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LAS FOSAS IGNOTAS

 

Ignoto (adj) sinónimo de desconocido, ignorado, incógnito o inexplorado. Designa aquello de lo que no se tiene conocimiento, de lo que nada se sabe, o que no ha sido descubierto aún. La palabra proviene del latín ignōtus, que significa ‘desconocido’.

Pones la tele, a la hora que sea, y siempre sale la misma colección de bocachanclas. Cambian los nombres del programa, pero contenidos y tertulianos son clonados.
Insisten e insisten… e insisten en el mismo discurso huérfano de argumentos, y lo hacen parodiándose cada hora a sí mismos.

Elisa Beni, histriónica menopaúsica que agita el pelo constántemente como si estuviera saboreando su último orgasmo allá por el pleistoceno, cada vez que abre la boca parece haberse cogido los labios menores con la goma del tanga, por los decibelios y énfasis aplicados en su verborrea

Ignacio Escolar, cuando habla sube el pan, aunque aún estén esperándole en la Complutense para que acabe sus estudios de periodismo.
Se mesa la barba antes de tomar palabra como el que se rasca los huevos, y parece que va a decir algo pero en realidad siempre acaba repitiendo -cual cotorra argentina- las cuatro frases que aprendió en sus frecuentes recuperaciones de septiembre.

Jesús Cintora, éste tiene su aquél. Con su indiscutible pinta de pijo de los 70 con Bultaco y Lacoste, y con su flamante licenciatura de la carísima -Opus Dei- Universidad de Navarra, vomita bilis cada vez que abre la mui. Tonto de la hora que pregunten, se caracteriza más por el insulto que por argumentar con rigor hechos históricos.

Antonio Maestre, archivero metido a hoolligan podemita, no vale ni para gastar palabras con él, un rojo de manual.

Cristina Fallarás… hasta hace cuatro días se me escapaban los porqués de sus lagunas cuando intenta declamar una teoría y su sonrisa bobalicona, tras oir sus declaraciones asumiendo que se pasó los 80 drogada, uno ya lo entiende todo: daños irreparables en las meninges.

Frente a esta fauna y alineados convenientemente a la derecha, se sitúan sus hipotéticos alter ego, basurilla que no merece la pena citar y que están más preocupados por mantener su pedrigree liberal que en alinear argumentos frente a la mencicidad intelectual de sus enfrentados.
Ante tanta exhibición de sectarismo histórico y proselitismo de la falacia, las personas inteligentes apagan el televisor y se hacen con un buen libro.
Oiga, y aunque sea regular.
Pero la inteligencia no se prodiga por la España actual y hay demasiado paisano que se endormece frente a la tiví con las palabras “Franco genocida” resonando todavía en sus oidos en su faceta de sujeto receptor, y luego pasa lo que pasa: el truño cala.
Soy -somos los fascistas- tipos desagradables por diferentes: no damos cabotadas de asiento a cualquier alfeñique con discurso copiado de memorieta.
Respondones, solemos apretar el paso a los demás, o provocar sordera y afonía -a partes iguales- a nuestros interlocutores.
Hay quien sostiene que para labrar un quimérico porvenir es mejor convertirse en autista y aceptar pulpo, pero yo soy -y siempre seré- de los que defiende la verdad como el único camino de redención.
Vistas así las cosas, permítanme que les sugiera -y aún a costa de hacerme largo- 4 argumentos (cuatro tan solo pero sólidos, mis favoritos de entre los cientos que merecen ser citados) para responder al martilleante artificio contable de la “represión franquista”.

