LAS 50 SOMBRAS DE SÁNCHEZ

Es Rosa Díez una mujer que a ratos me cae bien, aunque tampoco tantos.
Vasca y valiente, asunto que en los años del tiro en la nuca quedaba lejos de ser redundante, sumado a la en su día pertinaz insistencia por ser la primera mujer líder del socialismo español y la consecuente entrega del carnet cuando se refrendó el suicidio del PSOE con la elección de un tal Zapatero, forzaron en mí cierta admiración por la vizcaína. Nunca por afinidad sino más bien por la sorpresa de toparme con un político socialista coherente, algo que no se daba desde Besteiro.
Una pena que la honradez esté tan mal vista por el censo.

Lo cierto es que ayer el cadáver exquisito de la Díez añadió más leña al fuego con un ingenioso tuit: “La guerra de las galaxias” donde desgranó con acidez las últimas trapisondas del binomio Sánchez-Redondo.
No tardaron las mesnadas socialistas, que son esa masa gibosa de súbditos que aplauden como focas cualquier ventosidad librada por el augusto culo del Presidente, en ensañarse con la antigua compañera tomando como base científica la legalidad de las decisiones del Ejecutivo y aquella capacidad innata del líder para visionar el futuro.
Y es precisamente la legitimación el argumento que con despreocupada frescura intenta imponer el Gobierno a través de sus lacayos habituales: los Medios de Comunicación.

No poniendo en duda -Dios nos libre- que el Ejecutivo fuere elegido democráticamente aunque por una mayoría disforme, la verdad es que sus medidas quedan muy lejos tanto de sus atribuciones como de los discursos mantenidos cuando Pedro era tan solo un candidato con escasas posibilidades de ser investido.

Sánchez, autor de un libro que no escribió y propietario de un Máster que nadie vio, se presentaba a la sesión de investidura vestido de funambulista y caminó por el alambre sin resbalar, para sorpresa de nadie porque hasta el más tonto (que es Casado) sabía que su desmesurada ambición tenía un precio.
Los plazos han ido venciendo y en el ecuador de la legislatura los avalistas exigen la liquidación de las rentas.
¿Puede el Gobierno hacer aquello que le salga de los cojones?.
Pues miren: no.
Objetivamente, en el colmo de la desfachatez podría plantearlo (como está haciendo) e incluso tener la audacia de llevarlo a un Consejo de Ministros ¡y hasta aprobarlo!, pero esto vulneraría no-sé-cuantas-leyes y además incluso así faltaría la sanción del Rey… asuntillo que de tropezar podría costarle la corona al sexto de los Felipes, que aunque nadie sepa a qué se dedica, existir existe.

Dejando en la banda las cuestiones legales (ausencia de arrepentimiento, voluntad manifiesta de reincidir, el quebranto de punidad en la sentencia, la injerencia en el Poder Judicial incluso a pesar de los informes de Tribunal y Fiscalía…), hay un asunto que a la izquierda atemoriza y no sabe cómo enfrentar: la legitimidad moral, ergo: la sangría de votos que va a costarle.
Y es que al dúo dinámico (Sánchez-Redondo) la Ley les importa un carajo, pero las encuestas son otro cantar.
¡Ay!, la voluntad popular… ¡menudos cabrones son éstos!, igual los extremeños o los aragoneses, o los valencianos o ¿quién sabe? hasta a los catalanes les da por votar a VOX si sospecharan que el Gobierno ha traficado con la unidad y la armonía de sus tierras.

Y es aquí cuando Redondo exhibe sus dotes de trilero.
¿La NASA española?, ¿en serio Jorge?…
Un país donde la Página del SEPE queda inactivada por más de un mes por un “ciber-ataque”, donde el tren de Extremadura apenas llega a Talavera, donde la Ministro de Industria conoce a Serrat aunque no a Machado. Un país donde la duplicidad de ministerios (Trabajo y Seguridad Social ¡por separado!) reduce el diálogo con los Agentes Sociales a una subasta de baratillos, un país cuyos jóvenes con licenciatura están lavando vasos en el Soho londinense mientras aquí financiamos generosamente la hipotética integración de menas, menes y memos, un país cuyas fronteras son el hazmerreír del mundo civilizado y del otro… y ¡vamos a ir a Marte!.

Sánchez no tiene un plan para mañana, sin embargo ya ha presentado con fondo de violines y música de viento el Mundo Feliz de Huxley para el 2050, donde ¿saben qué?: viviremos sí o sí en nuestra aldea y comeremos insectos con aliño de algún complemento nutricional a base de algas y estiércol vegetal que mejorara ¡y cuánto! nuestra silueta y alargará la vida laboral hasta mucho más allá de nuestra capacidad cognitiva y de nuestras erecciones, porque oigan: follar está sobrevalorado.

Miren, a día de hoy, nuestro pobrecito país mantiene la mayor esperanza de vida del planeta, y ello a pesar de la sangre con cebolla, los lomos de orza, los callos a la madrileña y el chuletón gallego.

A ver si lo que va a sobrar aquí son iluminados tales como el dúo sacapuntas Pedrito e Iván con sus 50 sombras de mierda.

LARREA  MAYO/2021

 

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