LAS MUJERES DE LOS ESCOMBROS

 

“En su mayoría eran mujeres las que cavaban a través de los escombros del centro totalmente destruido de Aachen; picábamos y arrastrábamos piedras durante todo el día para conseguir un cuenco de sopa de los estadounidenses, hasta el pico formaba parte de nuestro equipo”.
Elisabeth Stock (memorias a los 83 años)

De los 16 millones de viviendas de Alemania, más de 4 millones -además de escuelas, talleres, fábricas, monumentos y edificios públicos- quedaron reducidas a 400 millones de metros cúbicos de escombros tras el fin de la guerra.
400.000.000.

Los bombardeos aliados que literalmente arrasaron las grandes metrópolis germanas no pudieron, sin embargo, doblegar el espíritu de sus mujeres.
El coste en vidas humanas, en este caso de hombres jóvenes, también pasó su factura y el saldo negativo masculino dejaba una población superior de 7 millones de mujeres frente a los hombres. Y ello sin contar con que generaciones enteras de varones habían o perecido o resultado mutiladas. Alemania, para afrontar su reconstrucción, era un país de niños y viejos.
Pero estaban ellas.
Trümenfrauen, literalmente “las mujeres de los escombros”.

Los vencedores, las potencias ocupantes aliadas, decidieron en un “alarde de feminismo” que todas las mujeres de entre 15 y 50 años debían ocuparse del desescombro de las ciudades.
Y lo hicieron.
Orgullosas, valientes, decididas, abnegadas, trabajadoras infatigables, humilladas pero nunca rendidas, retiraron piedra a piedra, ladrillo a ladrillo, y reciclando esos mismos escombros de lo que habían sido sus hogares, pavimentaron calles cegando los socavones de los obuses de la democracia.
Y levantaron, tal vez sin darse ni cuenta, su propia nación.
Porque las naciones son el esfuerzo colectivo de sus hijos.
Carretillas manuales o de tiro de mulas (los caballos ya se los habían comido) y picoletas como toda tecnología, sin romper los ladrillos para poder reutilizarlos en reparaciones y nuevas construcciones, transportándolos a mano desde los las ruinas hasta la acera mediante una cadena humana. Allí se colocaban en soportes de madera o de otros materiales sólidos y se limpiaban de restos de mortero con una alcotana. Después, se apilaban los ladrillos limpios formando pilas de 200.

El 30 de septiembre de 1949, Louise Schroeder pidió ante el Bundestag el pleno reconocimiento de estos logros, con las siguientes declaraciones: “Nuestras mujeres han sido las que con sus manos desnudas han liberado nuestras calles de peligros mortales y de escombros. Y como mujer debo decir que aquí tenemos una verdadera obligación moral, una obligación moral con las mujeres que aun con el pelo blanco siguieron con la retirada de escombros”.

El 2 de mayo de 1952 el presidente de la República Federal, Theodor Heuss, otorgó la Cruz federal al Mérito de Alemania a 32 trümmenfrauen.

En 1986, una antigua mujer de los escombros se suicidó porque no podía pagar el aumento del alquiler de su vivienda a causa de las bajas pensiones que recibía.

Alemania, que aún sigue pagando millonarias compensaciones al -entonces inexistente- estado de Israel, tiene una deuda eterna para con aquellas mujeres.

LARREA –  Marzo 2018

 

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