LAS CHICAS DE LA CRUZ ROJA (VÍDEO)

Reconozco que a menudo me gusta tocar los cojones al personal que milita en el buenismo más nauseabundo. Normalmente la gente que va por la calle intenta evitar el encontronazo con esos penitentes que libreta en mano y chaleco corporativo ad hoc te abordan con la mejor de sus sonrisas profiden  -a algunos solo les falta ponerse a hacer piruetas- y te dan el coñazo para que colabores con tal o cuál ONG.
También reconozco que en mi caso no suelen acercarse, debe ser porque se huelen a distancia estos caniches que uno no tiene pinta de ser precisamente muy colaborador con estas mandangas, pero alguna vez sí entran al quite. Mis preferidos son los de ACNUR y los de la Cruz Roja.

– Buenos días, caballero. Perdone, ¿tiene un minuto…?

Lo primero es anticiparse a la jugada, es decir, identificar a la pieza, cosa fácil viendo el logo del chaleco de marras o el cartapacio con el que te apuntan. Y se quedan cortados de cojones:

– ¡Mierda para los refugiados…!

– ¡Nada para la Cruz Roja!

A continuación se van a dar la vara a otro pacífico viandante, pero estoy seguro que durante unos instantes sus cerebros blandi blub aún están intentando reciclar la andanada corta y lacónica del repeinado aquél: ¿Por qué tanto odio? ay, ay, ay, este señor debe tener sin duda graves problemas vitales… en fin, vamos a ir a por este otro tolay.

Entretanto, uno se aleja de estos patanes y continúa su camino con la satisfacción del deber cumplido.

¿Y a qué viene toda esta historieta? se preguntarán. Pues que cuando vean por la calle a alguno de estos saltimbanquis y en especial a los de la Cruz Roja, omnipresentes en cualquier ciudad y en todo momento, recuerden que esta Ong se dedica, entre otras cosas, a dar cobijo a toda la marea de inmigrantes que llegan a España, que mientras usted esté mirando con qué seis familiares va a compartir la cena de Navidad, mientras usted no puede echar un cigarro en la calle ni tomarse una cerveza con los amigos, estos tipos –más bien estas tipas- bailan y brincan desaforadas abrazadas a los invasores recién llegados y mejor acogidos. ¿No me creen?. Vean, vean el vídeo aquí abajo.

Los demás pringados, ya saben, que no se nos ocurra olvidar en casa la mascarilla.

LUIS M.

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