A LAMENTARSE A LA CIBELES

El reconocido violador Francisco Javier Almeida López de Castro ha vuelto a ser detenido en estos días por la muerte de un niño de nueve años en Lardero (La Rioja), encontrado después de que varios testigos afirmaran que habían visto cómo un hombre se lo llevaba mediante engaños.

Hablamos del protagonista del “Crimen de la Inmobiliaria” en 1998, cuando el susodicho violó y asesinó a puñaladas a una agente que le estaba enseñando un piso, por el que fue condenado a 30 años de prisión. Ya un lustro antes había sido sentenciado a una pena de siete años por agresión sexual.

En las imágenes de TV, se veía a unas doscientas personas de la localidad concentradas con ánimo de linchar al agresor.

Sí, ha vuelto a ocurrir. La pregunta es ¿por qué se libera -incluso antes de tiempo- a ciertos reos del todo irrecuperables para la sociedad?

Están, desde luego, los políticos que nosotros mismos votamos (no lo olvidemos) y luego en el Parlamento aprueban leyes suavizando las penas por puro buenismo “bienqueda”. Pero, ¿y quiénes, trabajando en los Servicios Sociales, viven de esta milonga de la reinserción?

En última instancia, lo mejor sería dejarse de hipocresías, pues cuando se acepta el Sistema, se acepta todo él: véase si no lo que dice la propia Constitución: “las penas irán orientadas a la reinserción social y bla, bla, bla”. 

Por lo tanto, a lamentarse a la Cibeles, que es de piedra…

CACHÚS 

 

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