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LAS INCREIBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: FLIP Y LA MÁQUINA DEL TIEMPO (CAPÍTULO 3)

Una luz roja comenzó a parpadear.
-¡Atentos!, comienza la cuenta atrás para la deconstrucción molecular, 10, 9, 8…
-Pero… escucha tronko: ya habréis probado esto anteriormente, supongo…
-Oh, sí, por supuesto. Con perros y gatos. 7,6,5…
-¿Y qué me dicen?
-Unos guau, otros miau, en función de quien se trate. 4,3,2…
-¡No tronko!, me refiero a qué me decís del experimento, ¿con personas no habéis hecho pruebas antes?
-Un par de veces…
-¿Y me va a doler?
-¡Ah, eso!… no sé, nadie ha vuelto para contarlo. 1… ¡0!
-Hijoputaaaaaaaaaaaaaaaaaa
La luz roja parpadeante se fijó en verde… y por arte de magia Felipín se esfumó.
Flip, con uniforme de voluntario en la Brigada Lincoln aun se encontraba aturdido por la reordenación molecular, y tentándose sus apéndices más preciados por comprobar que cada uno de ellos había vuelto a ir a parar a su lugar original, escuchó, sonoras y rotundas, las 12 campanadas del reloj de la Puerta del Sol.
Abriendo los ojos tanto que parecía de un momento a otro fueren a resbalar sobre sus mejillas, contempló el templete frente al que tantas veces había tragado las 12 uvas, solo que esta vez se le aparecía más ajado, en una plaza rala, extraída tal vez de alguna avejentada foto.
El ambiente sin embargo, bullicioso y frenético, a él le recordó los instantes previos a que la Pedroche saliera en pelota picada a alardear de pezones puntiagudos en las gélidas noches gatas del fin de año.
En eso, un tipo grandullón con exagerada gorra de plato, exagerada estrella roja de cinco puntas y exagerado pistolón al cinto, se le vino exageradamente encima.
-¡Hi mate!
-Anarchy in the UK
-of course!!, but first in Spain…
-London calling
-¡Of course!, ¡of course!
-Salud compañero que yo me las piro que tengo cosas que hacer
-¡Good spanish!, tú tener razón, nosotros hablar español por estar proletario… eehhh unido.
-Pos eso, que lo que tú digas general
-Tu nombre, ¿cúal ser?
-Flip… Flip McFly
-Mc Fly… ¿irlandés?, ¿escocés?
-Escocés sí, pero no del mismo Escocia, de un pueblo de al lado
-Very bromista, yo ser capitán Bob Merryman, pero tú puedes llamarme Sir, ¡come whit me!.
Flip acababa de ser reclutado sin él enterarse, y pronto saldría hacia la gloria: el cerro Pingarrón.
Desde Puerta del Sol hasta Callao menudeaban las pilas de sacos terreros y los transeúntes ociosos, subiendo por las Descalzas un grupo de hombres con mono de mecánico, camiseta modelo imperio y gorra cuartelera fumaba y montaba guardia con los fusiles ignorados y apoyados sobre el muro del antiguo convento fundado por la hija del Emperador Carlos, ahora huero, sobre cuya fachada se erguía un cartelón de UHP con salutación incluida a la revolución bolchevique. De vez en cuando, pedían la documentación a quien les parecía oportuno. Si algún papel requerido no ofrecía la garantía exigida, un reloj de pulsera o un anillo que cambiaba de mano franqueaba momentáneamente el paso. Alcanzando la Gran Vía, junto a la parada de taxis, un cine anunciaba el “Regreso de Tarzán”. Poco más abajo, la diosa Cibeles dormitaba bajo una montaña de arena a la espera de tiempos mejores.
“La guerra puede esperar, es la hora del vermú, compañero” anunció Merryman, parándose en seco y reconociendo el entorno para orientarse y decidir volver sobre sus pasos a buscar el barrio de las Letras.
Callejeando a paso ligero entre el pavés suelto, el viento secaba la ropa en los balcones mientras distantes se podían oír esporádicas detonaciones.
“Es Miaja batiendo el Jarama, los facciosos se han hecho fuertes en Morata pero ya Lister les cierra el paso y mañana sale nuestra unidad para hacerles correr hasta África” se jactó el capitán.
-¡Llegamos!, es una old-tavern, pero hacen los caracoles y la gallina en pepitoria como en ningún sitio, dicen que en este mismo lugar vivió Cervantes con sus alegres hermanas
-Pos no sé quién es el somé
-Es algo así como Shakespeare
-Ese menos
En Alberto un denso humo recibió a los dos soldados. No cabía ni un alma, con las puertas de par en par y las contrapuertas anunciando con tiza las especialidades de la casa, los parroquianos apretaban por aproximarse a la barra o encontrar un rescoldo donde apoyar codos y hacerse fuertes. En un rincón del garito, una mesa de mármol repleta de cadáveres de caracoles y vasos vacios acogía a dos tipos que se distinguían del paisaje. Uno enjuto, largo, de cabello lacio cayendo a plomo sobre sus ojos, orondo y atroz el otro, ambos estaban como cubas.
-¡Merryman!
– ¡Hi!
El capitán tiró de la manga del antifa y en dos empujones ocuparon sitio en la mesa. “Te presento a mr. Allen y mr. Hemingway, corresponsales de guerra”.
-Hola, yo soy el Flip.
CONTINUARÁ…
LARREA – JUN 19
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