1.- Los Trenes de la Muerte
Cuando se produjo el Alzamiento, aquellos lugares que quedaron bajo jurisdicción republicana (que fueron la mayor parte del territorio) se apresuraron a encarcelar preventivamente a todo aquel que recelaran que podía mirar con buenos ojos a los rebeldes. No hacía falta gran meritaje, bastaba con ser asiduo de la misa semanal.
Con la extensión del conflicto, se popularizó en las ciudades afectas a la República (que no en las de zona Nacional) el asalto “incontrolado” con sacas y asesinatos selectivos de presos.
Tras uno de estos “incidentes”, el Gobernador Civil de Jaén quiso lavarse las manos cual Pilatos y organizó el traslado de sus presos (que abarrotaban la Catedral jienense) a Madrid.
El primero de los trenes -330 detenidos bajo custodia de la Guardia Civil- llegó a la Estación del Mediodía el 12 de agosto. Una vez allí, un sujeto llamado Basilio Villalba Corrales, a la sazón jefe de las milicias ferroviarias, seleccionó tras leer sus fichas a una docena de los presos (entre ellos, dos monjas) y ante la complacencia de los civiles, los puso contra una pared y los mandó fusilar.
El segundo tren con 245 detenidos alcanzó la estación de Santa Catalina en Vallecas al día siguiente. Esta vez la recepción estaba mejor organizada y los milicianos habían instalado sendas ametralladoras sobre las vías. En grupos de 25 fueron siendo extraídos de los vagones y muertos como perros rabiosos en los andenes.
Los cadáveres fueron vejados y saqueados por el numeroso público que se había congregado.
Identificados por el Gobierno los cabecillas de la matanza, nunca fueron juzgados.
Asunto que sí -efectivamente ¡SÍ!- despacharon los franquistas (igual, algún imbécil aún lo llama “represión”).

2.- La mina de Camuñas


Antigua mina romana de Cabezuelas en Camuñas (Toledo), dos simas con desplome angosto de más de 20 metros, vino al pelo para ocultar los cadaveres del genocidio que la “gloriosa” República acometió en las zonas que dominaba de la periferia de Madrid desde julio del 36 hasta la misma caída de la capital los primeros meses del 39.
“Todas las noches se oían los gritos desgarradores de los que agonizaban lentamente en el fondo de la cueva” cuenta Jesús, de Herencia, con la memoria del niño que nunca pudo olvidar, a pesar de sus 84 años de edad.
“¿Esta vereda va a la carretera general que lleva a Madrid?, preguntó uno de los milicianos cuando bajó del vehículo. Y yo, mire usté, era un vacín de 11 años, y tenía mi curiosidad. Mientras los hombres le indicaban el camino me engarabité a la rueda del camión. Alcé la lona y ví a mucha gente matá. Lleno, lleno. Habría 40 o 50 cadáveres, qué sé yo. Bajé al suelo y en cuanto se fue el camión me puse a llorar”.
Aún hoy es imposible cuantificar el número de personas que los milicianos hicieron desaparecer en aquellas simas (se estima que puede haber hasta 10.000 cadáveres).
La mina de Camuñas se convirtió en el panteón oficial de las víctimas de las checas de García Atadell y de Fomento y Bellas Artes, justo después de que la prudencia por las miradas internacionales aconsejara el dejar de abandonar cadáveres en las puertas de los cementerios madrileños.
Los camiones llegaban por las mañanas con su siniestra carga, a menudo con los detenidos vivos y amarrados por parejas, los arrastraban hasta la boca del pozo y los arrojaban sin piedad. En algunas ocasiones lanzaban alguna granada, pero la mayoría no morían en el acto y su agonía se podía escuchar durante días.
Los últimos camiones que se llegaron hasta Camuñas ya no transportaban seres humanos, solo cal viva y tablones, herramientas con las que los asesinos pretendieron ocultar sus crímenes.
Debe tratarse de una práctica muy “a la moda comunista”, recordemos que pocos años despues, los partisanos de Tito repitieron “hazaña” en las tristemente famosas Foibe italianas.

 

