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LAS INCREÍBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: FLIP Y LA MÁQUINA DEL TIEMPO – CAPÍTULO 6:

CAPÍTULO 6: LA GLORIA ESPERA EN LO ALTO EL CERRO

“Con el quinto, quinto, quinto, con el quinto regimiento, madre yo me voy al frente para la línea de fuego, anda jaleo, jaleo, ya se acabó el alboroto y vamos al tiroteo, y vamos al tiroteo…”

Flip encogido en una camioneta entre una treintena de reclutas cantores de San Ildefonso, tan radiantes y alegres que parecían salir de excursión con los escolapios, agarraba con fuerza su Mauser por la mirilla y tiritando de cabo a rabo, entre estribillo y estribillo, no perdía de vista ni carretera ni márgenes, por si las moscas, en un recorrido cada vez más angosto, más empinado y más sombrío.

La achicoria sorbida a las 4 de la mañana en el acuartelamiento de la Lincoln en Villanueva de la Jara, acompañada de un chusco de pan sobao con unte de manteca salada, tajá de tocino y el cuartillo de coñac reglamentario, le había caído en el estómago como una patada en los cojones; y ahí andaba el mejunje aflojando el intestino y alentando reflujos, gases, y proféticos retortijones.

A tan complicada digestión súmense el par de trinchas con sendos cargadores, una veintena de cartuchos por barba dejados caer en los bolsillos de la guerrera, y el “recadito” al que se encaminaba, si nadie lo evitaba, en lo alto el monte. Y con aquel malestar general, nuestro antifa rumiando en qué momento había aceptado semejante encomienda llegó, sin la ayuda de nadie, a conclusiones definitivas: “fue cuando afirmaron que habría bartolillos. Los muy cabrones”.

En un cruce de carreteras Merryman ordena detener la columna apeándose de la cabina y dándole varias vueltas a un plano en la búsqueda del derecho y del revés, acreditando que la orientación y la lectura de cotas en los mapas no eran su fuerte.

“Esta es la mía” pensó Flip apeándose a su vez y dirigiéndose ligero a vaciar el contenido de sus tripas al abrigo de las coníferas que jalonaban de verde y sombras las orillas de la senda.

-McFly, ¿dónde vas?

-Mira general, es que voy a dejar un pino, ya sabe usté…

-¿La derecha del camino?, ¡ok McFly!, confío en tu intuición. ¡Adelante la columna!

-¡No!, que no me has entendido tronko…

Y mientras el antifa se acuclillaba plácidamente entre los tomillos, los camiones enfilaron la ruta “aconsejada” donde tras recorrer apenas unos metros se dieron de bruces contra las líneas nacionales que descargando fuego cruzado de ametralladora sobre la caravana convirtieron la apacible excursión en sangría.

“Vaya tela kolega, estoy en la puta guerra” pensó Flip mientras con los pantalones aún por debajo de las rodillas se montaba de un brinco en uno de los vehículos que marcha atrás salían zumbando del letal lapsus topográfico.

“Deploro la pérdida de un vehículo y una veintena de soldados” informó Merryman a su superior al mando: el mayor Harrys.

James Harrys se tambaleó… y no por el impacto de la noticia, sino por la soberana curda que mantenía instalada sobre sí mismo de manera permanente desde que dejó de usar knickerbockers.

-Damn it!, ¿cómo ha sido?

-Caímos en una lamentable emboscada…

-¡Son of a bitch! esta misma noche les devolveremos la moneda: al abrigo de las sombras como haría Hopalong Cassidy nos aproximaremos, y al alba… ¡tomaremos el Pingorrón!.

-Se dice Pingarrón

-Yes, el Pingorrón

“Private McFly!!” reclamó Merryman a voces a su recluta favorito.

