LAS DEMONIOCRACIAS MATAN

Con estadísticas en la mano, poco o nada cabe discutir acerca de que las modernas demoniocracias son asesinas. Una auténtica fábrica de muerte.

La gente común tiene el estereotipo de que el asesino siempre porta un arma, (preferentemente de fuego, para estigmatizarlas más y que estemos inermes ante el enemigo), pero con las demoniocracias no es así. En un régimen de esta calaña, siempre hay un sicario dispuesto a mandarte al otro barrio bajo el socorrido y falaz argumento del “bien común”.

¿Cree que exagero? Asómese a la demoniocrática legislación que avala ese crimen in utero llamado “aborto”. O a la recientemente estrenada que hace lo mismo con la eutanasia, disfrazada de “derecho a una muerte digna”, aunque todos sabemos que ya se venía ejerciendo, impunemente (el corporativismo mafioso pesa) por el colectivo satanitario desde hace bastante.

Y hay otras formas de eliminarle. Reducirle a la muerte social, o algo más tajante,  como ocurre con cierta ley de violencia de género que lleva a tantos (demasiados hombres) al suicidio por culpa de denuncias falsas y de abogados (y cónyuges) sin escrúpulos. O a la voracidad usuraria, que tanto agrada a nuestros enemigos los innombrables, que deja en la calle a familias por perder su medio de vida y ser incapaces de enfrentarse a sus hipotecas.

Sí, las demoniocracias tienen multitud de formas para liquidarle sin levantar más sospechas de las precisas. Todo ello sin contar con el inefable concurso de una plandemia que le dejará, solo, aislado de los suyos e indefenso si tiene la desgracia de ser ingresado en un hospital (público).

Y no olvide el machaqueo impenitente e inasequible al desaliento de los medios de manipulación para amargarle la existencia en el sentido más literal y amplio, a ver si así nos viene un arrechucho y dejamos sitio a la gentucita que nos traen por maldad del nefario señor Kalergi, que le tendrá su amigo satanás donde merezca.

Sin embargo, ustedes no se defiendan. Viven en una demoniocracia en la que tener armas es delito penado con priSión, porque ya están las FCSE para protegerle.

Lo malo es que esto último ya no cuela. Si las demoniocracias son organizaciones criminales, como se puede comprobar de manera cotidiana, nadie que forme parte, por omiSión o por comiSión, de ello está libre de culpa, incluyendo al pueblo que consiente este estado de cosas.

EL CAPITÁN

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