3.- Las cunetas de Valencia y “Paterna, el paredón de España”
Desde el historiador más documentado hasta el observador más lego sabe que en Valencia no se combatió. La guerra pasó (yo soy valenciano) por aquí  fugaz.
Rauda en su retirada hacia los muelles de Gandía y Alicante donde muchos pensaban que tendrían billete en el Stanbrook.
Pero no habría tela para tanto traje…
Si en Valencia acordamos que no se peleó, más allá de algunas bombas de distracción dejadas caer y algunas escaramuzas en el Maestrazgo secuelas de las batallas por Teruel, ¿cómo es posible que Valencia, a la entrada de los Nacionales presentara en los juzgados miles de actas de defunción y denuncias por desaparición?.
La respuesta la tienen en las mismas actas (yo conservo copias y están -o estaban- al alcance de todo el mundo).
Fulanito de tal, dirección tal, encontrado en la carretera del Saler en tal fecha, causa de la defunción: heridas de bala.
Y así se repite la letanía, una tras otra.
Aquí se mató a placer. Las cunetas de El Saler, Benicalap, Paterna, o desde Tabernes a Gandía, Onteniente… no secaban la sangre de un día para otro.
¿Que el Cementerio de Paterna fue el paredón de España cuando llegaron los Nacionales?.
Puede -siempre pasa- que pagara algún justo por pecador, pero en Paterna no se asesinó, ¡se ajustició!.

4.- Las 7 fosas de Paracuellos del Jarama
“Un clásico de los fachas” diría un retrasadito zurdo.
Por situarles en el “clásico”, ¿alguna vez han visto una piscina olímpica vacía?, ¡son grandes, eh!. Pues bien, del tamaño de una piscina son cada una de las 7 fosas comunes que en los primeros meses de la guerra llenaron de cadáveres de “probables enemigos de la república” los “valientes” milicianos a las órdenes directas del Delegado de Orden Público, Santiago Carrillo.
Informándoles de que iban a ser trasladados a Valencia -por su seguridad- unos 5000 presos fueron sacados de las prisiones madrileñas de San Antón, Porlier, Modelo y Ventas, así cómo de diferentes comisarias y checas.
Atados de a dos, fueron montados en autobuses y llevados a las inmediaciones de Paracuellos del Jarama, donde eran ametrallados en grupos compactos y la mayoría sepultados aún vivos.
El historiador Julius Ruiz en su obra “El Terror Rojo” relata: “Primero se enterró en la depresión del terreno del arroyo que cruzaba la carretera, y cuando no pudo albergar más cadáveres, en las sucesivas zanjas abiertas por los mismos vecinos de la localidad, obligados a cavarlas por los miembros de la Dirección General de Seguridad de la Junta de Defensa de Madrid.
Como la maquinaria de ejecución, aunque planificada, carecía de una logística precisa, cuando llegaron los presos de la mucho más numerosa cárcel Modelo aún no había dado tiempo a enterrar a los anteriormente fusilados: una aterradora escena que vivieron los nuevos “evacuados” antes de ser ejecutados.
Los vecinos de Paracuellos se habían marchado sin que hubieran podido terminar de enterrar a los de la mañana. Una vez fusilados se abrió una segunda zanja unos metros más adelante, más cerca del grupo de pinos de la carretera, en el lado izquierdo, para evitar que al llegar sucesivamente contemplaran el macabro espectáculo de los asesinados la mañana anterior. Es la fosa número 2″.
276 menores fueron asesinados en Paracuellos, de entre ellos, 50 niños.

A la vista de estas atrocidades, acometidas todas en la retaguardia republicana por elementos no combatientes -los “héroes de la retaguardia”- que actuaban armados y organizados en checas, con la complicidad y/o el beneplácito de las autoridades (aquéllas cuya obligación era proteger todas las vidas por igual) contra personas indefensas a las que asesinaron cruelmente sin juicio alguno ni oportunidad de defenderse… ¿alguien aún es capaz de sostener que la represión contra esta canalla no estuvo justificada?.

Como dicen los indios:
Y no tengo nada que añadir.

LARREA   AG/2018

 

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    2 thoughts on “LAS FOSAS IGNOTAS

    1. Muy bien explicado, lástima que esta manada de subnormales que tenemos ahora en el gobierno, se dedican a tergiversar la historia, y destrozarla.
      Ahora no hay suficientes problemas en España, que hay que dedicarle tiempo y una inversión de dinero importante, para saquear la tumba de Franco.
      No hay bastante con la subnormalidad de muchos catalanes, la invasión que estamos sufriendo por parte de marruecos y países subsaharianos, que nos están robando el legado de nuestros padres, de nuestros abuelos.
      Y aunque dicen que estamos en un país democrático, no manifiestes tu opinión, porque te tachan de bicho raro. ¡¡¡Hace falta un cambio, Ya!!!

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