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LAS INCREIBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: OSKURO AFFAIRE

El bar “El Maño” así, a simple vista, aparentaba poca salubridad. “No creo que tenga más mierda que la cocina de El Chinao” pensó Flip traspasando con decisión el umbral del establecimiento.
Se equivocó.
Como único parroquiano, un chino jugaba simultáneamente a las dos máquinas de premio que se alojaban en una esquina de la barra. Ésta -desierta por dentro y por fuera- se mostraba, insolente, con los restos de las consumiciones del día anterior. Media docena de cadáveres de quintos y algunas corfas de cacahuetes debidamente diseminadas jalonaban una tabla espesa y pegajosa que remataba en un aparador de cristal, donde las moscas se entretenían chuparreteando un par de morcillas veteranas y unos tropezones de carne macilenta que ya ni recordaban cuándo formaron parte de la pieza completa de una sepia.
Un espejo, emparejado junto a un reloj de Cafés Valiente difunto en las diez y diez, enmarcaba el nombre del tugurio y devolvía a Flip su propio asombro cuando se escuchó a sí mismo levantando la voz: “¿Aquí atiende alguien?”.
“¿Qué quelel tu?” respondió el chino. “¡Vaya!, pos parece que Teruel sí existe” pensó Flip para sus adentros riéndose la ocurrencia.
Oye maño, ¿hay donetes?
-¿Donetes?, ¿qué sel donetes?… ¿y qué sel maño?
-No, que me pongas un quinto, quería decir.

El chino abandonó a regañadientes la trinchera para largar por el cuello a Flip una Mahou y volver de inmediato a su quehacer: “Las tengo calientes” dijo. “Como la cerveza chino kabrón” pensó Flip para sí mismo.
El chirrido de una puerta hambrienta de grasa anunció la presencia de otro cliente.
“Mira maño, hoy tienes overbukin” soltó Flip riendo mientras chino y máquina se fundían en centauro.
-La mayor victoria del demonio ha sido convencer al mundo de que no existe
A Flip se le congeló la risa y encogió la minga.
El recién llegado se había instalado en la barra pegado a su vera. El largo gabán negro abotonado hasta el cuello, rematado por bufanda, lentes oscuras y gorra de cuadros gatsby de Stetson apenas dejaban adivinar sus proporciones, transmitiendo en conjunto un aspecto inquietante.
“Hola Felipe” saludó girando la cabeza lo justo para que el antifa pudiera adivinar los ojos clavados sobre su pasmo.
-Ke pasa tronko
-Parece que has tenido un ramalazo de suerte
-¿Lo dices porque el chino me ha servido?, ya te digo colega…
-No te hagas el tontito conmigo, me ofende. Sabes que lo digo por tu, digamos inesperada, libertad. Deberías estar comiéndote el marrón de Negros sin Fronteras y ¡mírate!, de cañas en El Maño…
-Qué va tron, el menda ese de maño tiene lo que yo de facha

El gigantón se quitó lentamente las gafas por dejarse ver en unos ojos aún más oscuros que las lentes. O eso le pareció a Flip.
Sacando del bolsillo un paquete de tabaco se encendió despreocupado un pitillo y tras aspirar dos largas bocanadas contando las arañas del techo, perdida la cuenta, regresó a la conversación:
“Escúchame atentamente Felipe que solo lo diré una vez, no sé que te han prometido exactamente, aunque no es difícil de imaginar. Pero si sé lo que están buscando y ya te adelanto que no va a volver a sus manos. No estoy seguro si eres idiota o solo lo pareces, pero te recuerdo acerca del asunto por el que intuyo te vas a interesar, que ya un señor de más fuste que tú se murió con los ojos negros de una del 12 entre los piños y que una señora -alcaldesa de gran capital para más señas- muy conocida por su buena salud, sufrió un súbito infarto en una solitaria habitación de hotel. Los políticos no entienden que son meros empleados nuestros, y se acostumbran muy rápido al Don Perignon, la zarpa y las escorts de lujo… y luego, cuando cae cruz pretenden engañar al diablo. Y al diablo no le gusta que lo engañen”.

Flip no tenía ni puta idea de qué carajo le estaba hablando aquel tío, pero cuando se puso un nuevo pitillo en la boca no pudo aguantarse y le recriminó: “Los sacas encendios tronco” . El tipo del gabán lo miró de arriba a abajo y largándole un cigarrillo espetó: “Tienes huevos, ya lo creo… veremos cuántos”.
“Oyeee, ¡dame lumbre!” gritó Flip a la sombra que desaparecía tras la puerta mugiente.

El Juancar recogió con puntual retraso a Flip en la puerta de El Maño y éste evitó comentar el encontronazo anterior, quedando así en empate.
-Los papás no han podido venir, cuestiones de agenda… me han dicho que luego habláis en casa.
-No voy a la keli, déjame en la cafetería Riofrio, en Colón.
-Eso chapó.
-Tu déjame allí ke yo me entiendo. Por cierto, ¿tienes un libro?.
A las doce en punto, Flip con una guía Michelín bajo el brazo izquierdo a modo de cena de sobaquillo y señal convenida, apoyó el lomo sobre el panteón de la cafetería y fijó su vista en la calle Génova esperando -iluso él- que alguien desconocido le hiciera algún gesto.
En esa tontería estaba cuando un tipo con gafas, bastón blanco y caminar errático le susurró: “Cógeme del brazo y crucemos el semáforo cómo si estuvieras socorriéndome, luego sígueme a distancia prudencial”.
“Joer, ¿y cómo me habrá reconocido si es ciego?” razonó astútamente Flip mientras entraba a un parking siguiendo la huella del presunto invidente.
-Sube, ¡rápido!
-Otias colega, ¿de cuándo conducen los ciegos?
-Que subas, retrasado
El Range Rover V8 y a gasolina desplegó los 510 caballos de Firenze red (metalizado) y piel perforada Oxford Ebony, pasando de cero a cien en lo que tardaron Flip y el piloto ciego de pastel en despedir la Castellana.
Diez minutos y 90 kilómetros más tarde, aparcados en el centro de la nada, el antifa y el hombre de Bárcenas hicieron las presentaciones.
“Nada puede fallar” tranquilizó el Fitipaldi a Flip, será como robar a un niño.

(continuará…)

LARREA  NOV/2018

Y no se pierdan el próximo episodio de nuestro héroe favorito: CUMBRES BORRASCOSAS

 

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