LA TÉCNICA FRENTE A LA ÉTICA

En ocasiones lo cotidiano nos impide percibir ciertas cosas. Así es, cogemos el coche y al parar en una área de servicio no prestamos mucha atención de que no hace tanto tiempo un empleado nos preguntaba qué combustible queríamos y le abonábamos el importe a él. Hoy vamos nosotros a una caja, pagamos y nos ponemos el combustible. Seguimos nuestro trayecto y cuando llegamos a un peaje de la autopista, no caemos en la cuenta de que no hace tantos años abonábamos el muy abusivo importe del trayecto a un empelado que nos atendía desde una cabina, ahora nos hacemos un lío con el tique, las monedas y el cambio ante la falta de esa cabina atendida.

Nos disponemos a visitar una sucursal de banco donde nos ingresan -obligatoriamente- nuestra nómina -los que tienen la suerte de tenerla- y comprobamos que la cola es cada vez mayor, que es mucho más larga que en otras ocasiones; en efecto, ya sólo hay un empleado que atiende al público en la ventanilla de caja, además, hay algunas gestiones que no hace, y amablemente nos señala los cajeros automáticos. Toca ir al supermercado y sin darle mucha atención vemos cómo han instalado unas cajas donde nosotros mismos pasamos el código de barras, nos indica el precio del producto, pagamos, llenamos la bolsa y sin ver ni por asomo la sonrisa de la cajera/o nos vamos con la compra efectuada.

Os preguntaréis ¿qué nos está contando éste? Que si la gasolina, el peaje, el cajero, el super… muy fácil, todo lo que os cuento tiene algo en común: la eliminación de puestos de trabajo. La máquina sustituye cada vez más al individuo, y lo hace en todos los campos. ¿Se podrá compaginar el avance de la técnica con el trabajo? ¿Se podrá dar empleo a todas las personas con edad de trabajar en un futuro no tan lejano?

Afirmaba Ernst Niekisch que “lo que para la técnica es un triunfo, para la naturaleza es saqueo y violencia. La técnica acaba por destruir la vida. La máquina suplanta al organismo. […] Devora a los hombres y todo aquello que es humano.”

Nuestra cotidianidad no percibe como debiera la vertiginosa transformación de los avances técnicos, la acelerada y desbocada era de la “modernidad y el progreso”. Esos encuentros cotidianos con la técnica en los que muchos no perciben su importancia, nos lleva a la vorágine de convertirnos a nosotros en parte de la máquina y no a la máquina en parte de nosotros.
Equilibrar técnica con ética se ha convertido en una necesidad vital si queremos sobrevivir a la época de la robótica, de la búsqueda de beneficios sin moral y del consumismo más extremo.

Y es que, lo que para muchos es “progreso”, para nosotros es, llana y simplemente, decadencia.

JUAN ANTONIO LLOPART

 

LLO1

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