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LAS INCREIBLES AVENTURAS DE FLIP EL ANTIFA PRESENTA: THELMA Y FLIP (Capítulo 2)

Don Onésimo vestía una sariana azul cielo con evidentes marcas de caducidad en el cuello, pantalones de pitillo en tergal gris y zapatos Segarra de cordón con calcetines de rombos a juego con la camisola. Con una mano sujetaba unas gruesas gafas de pasta mientras que con la otra apretaba un pañuelo Guasch presumiblemente blanco en su formato original que cumplía con disciplina prusiana todas las funciones de aseo pertinentes.
-No la mires tanto chico, esa no te conviene…
-¡Tú que sabrás, viejo!.
-Antes de llegar a viejo pasé por tu edad, hazle caso a este decrépito anciano…
-Yo no busco ligues tronko, solo un carro que me arrime al concierto antifascista de Lisboa, mañana tocan Ska-P y Evaristo de La Polla.
-Mira, en eso coincidimos. Yo también espero que alguna alma caritativa me aproxime a cualquier lugar donde pueda tomar un transporte hasta mi hogar.
-¿Y qué haces aquí?, si se puede saber…
-Sufro el Síndrome de Stendhal, ¡no te fastidia!.
-¿Lo qué?.
-Perdona, me puse borde. Es una larga historia y no precisamente por larga, no esperada. Soy viudo, tengo una edad y muchas teclas. El caso es que siendo de Tudela y mi hijo nacido en Castejón, debería haberlo intuido…
-Pos no lo pillo…
-Pues eso, que me han dejao solo. El hijo es buen chico, con sus estudios, su oposición y todo el romance, pero se le ha ido la chaveta. Hace unos años se lió con su asistenta, una dominicana bien provista de recursos por la madre naturaleza y 20 años más joven que él; abandonó a su esposa y mis nietos y comenzó a vivir la vida de otro. Ahora, a dos telediarios de jubilarse, viste como un adolescente y se comporta como tal.
La semana pasada convaleciente de una angina de pecho me instalé a mi pesar en su dúplex de Moralzarzal justo cuando la parejita feliz iban a tomar moscosos un crucero por las islas griegas; antes de darme cuenta estaba montado con lo puesto en su Jaguar XE tecnología de vanguardia, negro azabache y asientos de piel flor micro perforada, según ellos para pasar unos días en la Manga del Mar Menor, pero lo cierto es que nos detuvimos en este paraje porque me estaba cagando –a mi edad los fuelles flojean- y para cuando salí del retrete solo quedaban como testigos de su presencia, la mancha del aire acondicionado sobre el polvo y un reguero de goma quemada.
-¡Coño!.
-Ya ves. Como diría Bécquer: “del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa”.
-Pos no sé quién es el somé…
-No te preocupes, ya lo suponía. Vamos, que te invito a un café con las dos monedas que antes me prestaste.
Un culo de 360 grados Fahrenheit dignamente sustentado por dos largas y musculosas piernas todo ello enfundado en una licra ajustadísima estampada de leopardo, congestionaba la estrecha cintura hasta la que se descolgaba en cascada una melena de rubio platino y camomila con puntas abiertas; recibió a la extraña pareja a su entrada al restaurante.
-Entonces, ¿dice usted que aún me quedan 150 kilómetros hasta Puerto Urraco?.
-Como mínimo señorita, eso está en La Serena. Debería volver a Trujillo y tomar la A-5. Por las secundarias tardará mucho más.
“¡Ah Trujillo, Hernán Cortés, Núñez de Balboa… cuando los Dioses nacían en la Extremadura!” exclamó don Onésimo interfiriendo en la conversación y acaparando la atención.
Con una estudiada sacudida de cadera y melena al más puro estilo Gilda la rubia giró sus 185 centímetros mal contados para descubrir al antifa y al maestro un rostro afilado que contenía jades pequeños pero escrutadores debajo de unas cejas finísimamente depiladas, nariz respingona y labios exageradamente carnosos. El cutis imposible de definir debido a la gran cantidad de polvo del camino atrapado por las varias capas de maquillaje carecía de importancia ante la prominencia de Adán, que arriba y abajo tragó saliva para saludar:
-Hola, soy Thelma.
-Onésimo, mucho gusto… ¿señora?.
-Señorita… ¿y quién es el mocetón?.
-Soy el Flip
“Parece que hoy va a haber llenazo” dijo el tabernero instando al trío a sentarse bajo las aspas del ventilador mientras adivinaba oteando por el ventanal una nube de polvo aproximarse lentamente por el desvío de la comarcal. Extendiendo tres vasos y una jarra de Pitarra “a esta invita la casa”, salió disparado hacia la trastienda dando voces por sacar de la siesta a las cocineras: “¡los romeros, que llegan los romeros!”.
Don Onésimo que observaba de reojo a Flip ensimismado con el bamboleo del escote de la rubia supuesta, abrió la conversación:
-Thelma… curioso nombre, ¿es de por aquí?.
-No creo, yo soy de Santurce y en realidad ese no es el nombre que me echaron los padrinos en la pila.
-Pos yo soy Felipe.
-¡Mira!, Felipín… qué mono. A mí me pusieron Paqui, Paqui Izquierdo, pero me lo cambié por Bibiana, y ahora prefiero Thelma como la matamachirulos de la peli.
