EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO HASTA DRESDE (por Juan A. López Larrea)

Los historiadores de la victoria aliada, es decir: los ÚNICOS habilitados para narrar el conflicto, ante los hechos consumados en Dresde suelen trabajar con magnífica habilidad un manoseado catálogo de disculpas que van desde el archiconocido “no fue pa tanto” con el que se reduce la cifra de muertos y desaparecidos a un tercio de la realidad, hasta el menos socorrido pero igual de inmoral de “los alemanes habían descuidado sus defensas porque no esperaban que la osadía de la RAF llegara hasta Sajonia, a tanta distancia de sus bases”. Es decir: que la culpa de que la aviación anglo-yankee deje para la historia un pequeño poso de criminales es de los alemanes, o bien por zotes o bien por exageraos.

No voy a entrar en la masacre de Dresde a pesar de tratarse de un nuevo aniversario porque ya Bau, Adinolfi y otros amigos lo han hecho en El Cadenazo de manera brillante desafiando con dignidad y gallardía la historia oficial, pero sí quiero recrearme un poquitín, someramente, en el “long and winding road” recorrido por los asesinos aliados hasta las fatídicas fechas del 13 al 15 de febrero del 45.

Un pequeño apunte para los de la Logse: Francia ha pasado a la historia por ser “país aliado”. Este asunto es más que dudoso incluso a pesar de De Gaulle, tanto que hasta Churchill no tuvo escrúpulo alguno en pasar a los franceses por las armas.

20 de abril de 1944, los parisinos despiertan a media vigilia atónitos con el rugido de cientos de aviones sobre sus cabezas. 22 cazabombarderos Mosquito y 247 bombarderos Lancaster lanzan sobre la capital francesa 2.000 (¡dos mil!) bombas.

El objetivo -dijeron- era la Gare de La Chapelle donde los alemanes acantonaban sus fuerzas, aunque la realidad fue que, además del objetivo, los pepinos cayeron sobre el Barrio de La Plaine-Saint Denis, en el Barrio de Porte de la Chapelle y los alrededores de la Basílica del Sagrado Corazón.

Daños colaterales, oigan.

La cifra de muertos se estimó entonces en 1.047 gabachos.

Dos mejor que una: un mes escaso después los chicos de la RAF repiten y una nueva formación de aviones Lancaster lleva a cabo otro raid. En esta ocasión los cuatrimotores bombardean Sartrouville, matando a otras 400 personas.

Aunque la verdad: llovía sobre mojado. La Bretaña y la Normandía al principio, y el resto de Francia después ya había sido profusamente bombardeada por los angloamericanos. Por citar un ejemplo: Saint Nazaire fue prácticamente borrada del mapa en 1943.

Al final de la guerra los franceses contaban sus bajas civiles por “el fuego amigo” en 75.000 muertos, en torno a 73.000 heridos y además 85.000 edificios destruidos.

Créanme: los nazis no les causaron tantas bajas para “someterlos”.

Con amigos como Churchill y Eisenhower, ¿quién necesita enemigos?.

Con estos datos apenas sin importancia, que no venga ningún eunuco amantado a explicarnos “el accidente” de Dresde.

Algún día la historia juzgará a Roosevelt y a Churchill por lo que fueron: criminales de guerra.

Hasta entonces, modestamente, lo seguiremos contando.

LARREA   FEB/2020

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