LAS CHICAS DEL CENTRO COMERCIAL

Alicia se levanta todos los dias a las 8 de la mañana. Después de prepararse coge su bicicleta y pedalea 3 kilómetros para llegar al centro comercial de la zona. Trabaja en una tienda de esas que llaman de moda, con famoso propietario y con las fábricas de manufacturas en un país del tercer mundo. Al llegar, entra deprisa en los aseos públicos, debe cuidar su imagen con ropa negra inmaculada, maquillaje indicado por la central y el pelo recogido. Comienza su jornada hecha un figurín y con una sonrisa de oreja a oreja. Diez horas de “hola buenos días ¿en qué puedo ayudarles?”.

La tienda está abierta al publico 13 horas todos los días del año y siempre todo debe estar perfecto. Para que no se pueda escapar ni un solo detalle, los del departamento de ventas han instalada a la puerta de cada tienda un contador de personas. Así desde la central saben exactamente cuántas personas entran en la tienda. Esto no está colocado por caprichos matemáticos, sino para calcular el ratio de ventas. De cada 10 personas que entran, debe venderse al menos un producto fabricado por esclavos del tercer mundo a tres caprichosos occidentales. Si la venta es cruzada, diferentes productos, mejor. Aun no han pasado tres horas de su primer turno cuando la Central llama a la tienda:

“Hola buenos días ¿en qué puedo ayudarle?“.

“Oye niña ¿qué pasa hoy en la tienda?. Han entrado ya 52 personas y solo hay seis ventas…..”

Pues verá, contesta la solícita empleada, es que la gente se pasea por la tienda y un niño pequeño no hace más que entrar y salir.

La contestación de la Central es amenazante y breve: “Tú lo que tienes que hacer es vender, ya sabes que tu puesto de trabajo depende de ello”.

Continúa la jornada. Es partida, pero a Alicia no le compensa volver a casa, se sienta con un bocadillo y pide un refresco. A las 2 horas vuelve a su puesto de trabajo. La hora restante se la reparte de 10 minutos en 10 minutos.
Las empleadas de los centros comerciales, además de solícitas, deben ser guapas, simpáticas, agradables y detallistas con los clientes -algo así como “pero qué bien le queda ese vestido, señora” aunque la señora parezca un florero-. Una venta es una venta y de ello puede depender su puesto de trabajo hoy. Mañana ya veremos.

En cuatro años Alicia, y tantas como ella, han pasado ya por varias tiendas. Contratos basura vendiendo basura, en la mayoría de los casos a gente basura.
Su mejor contrato fue de 9 meses a 25 horas -aunque trabajaba 45- pero un cólico y la consiguiente baja lo truncó. Sigue con los de 3 meses y luego ya veremos. Las horas extras a 2 euros y cobradas con meses de retraso. Normalmente las de Navidad las cobra en Semana Santa. Pero es afortunada: tiene un trabajo basura.
A las 23 horas Alicia cierra la tienda despues de recoger, limpiar, hacer caja y calcular todos los ratios, porcentajes y demás exigencias de la Central. Su última misión consiste en llamar a la omnipresente Central; a esas horas siempre contesta un sudamericano condescendiente que comenta las ventas del día y planea agresivas y amenazantes estrategias para mañana.

Llega a casa con escasas fuerzas para cenar y acostarse en su habitación de un piso que comparte con otras dos chicas que también trabajan en el centro comercial. Sigue deseando con todas sus fuerzas que la próxima semana le renueven. La cosa no está clara. El contador de personas trabaja en su contra.

A pesar de todo, ella, ellas, se ponen guapas todas las mañanas y acuden a su puesto de trabajo. No lo hacen por 749 euros al mes, que también, ni por la tienda en la que trabajan, que también. Lo hacen porque quieren sobrevivir, soñar con tener una vida en la que sepas qué pasará mañana y, con suerte, pasados los treinta y pico, crear una familia con ese chico de la tienda de telefonía de enfrente o con su novio de toda la vida.

Si todo sigue bien y el contador de personas y la Central son bondadosos, la semana que viene firma otros tres meses, coincidiría con su cumpleaños y no habría mayor regalo. Estas son las chicas del centro comercial sobreviviendo en los templos del mundo moderno.

A. Martin

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    3 thoughts on “LAS CHICAS DEL CENTRO COMERCIAL

    1. Espero que mañana hagáis un artículo en el que expliquéis cómo funcionan los impuestos en España, y que la gente entienda uno de los tantos motivos por los que muchos empresarios no pueden pagar más de 700€ al mes. Que a decir verdad, esta mujer (como ellas) están ganando más de 1.300€/mes, pero el estado nos chupa casi la motad en impuestos. Espero que hagáis otro artículo, más serio, sobre los autónomos que facturamos 1.500€ al mes, y no nos llevamos a casa ni 600€, porque tenemos que mantener un sistema que no hace más que poner impuestos a todo tipo de negocios, y a todo tipo de servicios. A veces, este tipo de textos, además de simplistas son perjudiciales con los empresarios honrados, que aunque no lo parezca, los hay.

    2. Me ha tocado trabajar en similares situaciones (grupos de alimentación y hostelería), donde es parecido el asunto.
      40 horas teóricas que se convierten en 55 a la semana, con el sempiterno ‘… si no te gusta chaval, hay cientos esperando…’ eso hace mas de 10 años.
      No son autónomos españoles precisamente, sino corporaciones mas bién, transnacionales muchas veces, quienes viven de la usura, exclavitud y desdén gubernamental.
      En nuestra mano está el poder cambiar. O debería estarlo, no?
      Saludos de un Oficial de segunda, currela de 55 horas a precio de 40… y en mi caso el jefe si es ‘español’.
      Y si no me gusta, manta y carretera…

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