LA SUGERENCIA DEL CHEF

No crean que todas las noticias que llegan de la guerra son malas: ayer sin ir más lejos un pepino perdido hizo tabaco la cocina del chef José Andrés. Igual el tiro no andaba tan errado…
Vaya usted a saber.
Además, ¿quiénes somos nosotros para opinar si en cuestión de comida nos lo dan todo mascado?.

¡Qué tiempos aquéllos!: “¿Te has lavado las manos?, pues siéntate”.
Y la mesa se paraba con la familia al pleno y no menos de media docena de herramientas por barba, a saber: vaso, plato, servilleta, cuchillo, cuchara y tenedor.
La madre dejaba en el centro una fuente que emanaba gloria y servía los platos empezando por el padre, ella era la última en sentarse.
Comíamos de lo que había: lentejas con chorizo, fabada con tocino, paella de pato y conejo, cocido madrileño con huesos de jamón y garbanzos, arroz de pollo caldoso, orza de matanza, patatas a lo pobre con huevos esclafaos, chuleta de palo con ajitos y pimientos rojos, estofado de ternera y berzas, lomos de merluza en salsa verde, gazpachos en estío y ensaladas de tomate y cebolla dulce con huevo duro y besugo…
Agua en botella o botijo y vino negro de la tierra al gañote del porrón, pan sobao pasado de mano en mano a pellizcos, aceite y sal. Con fruta de temporada, ora bresquilla, ora sandía.
En fin amigos, lo que se viene llamando un heteropatriarcado de mierda.

Menos mal que han reorganizado las familias y nos han enseñado a comer, porque ¿qué sería si no del planeta?.
Ahora cada cual se sienta cuando le sale de la polla: los “nenes” delante de la pantalla y lo hacen directamente del embalaje que trajo la pizza, doblando ésta con dos dedos y los churritones a la camiseta de Carhartt.
Papá el menú de “Casa el Maño” regentado por Mao tse Tung, y mamá… mamá está siempre a dieta y se nutre solo de pistachos y agua Font Vella.
Es… la vida sana, amigos.

Pero hay que reconocer que no toda la culpa del despropósito es del consumidor: lo cierto es que comemos propaganda.
Recientemente y coincidiendo con la Semana Santa, el Burger King lanzó una campaña “blasfema” cuyo objetivo era que se hablara de ella, conseguido el propósito la retiró.
Porque lo importante ya se había servido: reeducar nuestros hábitos, que es como decir nuestra cultura.

Seis millones de pizzas no pueden equivocarse.

LARREA  ABR/2022

 

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