Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

LAS EXTRAORDINARIAS AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA: FLIP EN SOTO

Era ya noche cerrada cuando Flip fue introducido en el calabozo de admisión, conocido popularmente entre la clientela habitual como “la nevera”.
La molesta luz azulada de unos tubos iluminaba un espacio diáfano en el que cómo todo lujo, unos frios bancos de obra invitaban a permanecer en pie.
En un rincón, un bulto que asemejaba al de una persona parecía dormitar.
Abriose una ventanilla dejando pasar la mucho más cálida iluminación de un flexo acompañada de una voz:
– Felipe del Pardo y Camuñas
– Servidor
– Desnúdese completamente y deje su ropa sobre el banco
-¿Quieres que me quede en pelotas, tronco?
– En pelota picada… ¡ya!
Mirándose a sí mismo como Dios lo trajo al mundo, a Flip la estancia de repente le pareció gélida e inmensa. Se abrió la puerta del calabozo y mientras dos funcionarios le invitaban a salir al pasillo, un tercero se dedicaba a escudriñar minuciosamente entre sus ropas.
“Contra la pared, apoye las manos y abra las piernas” dijo uno de los guardias mientras el otro se enfundaba en unos guantes de latex. Tras el manoseo reglamentario, el guardia le ordenó que hicera flexión con las rodillas y en aquella posición el manoseador le introdujo dos dedos por el culo resolviendo: “ya se puede vestir” .

De regreso a la nevera, Flip fue reclamado nuevamente en la ventanilla donde tras tomarle las huellas, rellenaron convenientemente la ficha carcelaria.
Ya era oficialmente huésped en Soto del Real.
“Siéntese y espere que inmediatamente será acompañado a su celda de periodo” dijo la voz mientras de sonoro portazo se cerraba la ventanilla.
Súbitamente, el bulto inmóvil del fondo, se descubrió como ser humano por tener el don del habla, para con voz grave decir: “la mayor victoria del demonio ha sido convencer al mundo de que no existe”.
A Flip aun le recorría un escalofrio por el pescuezo cuando la puerta se abrió y los dos cariñosos funcionarios le invitaron a coger sus cosas y a acompañarles.

“Señor Francisco del Pardo y señora Margarita Camuñas, pasen por favor”. Los papás de Flip definitivamente no habían llevado una buena mañanita. Tras suspender, él su agenda y su partido de golf y ella así mismo su agenda, su hora en la peluquería y su sesión de spinning con personal trainer morenazo y ciclao a partes iguales, se habían reunido con el Juez de Vigilancia Penitenciaria para conseguir un hospedaje digno para su hijo en tanto y cuanto unos influyentes amigos resolvían su situación procesal.
“Llámame Paco” dijo el padre de Flip, introduciendo hábilmente el factor de proximidad en la conversación.
-Soy don Angel, Jefe de Servicio, ¿en que les puedo ayudar? contestó el baranda ignorando la invitación al tuteo
-Pues mira Angel, hace un rato nos hemos reunido gracias a la intervención de Manuela Carmena -vieja amiga de la facultad- con el juez y hemos resuelto que en lugar de ir a Meco, el chico viniera aquí. Me ha hablado que existen unos módulos especiales llamados “de respeto” en donde la vida es más… digamos apacible.
-Señor del Pardo, en ese módulo… que digamos apacible, hay en estos momentos internados… presos digamos especiales, y he estado estudiando el perfil de su hijo y es el de un elemento antisocial y perturbador.
“Mira, Angel” dijo el papi bajando teatralmente la voz y citando varios conocidos nombres de magistrados y políticos, “Felipe solo es un chico un poco rebelde y todos quedaríamos muy agradecidos si pudieras ponerle en ese apacible módulo”.

Don Angel, conocido por “el Pistolín” -funcionario hecho a sí mismo y ganados sus galones en los tiempos de los motines y la Copel- se encogió de hombros y garabateando los nombres que había escuchado en un papel, sentenció: “sea pues, aunque los nombres de los avales que usted ha citado se los entregaré al Director, por si el angelito la acabara liando”.

Paco y Marga abandonaron la prisión, razonablemente satisfechos de la entrevista.
Los nombres de pila de los progenitores de Flip guardaban ambos una historia pintoresca.
El abuelo de Flip -Francisco Pardo- , en el 36 joven de posibles y aspirante a seminarista, había pasado tres largos años recluido voluntariamente en la embajada de Chile. Con la entrada de los nacionales en Madrid, volvió feliz, gordo y colorao que daba asco verlo, a pisar la Gran Vía.
Visto que se popularizaba la moda de bautizar a los neonatos con el nombre de José Antonio, sobornó a un funcionario para que incluyera el prefijo “Del” en su apellido. Una vez reinscrito en el censo, “Paco el del Pardo” le pareció lo suficientemente afín al nuevo regimen como para que nadie se preguntara el por qué un mozo sano de 20 abriles no se había sumado a las milicias nacionales.

Lo de la mamá era mucho menos rebuscado. De acaudalada familia carlistona -los Camuñas de toda la vida- su nombre fue escogido por representar el ícono de la mujer del requeté.
Cupido unió a ambos en mayo del 68, justo cuando Paquito y Marga, tras su formación en los más prestigiosos -y caros- colegios católicos madrileños, se conocieran en su primer año de flamantes estudiantes universitarios y miembros del PCE.

Una molesta sirena despertó súbitamente a Flip.
Éste, abriendo un solo ojo y manteniendo el otro lo suficientemente cerrado como para no abandonar todavía el mundo de Morfeo, oteó el entorno.
La suave luz del amanecer dibujaba sobre el suelo los barrotes del aparatoso ventanal: no había dudas, estaba en el talego.
“Otia qué chungo” pensó mientras terminaba de decidir si se levantaba o se daba otra vueltecita.
Estirando los músculos, alargó los brazos e inspiró aire vigorosamente para llenar sus papilas gustativas con un penetrante olor a mierda. Entonces recordó al tipo que roncaba sonoramente en la litera alta cuando fue depositado en el chabolo.
“¡Te has quedao a gusto tronco!” gritó a la vez que pateaba furioso la puerta del tigre justo cuando un maromo caló de 150 kilos (en canal) se asomaba a ésta, abriéndole la frente en dos trayectorias con sangrado abundante.

El gitano miró a Flip con el careto de Norman Bates, se tambaleó y cayó redondo.
Flip dió un vistazo periférico a las 4 paredes y pensó para sus adentros: “Felipe, ahora sí que la has liao”.

(continuará…)

LARREA   OCT/2018

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies