Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

LAS INCREÍBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: LA MÁQUINA DEL TIEMPO (2)

El profesor Samuel Rubinstein, nacido bieloruso como su propio nombre indica, en realidad era un ciudadano del mundo. Alumno aventajado de física aplicada en los tiempos de la guerra fría, el Komsomol lo había tomado bajo su tutela e incluso reconocido en su tesón con un sobrio diploma de manos del mismísimo Yuri Andrópov, de aquéllos que hoy se encuentran a duro en Todocolección. Éso y que la KGB lo reclutara para la carrera espacial fueron la misma cosa.
Pero al poco llegaron la glásnost y la perestroika, Gorbachov y las cogorzas bailarinas de Yeltsin… y todo el Aparato se fue al desempleo.
Todos de saldo: los agentes acabaron en el espionaje industrial para farmacéuticas, los soldados de instructores en ejércitos de señores de la guerra africanos, y los físicos haciendo galletas macrobióticas para multinacionales.
El profesor Rubinstein había trabajado desde entonces en México sintetizando productos hortícolas colombianos, en el Valle del Silicio californiano, en Escocia en la clonación de Dolly, y en Pekín donde había conseguido hacer que los despojos de ave tuvieran sabor a jamón serrano y aspecto de apetitoso snack de entre horas.
Pero, secretamente, durante todo ese tiempo había perseverado en perfeccionar un viejo proyecto soviético: la desintegración molecular y su inmediata reordenación para trasladar un cuerpo vivo de un lugar a otro.
Algo así como pasar a un menda por fax.
En Buenos Aires conoció al hermano Gastón, que se encontraba por allá organizando uno de sus saraos con las Madres de Mayo, y de inmediato congeniaron. Una cosa llevó a la otra y entre asados y mate llegaron las confidencias y ambos reconocieron en el otro la solución a sus problemas.
Flip ejecutaba a la flauta dulce el “himno de la alegría” con tanta pasión que no se apercibió del hombre que sentado a su lado daba de comer a las palomas, hasta que al tomar aire para enfrentar otra estrofa, éste inició una conversación:
-Maravillosa interpretación, ¡tú has ido al conservatorio!
-Qué va tronco, toco de oído
-¡Quién lo diría!
-¡A que sí!, pues me sé dos más: el rascayú y la polka del barril
-Eres un virtuoso… por cierto, soy Gaspar
-Yo soy el Flip.
Rubinstein y Gastón seguían discretamente a través de los visillos al antifa paseando por la compleja sala de máquinas mientras se aplicaba en rebuscar en sus orificios nasales y al tiempo contemplar el resultado de cada prospección con sorprendente atención. “A mí no me parece tan listo” dijo Rubinstein, añadiendo a continuación: “desde luego, nada que ver con el anterior”.
Tomás Cantera, alias “Tomy Gun” (el anterior), un soldador de altos hornos y sindicalista de la CNT había sido el primer reclutado para “la misión”, directamente por Gastón.
Y había sido el mismo Gastón quien, siendo juez, había enchiquerado a Cantera por intentar volar la basílica del Pilar de Zaragoza. Su carrera era vertiginosa y, como buen anarquista, no hacía distinciones entre la delincuencia común y el combate social.
La primera detención del angelito le había llevado a compartir chabolo con Sastre, el cafre que adosó con cinta americana medio kilo de trilita a Bultó. “Amistad y lo que surja”… de aquella relación intramuros nació Tomy Gun, el “peligroso elemento antisocial, extraordinariamente resentido y violento”, según citaba el Educador del Centro Penitenciario que había elaborado su clasificación.
El juez le había visitado en la prisión de Morón y expuesto su plan: liberarlo con un tecnicismo y mandarlo al pasado. Cantera, con una ruina de 90 años y un día, ni se lo pensó.
La desintegración había resultado exitosa, pero Tomy no regresó en la fecha y hora señalada…
-Felipe, te presento al profesor Rubinstein
-Llámame Samuel
-Qué pasa tronco, mola mazo todo este rollo que tenéis aquí montado
-Ehh, sí, supongo que sí. El asunto que nos reúne es comprobar que tienes claros los objetivos de tu misión.
-Bueno, más o menos…
-Recapitulemos: vamos a colocarte en Madrid… en enero de 1937. Acabando el 36, como bien sabes, nuestra gloriosa República trasladó a unos cuantos facciosos a un pueblecito en los meandros del Jarama, eran sujetos culpables y se les fusiló. Posteriormente, en diciembre, un gabacho entrometido de la Cruz Roja llamado Henny pretendió llevar no-se-qué pruebas a la Sociedad de Naciones. Orlov se encargó de aquel asunto. Desafortunadamente perdimos la guerra y se descubrió el pastel. Ahora tu misión es enterrar en el punto exacto que te indicaremos algunas bustinas de la CTV, algún gorro cuartelero falangista, media docena de pistolas Luger y munición alemana para demostrar que en realidad, aquellos crímenes fueron realizados por los fascistas.
-Qué cabrones
-¿Quién?
-Los fascistas, claro
-¡Exacto!, esa es la actitud
-Pos eso
-Entonces, ¿lo tienes claro?. No te hagas líos: llegas, dejas las pruebas ful y te traemos de vuelta. ¿Ok?.
-Una pregunta…
-¿?
-¿Hay donetes?
-No creo, pero hay bartolillos y rosquillas de San Isidro, porras y churros.
-¡Mola!. Y… ¿cómo se llama el pueblecito?
“Paracuellos”, respondió Gaspar Gastón mientras chocaba sonoramente la palma de su mano contra la de Samuel Rubinstein.
LARREA – JUN-19
 [CONTINUARÁ…]
Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate