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LAS INCREÍBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: FLIP Y LA MÁQUINA DEL TIEMPO

La mañana había salido lluviosa y Gaspar Gastón observaba melancólico su trinchera negra dejada caer sobre el respaldo de la silla vacía que, como toda compañía, asistía a su almuerzo.
Mirándola, evocaba en ella la toga de aquellos ya lejanos días en que él fue juez estrella rutilante y su carrera aparentaba imparable… hasta que aquel fulgor se apagó cual la cola fugaz de un cometa.
A la cita con la memoria acudieron las comidas en el Jockey y las cenas de gala y smoking, las portadas en los periódicos, las mañanitas brumosas de cacería con barandas varios, las conferencias generosamente pagadas en universidades norteamericanas, y ¡cómo no! aquellos días en que recién licenciado en Derecho fue iniciado en la logia por su primo Jacobo.
A pesar de no haber sido nunca un hombre religioso, siempre había acudido al Rosh Hashaná , tocado el cuerno de carnero, comida la manzana con miel y deseado “¡Shana Tová!” a los presentes, entre los que se encontraban algunas de las personas que impulsarían y darían fuste a su incipiente carrera judicial.
Durante años los vientos entraron de popa, favorables, hasta que su inmensa ambición le llevó a intentar pasar por encima de algunos maestros del rito, y los Hijos de la Viuda no perdonan tales actos de indisciplina.
Desde entonces todo le había ido como el culo e incluso los noticieros acostumbrados a abrir con su pelazo de anuncio de champú y sus gafas de pasta, ignoraban sus constantes ofertas para dar su versión de los hechos.
Con cincuenta y pocos años pasó, de ser el hombre que iba a juzgar a la historia, a sentarse desapercibido en el metro.
Una llamada le hizo apartar la vista de la gabardina y devolvió a la realidad.
-¿Julián?
Al otro lado de las ondas, el Hombre del Gabán fue directo al grano:
-Gaspar, iré directo al grano. Yo no he hablado contigo, no te he visto, no te conozco. En el Telegram tienes el nombre que me pediste y los lugares que frecuenta. Ten bien en cuenta que se trata de un sujeto extraordinariamente astuto. Espero que tengas éxito en tu proyecto, personalmente te he hecho este favor en recuerdo de los que te debo, pero ahora estamos en paz. Olvídate de que existo o te encontrarás en nuevos problemas. Suerte.
-Julián, no sabes cuánto me duele…
-Tu-tu-tu-tu-tu-tu…
El ex juez Gastón pidió la cuenta y al volante de su utilitario japonés, pequeño pero enorme de motor, se dirigió al pequeño polígono industrial de Colmenar Viejo que la crisis había desertizado. Por no haber, ni lumis quedaban en las rotondas. Una vez allí se detuvo delante de una desvencijada nave, carente de ventanas y esquinera a ninguna parte, en la que un letrero desconchado había anunciado “COLCHONES ALFREDO PÉREZ, EL DESCANSO QUE MERECES” .
Gaspar Gastón siempre le había tenido gato a aquella nave pues lo de “el descanso que mereces” firmado por Alfredo Pérez le parecía la última guasa del Gran Maestro Rubalcaba, uno de los próceres que había certificado su defunción, pero como quiera que las características del almacén se ajustaban como un guante a su proyecto, finalmente había resultado el inmueble elegido.
Tras introducir un código de 12 dígitos, la puerta de seguridad se abrió acompañada de un sonido eléctrico y el juez accedió a un reducido descansillo en el que quedó atrapado. Tras un escáner del iris, finalmente accedió al interior.
Una escalera empinada y oxidada, con baldas de madera como escalones y frágil barandilla de tubería de media pulgada elevó a Gastón hasta la antigua garita del encargado de la fábrica de jergones, que hacía las funciones de despacho.
Tomó aire, contó hasta tres y con ambas manos descorrió decididamente las cortinas para que sus ojos se llenaran con su viejo sueño: allí estaba, terminada y de trinqui, la Máquina del Tiempo.
Tres individuos ataviados con guantes de látex y batas blancas de médico de atención ambulatoria pero llenas de lamparones de grasa se giraron simultáneamente y saludaron con un gesto de la mano y sonrisa satisfactoria. Uno de ellos, chepao y barbado hasta el ombligo se dirigió con paso apresurado hasta la garita.
-¿Lo tenemos?.
-Buenos días profesor, educación lo primero.
-Sí eso, buenos días, pero… ¿lo tenemos?, ¿tenemos al voluntario?.
-Tengo un nombre, sí, y a juzgar por su historial y por quien lo recomienda diría que es nuestro hombre. Pero falta convencerle.
-¿Y lo conseguirá?.
-Es muy posible, se trata de un luchador antifascista incansable, inexorable, inflexible, de los de antes… duro y fanatizado, leal seguidor de la lucha revolucionaria de Trotsky, Pol Pot, Rosa Luxenburg e Iñigo Errejón. En cuanto le expongamos la trascendencia de su misión es seguro que aceptará asumiendo todos los riesgos con la valentía y responsabilidad de un hijo de la clase obrera.
Mientras tanto, a unos cuantos kilómetros de allí, Flip relataba a Petichien los inesperados giros de su viaje a Lisboa mientras daba las últimas caladas a una pava de maría y el animalito le miraba con ojillos excitados y un palo entre los dientes.
(continuará…)
LARREA   MAY/2019

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