LA TERCERA Y ÚLTIMA TORRE

Dos décadas después, USA rendía homenaje hace escasas jornadas a las miles de personas fallecidas en el WTC de NYC (sin olvidar demás lugares que fueron diana o que casi llegaron a serlo).
Nada que reprocharle al pueblo americano: sepamos o no algún día la que parece ser incómoda verdad sobre aquel 11S, fue una masacre sin discusión.
El verdadero golpe, empero, llegará cuando, el llamémosle rascacielos, que se les desplome encima sea (empleándola, ojo, como SIMBÓLICA ANALOGÍA siempre), LA TERCERA Y ÚLTIMA TORRE. Fin de su Hegemonía Global.

Ese supremacismo (deudor del pésimo legado colonial de ese cacho de isla) ha sido una desgracia para una Europa que decenios lleva deambulando sin brujúla. Y la expansión del American Dream se ha hecho igual de insufrible en lares aún más lejanos.
Excesiva soberbia: ningún imperio es para siempre. La gracia (sin pizca de ella) es que ni siquiera puede hablarse de un algo Yankee con vocación imperial, mucho menos de Imperivm, pues la descendencia de aquellas sobras poblacionales de la anglosajonía que llegaron al Nuevo Mundo no ha sido sino un proceso anómalo: una desviación que empezó cuando decidieron dejar de lado ese aislacionismo del que a su manera hacían gala, para luego irse convenciéndose a sí mismos de poder arrogarse el papel de salvadores de la civilización (así sucedió en la que llaman WWII…), del gendarme del Mundo (en Asia, en África…), de paradigma moral (digamos moralina), de defensor de no se sabe qué democracia (conspirar para imponer gobiernos peleles o derrocar ídems desfavorables por la fuerza en el cono suramericano).

La cruda realidad (de sobras conocida) es que su cronología es un bucle de inhumanos crímenes, promesas incumplidas, usando a sus aliados cual felpudos, las innumerables guerras desencadenadas, saciar las ansias de los Lobbies, la innecesaria perversidad de Nagasaki e Hiroshima, usurpar (a lo avaricioso corsario inglés) los recursos de los países vencidos, corrupción, vigilancia masiva a la población civil, ausencia de rubor alguno en sus procederes, malos cuando ganan (crepúsculo berlinés), peores cuando pierden (a la lección guerrillera que les dió Hồ Chí Minh por ejemplo, respondieron sembrando el suelo del humilde campesino de Napalm, con el veneno naranja…).

Podrán, si ahora así les place o cuando les convenga, acusar de su declive al juego sucio del úrsido eslavosiberiano, del amarillo dragón rojo e incluso, qué sorpresa, a la amenaza nuclear de los persas Šhi’a, que el Alpha de su Omega empezó hace cacho.
Y es imparable, aún cuando no seamos siquiera capaces de imaginar el poder bélico que poseen. Un belicoso poderío que les servirá de poco en la medida en que su dolencia sería incurable: la Unipolaridad es un enfermo oncológico que, comprensible, sacará fuerzas imposibles para aferrarse a la vida aunque la defunción física llegará. Tarde meses, anuales, algunas décadas…

Fuck Joe Biden se colgaba la medalla cuando explicaba haber hecho fracasar un nueva sangría del Dáesh Jorasân. Lo único que consiguió el de la escoria Dem’ fue asesinar a una familia (críos incluidos) que, para colmo, el padre había colaborado con la ocupación que inició el Neocon de Bush Junior (alguien que no puede considerarse escoria Rep’ al uso).
De lo que no se habla es que el Obamismo, luego quien fue su vicepresi (ahora inquilino de la Casa Blanca), en un Guiness Record han lanzado desde los cielos Drones, los chungos mísiles Hell Fire, demás cacharrería explosiva en 85 países.
El bagaje podemos evaluarlo por los nulos cambios: la disposición de cada uno de los que le luchan en los War Games a USA es el mismo.
Tal parece que los adversarios no son esos palurdos que venden los Mob Media. Ha sido el Yankee quien ha espabilado a su émulo.

Volviendo al símil del bípedo cancerígeno. Tienen en verdad al enemigo horadando sus mismísimas vísceras: quienes desgobiernan las elevadas esferas federadales, esos ricachones chalados de la olla que se creen deidades posmodernas, sin olvidar al Golem al que han cuidado como a un hijo desde hace demasiado con millones, millones, millones, millones, millones, millones de dólares.
Mirando el Mapa Mundi, acercándole la lupa, los avisperos de los que han salido con la pilila llena de vergonzosas picaduras fueron ganancia regional para el nene mimado. Así pues, los blancos de Texas como los negros de Georgia, palmándola disfrazados de soldadicos (al igual que en Kabūl, carne picada de Marine Corps) para cualquier cosa menos el liquidar peligros que se cernían sobre sus familias, sus paisanos, su condenada Freedom…

Con la cobarde huida (esa impaciencia en el Timing para largarse) de suelo afgano, incluso los voceros de la hispanofóbica zurda se afana en excusar la chapuza con su erre que erre que es un simple cambio de ciclo (además de escupir en el césped que el culpable sería Trump, quién si no, por su nefario acuerdo previo con los Ṭālibān…). Menos palabrería balómpedica.
Las guerras convencionales descuadran en el siglo XXI (eso no implica que se sigan produciendo): en el milenio en el que malvivimos son choques de economías, de valores, de modelos de sociedad (de las que se repliegan alrededor de su soberanía a las suicidas que les parece chachi que degeneren en zoológicos).
Para quienes siguen el día a día de lo que sucede en esa orilla del océano, conocedores serán de las sospechosas rarezas (que no cuadran con esa idiosincrasia) que se les vienen apilando en demasía. Algo que supera las previsibles rencillas de Yankees versus ese Sur que una vez fue confederado, New York versus Los Ángeles, zona rural versus ídem agrícola…

Sin saber ni por asomo, como se ha indicado, cuándo se les desplomará encima el rascacielos, lo que alguien con dos dedos de sesera debiera llevar a cabo sería el ir reculando, esbozar sonrisas, con mucha diplomacia, previo a que nos pudiese salpicar de ruina la calamidad que será sí o sí.
Sin embargo, qué demonios puede esperarse de un especímen que persigue a viejos (que olisquean menores de edad…) por los pasillos del lupanar de, si servidor mal no recuerda, la OTAN…

HERR NEIN

 

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