“No la he visto, ¿mola?” preguntó Flip poniendo ojitos y arrimando discretamente su silla a la silla de la amazona. “Debo añadir que acaba trágicamente…” se apresuró a decir don Onésimo intentando romper el flirteo que se veía venir.
-Creo que voy al aseo a empolvarme la nariz, disculpadme chicos.
“¿Pero qué te pasa Felipe?” inquirió el viejo aprovechando el tiempo muerto.
-¿Qué pasa ni qué?, ¿qué pasa ni qué?.
-Pues… ¿que no te has dado cuenta que la de Santurce trae sardina frescué?.
-¿Cómo?.
-Que lleva menudo bocadillo entre las piernas, que trae sorpresa como los huevos Kinder…
-¿Lo qué?.
-¡Que no es Paqui!, ¡que es Patxi!
-¡Pero qué me estás contando colega!
“Ven, sígueme” dijo don Onésimo asiendo al antifa por un brazo y arrastrándolo hasta el WC gentlemen y colándose en él sin llamar.
Thelma, mano izquierda apoyando la pared y mano derecha sujetando un badajo de proporciones vizcaínas, miccionaba plácidamente.
“Perdón señorita, me he equivocado, buscaba el puesto de churros” dijo Flip cerrando de portazo.
-¿Puesto de churros?, ¿en qué estabas pensando?.
-No sé tronko, es lo primero que me ha venido a la cabeza…
Nuevamente el trío reunido bajo los amorosos brazos del ventilador, un silencio embarazoso parecía haberse adueñado de la mesa. “Está rico el vinillo, no es ni blanco ni tinto…” sugirió torpemente don Onésimo escanciando tres nuevos vasos del Pitarra por atemperar la tensión. Los tres lo apuraron de un trago y Thelma tomó la iniciativa y rompió el hielo:
Ok boys, habéis descubierto mi secretillo pero mi terapeuta me aconseja que hable de ello con naturalidad catártica y vosotros parecéis un público ávido de conocimiento así que vamos allá: soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. Dicho así ya sé que parece lo más natural del mundo, algo habitual, casi doméstico, pero a mí en determinadas ocasiones me trastorna y siento una necesidad irresistible de mutilarme los genitales, de autolesionarme o de estrangular a alguien.
“¿Y es ésta por azar una de esas ocasiones, señorita?”, preguntó razonablemente el maestro tomando en consideración su propia movilidad reducida con escaso reprís, y las manazas del de Santurce.
-No, no, la verdad me encuentro muy relajada cuando no olvido tomar mi medicación.
-Es un alivio saberlo. Téngala siempre a mano, si se me permite el consejo.
Flip se encontraba confuso, la visión del estoque de la rubia con cada huevo escapándose en perfecta simetría por ambos lados de la goma del tanga le turbaba, trayéndole recuerdos de experiencias pasadas poco edificantes. Pero sin embargo, no podía sustraer la vista del rotundo escote del bilbaíno.
Thelma, ante la atención cosechada, decidió completar el relato:
Mis abuelos eran de por aquí, pastores, garrulos, sirvientes, furtivos y cosas de esas, pero encontraron un futuro en los Altos Hornos y al norte que se mudaron. Hace algunos años recibí en herencia una villa señorial en Puerto Urraco, al parecer unos primos de mi padre habían muerto sin descendencia. Fue un regalo caído del cielo, la solución a todos mis problemas: la vendería y me diseñaría un cuerpazo como el de Angelina Jolie o María José Cantudo. Pero el mercado inmobiliario de la zona debe andar aún a vueltas con las crisis de Zapatero porque no recibí ninguna oferta ni agente inmobiliario tipo Phil Dunphy que quisiera la exclusiva. Decidí hacer el viaje inverso de los abuelos y montar una casa rural, que es negocio de inagotable futuro según el diario Expansión. “Villa Izquierdo, Amor de Puerto Urraco” la llamaré y una vez forrada me operaré de todo, hasta de juanetes, y me pondré un pedazo coño que ni la Dolores de Calatayud.
“¿Izquierdo dice usted…?, ¿y no se le ha ocurrido pensar en la posibilidad que de la misma manera que no se vende la propiedad a lo peor tampoco se hospeda nadie en ella?” intentó razonar don Onésimo.
“¡¡Oiga vejestorio, ni que arrastrara una maldición!!” respondió la rubia exasperada, congestionándose desde la nuez hasta la raíz de los cabellos y pellizcando con desdén, nerviosamente y a dos manos su entrepierna.
-No se altere señorita… ¿tendrá por lo menos el haloperidol a mano?.
-Si fracasaran mis planes… Dios no lo quiera, tendría que acabar atracando un banco, un bingo, o mejor aún: una peluquería étnica de Lavapiés. Mira que yo estoy muy loca…
Repentinamente, una tormenta de polvo y arena que ríete del Kalahari envolvió completamente el parking entre el estruendo de motores, el claxon simultáneo y alegre de varias docenas de vehículos, y el relincho agónico de caballos sedientos y entumecidos.
“Buenos días nos dé Dios” saludó el personaje que avanzadilla de la partida entró magnífico en el comedor.
“Buenos días don Facundo y ¡viva la Saracalí!” respondió solícito y servicial el tabernero.
…(Continuará)
LARREA  AB/2019
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