LAS MONJAS Y LA BANDERA

En 1898 la escuadra del almirante Cervera, había sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano.
Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas españolas cercadas.

El “Antonio López”, un moderno y rápido buque mercante había salido el 16 de junio de 1898 del puerto de Cádiz con un cargamento de armas y otros pertrechos para la guarnición que defendía la isla de San Juan. Su capitán, don Ginés Carrera, recibió un telegrama en el que se le decía: “Es necesario que usted haga llegar el cargamento a Puerto Rico, aunque pierda el barco”.

El veterano capitán del “Antonio López”, disciplinado y profesional, intentó burlar el bloqueo estadounidense.
El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el “USS Yosemite”, que lo cañoneó. El capitán Carreras logró escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los días siguientes intentó llevar a tierra cuanto podía salvarse del cargamento. Pero dos semanas más tarde, el “USS New Orleans” se acercó para dar el golpe de gracia, destrozándolo a cañonazos.

Tras aquel último ataque, un tripulante del “Antonio López”, se ató la bandera española del barco a la cintura y se tiró al agua para intentar ganar tierra a nado, llegando gravemente herido a la orilla. Entre los portorriqueños que acudieron a ayudar a los náufragos estaba Rocaforte, de padres gallegos, y quiso el destino que el bravo marinero, guardián de nuestra divisa, muriera en sus brazos, no sin antes suplicarle, señalando la bandera: “Que no la agarren”. Y Rocaforte le juró entregar la bandera a quien mejor pudiera custodiarla.

Dispuesto a cumplir su palabra, guardó la enseña española en su casa durante años, sin saber a quién entregársela…
Había unas monjas españolas instaladas en la isla desde 1897, pertenecían a la congregación madrileña de las Siervas de María, y atendían un hospital junto a la boca del puerto. Acabada la guerra y después de la salida de España y de la apropiación de la isla por los EEUU, ellas seguían allí y, con nostalgia, habían adoptado la costumbre de saludar desde la galería del hospital, agitando sus pañuelos, cada vez que un barco de su patria entraba o salía en el puerto… y fue este gesto el que hizo que Rocaforte tuviera la idea de confiarles a esas ocho mujeres, todas de origen español, la bandera de España, y así cumplir la promesa hecha al moribundo de que no la dejaría caer en manos extranjeras.

Se presentó en el hospital, contó la historia a la madre superiora, y le entregó la enseña. Y desde entonces, cuando entraba o salía de San Juan un barco español, las monjas hacían ondear en la galería, en vez de pañuelos, la vieja bandera del barco perdido.

Hoy en día y desde hace más de 2 siglos, las hermanas de las Siervas de María conservan con orgullo la tradición de ondear, desde el prominente balcón del convento hospital donde residen, la bandera española siempre que un barco español entra en la bahía de San Juan de Puerto Rico.

Las monjas de esta congregación de origen español son informadas por el Consulado de España en la isla de la llegada de los barcos españoles, de los que conservan dedicatorias de sus capitanes como testimonio de una tradición que, a pesar de los años, se mantiene en este convento sanjuanero, vecino de “La Fortaleza”, la residencia de los gobernadores de Puerto Rico.

Las tripulaciones de los barcos españoles siempre responden a su gesto cumpliendo el viejo ritual de dar tres toques de sirena ondeando, a su vez, la enseña nacional en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galería agitan la suya.

Las hermanas que residen en este convento, todas enfermeras tituladas, además de continuar la labor de entrega a los más necesitados, son conocidas por hacer ondear una enorme bandera de España en el edificio blanco que alberga el Hospital, próximo a la embocadura en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Cristóbal, cada vez que un buque español visita la isla caribeña.

Desde hace más de 200 años la bandera española sigue ondeando en Puerto Rico… aquel anónimo marinero del “Antonio López” que se arrojó al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la enseña de su barco atada a la cintura, estaría satisfecho.

ROSA M. CASTRO

 

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