durante los últimos cincuenta años del régimen zarista, el gobierno ruso, en su deseo de tener a los súbditos polacos lo más lejos posible de su tierra, envió deliberadamente a Siberia a los funcionarios, doctores, estudiantes y militares naturales de Polonia.
En la inauguración del Casino Siberiano, de Petrogrado, recuerdo que uno de los invitados, un polaco, dijo con evidente acierto: «Los polacos tenemos dos patrias: una, Polonia; otra, Siberia». Mi propia vida ha estado
íntimamente relacionada con Siberia. He vivido en este país muy cerca de diez años estudiando sus riquezas naturales, tales como carbón, sal, oro y petróleo, o haciendo expediciones científicas para descubrir yacimientos
minerales o fuentes termales, algunas de ellas positivamente salutíferas y eficaces.
Es significativo y característico que, recorriendo toda Siberia, de los Urales al Pacífico y de la frontera Índica a las regiones Árticas, haya encontrado confrecuencia a otros exploradores polacos como los profesores Estanislao Zadeski, Leonardo Jaczewski, Carlos Bohdanowicz, J. Raczowski, los ingenieros Batzevitch, Rozycki y otros. Estos inesperados encuentros, a veces en las desiertas orillas del lago Kolundo, en las praderas del Altai o en las costas rocosas del mar de Ojotsk, parecen extraños, pero la suerte ha dispuesto que los rastros de los polacos se crucen en todos los parajes del globo.
Hace muy poco que poseemos de nuevo nuestra amada patria, a la que todos tendemos para aportarla las riquezas materiales y espirituales que hemos ganado.
De mis variadísimas aventuras y arriesgadas andanzas, que abarcan un período de muchos años, he escogido un número considerable de impresiones y recuerdos, a mi juicio curiosos e interesantes, para formar esta narración. Las descripciones puramente científicas de mis viajes han aparecido en distintas ocasiones en revistas científicas y en libros separados,pero todas se han publicado en ruso, puesto que realicé mis expediciones por órdenes del gobierno de esta nación o patrocinado por instituciones.

F. Ossendowski.

https://es.scribd.com/doc/185411752/138900853-Ossendowski-Ferdinand-El-Hombre-y-El-Misterio-en-Asia-Rtf

 

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