-Dime general

-Escoja a dos hombres y den sepultura a nuestros valientes

-Hombre Merry, en tantos que hay ¿tengo que ser yo?… a mí los muertos me dan un yu-yu que te cagas lorito

-Confío en usted. Hágalo en la cuneta del camino, el enemigo respeta el alto el fuego durante los enterramientos, y señale escrupulosamente el lugar de la fosa… España está sembrada de ellas, hay tantas como escaramuzas

Provistos de pico y pala, nuestro héroe y un par más abrieron una zanja proporcionada a los bultos que allí iban a quedar alimentando la genista.

Cubiertos los primeros, llegó a Flip una segunda tanda de cadáveres. Estos tenían la garganta abierta de oreja a oreja, los ojos como platos y un enjambre de moscas pegadas a los párpados desafiando las miradas clavadas.

-¡Madre mía!, pero éstos… ¿quién son?, ¿¿el Joker??

-Los centinelas de ayer, los moros hicieron una degollina nocturna y la legión volvió a tomar el cerro

Varias horas después, Flip con las manos en carne viva de dar paladas y principio de lumbalgia, se dispuso a echarse un ratito:

“Voy a echarme un ratito, y en cuanto estos se descuiden me vuelvo a Madrid y a mi siglo, que esto no es pa mí” razonó nuestro héroe mientras acomodaba una manta a modo de jergón bajo los brazos trémulos y discretos de un sauce llorón que le sustraía de las miradas.

Cogido el sueño con ganas, en la primera fase rem le pareció oír, como en un sueño, movimiento de hombres y cacharrería y una voz que arengaba vibrante:

“Soy el comisario André Marty y en Albacete saben bien que no me ando por las ramas con los cobardes, hemos venido a ganar esta guerra para Stalin y esta misma noche vamos a mostrar a los españoles quiénes somos los internacionales”.

“Vaya una chapa que está soltando el somé” pensó inconsciente Flip mientras se daba otra vueltecita en la cama.

De pronto, la voz de Merryman ordenó: ¡en marcha!, nos aproximaremos tanto como podamos, cavaremos pozos de tirador y en cuanto amanezca nos lanzaremos sobre sus posiciones como Cabellos Rubios sobre los Lakotas del Big Horn.

“No sé si es un buen ejemplo” volvió a pensar nuestro héroe riendo para sus adentros… “ya si eso, ya me acerco yo dentro de un ratito”.

Las primeras luces del alba llegaron acompañadas de malos presagios para los asaltantes: el comandante Zamalloa, al que ya habían matado varias veces, se erguía entre los sacos terreros, desafiante, oteando la loma con sus prismáticos.

Los primeros tiros se escucharon sin llegar a amanecer, los tiradores de élite del Tercio disparaban como si de una caseta de feria se tratase contra los bultos que, paupérrimamente cubiertos, jalonaban la ladera.

A la orden de ataque, todos se pusieron en pie y sin avanzar un solo palmo recibieron sucesivas descargas de ametralladora, certeras y bien servidas, y en un par de minutos tirando al suelo armas y pertrechos para ganar ligereza y acentuar la prisa, pasaron en desbandada sanferminera ante Flip, huyendo de la guerra.

“Ah pues, tenía razón el Merry en lo de Custer” pensó Flip sumándose a la maratón generalizada, y pasando de largo del campamento continuó sin parar hasta la mismísima carretera del Jarama, varios kilómetros por debajo, donde por fin se sentó a coger aire.

Una columna de polvo que en pocos segundos acabó materializándose en un camión descubierto, se paró a su lado.

-Compañero, ¿vamos bien para Madrid?

-Si me hacéis un sitito yo os llevo

-Venga

El conductor, un valenciano locuaz con mono azul y brazalete de UHP se dirigía a recoger suministros para la guerra. Con él viajaba un joven menudo y agotado, de mirada triste y manos de labrador.

-¿Qué?, ¿de permiso?

-Pos más o menos, se podría decir incluso que ya me he licenciado… gracias por recogerme tronkos, soy el Flip.

“Yo soy Miguel, Miguel Hernández” se presentó el acompañante.

(CONTINUARÁ)

Larrea    JUN/2019

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