LAS PUTAS DE LA OPINIÓN

 

Desde que Cebrián y Polanco (marrajos multimillonarios engordados a la sombra senil del último franquismo) convirtieran el periodismo español en una sumisa maquinaria al servicio de los lobbys, cuadrillas y monipodios que diseñaron ese negociado de trileros llamado Transición, los periodistas españoles – con escasísimas excepciones – han sido putas de la opinión, correveidiles de los partidos, pajilleras de los banqueros, feladores de los capos de la construcción y complacientes mamporreros del discurso dominante y apoquinante.

Las diversas ganaderías de voces mercenarias compiten a veces entre ellas destapando alguna letrina del jefecillo rival. Es lo que se llama “periodismo de investigación”. En realidad no suelen investigar una mierda, limitándose a difundir la basurilla filtrada por gabinetes de prensa, servicios de información o cuerpos y fuerzas de seguridad del tinglado, pero cubren cierta apariencia de pluralidad para que los paletos levemente ilustrados puedan hacer la digestión tranquilos y suspirar agradecidos por vivir en un país con tantísima libertad de prensa.

Gracias a estas filtraciones interesadas, nos enteramos de las pequeñas o grandes miserias de algún gerifalte – o gerifalta – para que sea debidamente sustituido por otro, generalmente peor.

Estos calculados escándalos son como ese objeto que el ilusionista agita con una mano para que no te fijes en lo que oculta en la otra.

Así, los choriceos de la Cifuentes en una perfumería o la ostentosa mansión del macho alfa podemita hacen que la gente esté distraída y no se fije demasiado en que España está a punto de romperse por la pasividad cómplice del Gobierno ante la perfidia separatista.

Así, la multitudinaria movilización contra una violación cometida por españoles contribuye al sistemático silencio sobre las numerosas violaciones cometidas por inmigrantes.
Así, las bacinerías sobre los dos imbéciles separatistas que hicieron el ridículo en Eurovisión, nos distraen del intento de minimizar los crímenes de la ETA.

O de la sistemática tergiversación de nuestra Historia por el revanchismo de falaces memorias histéricas y sectarias alcaldesas seniles.

O de que todos los charlatanes políticos (valga la redundancia) hagan grandes aspavientos por la quiebra del sistema de pensiones pero ninguno cuestione el despilfarro y las mamandurrias del Estado de las Autonomías ni los sueldos, dietas y prebendas de los parlamentarios, parlamentarillos y paniaguados.

O de que ninguno ose proponer cerrar el grifo del erario público a unos sindicatos cocougeteros que, plagados de “liberados”, chupones y otros parásitos jamás han defendido a los trabajadores y han sido cómplices de la precarización laboral más salvaje.

O de que nadie cuestione en lo más mínimo la política suicida y genocida de incentivar la inmigración mediante la concesión de ayudas a la población extranjera mientras se niegan esas ayudas a los españoles.

Los periodistas son las putas de la opinión. Lo peor es que la calidad de las suripantas ha ido a menos como el criterio de sus gregarios lectores, oyentes y espectadores o como la ralea de los políticos a los que sirven.

Hace unos años, uno podía leer a Umbral o a Emilio Romero que, por lo menos, sabían escribir. Ahora no pasamos de anarrosas, guarromings y pablomotos.
De putas de lujo y lencería fina a esquineras desdentadas y tangas de mercadillo.

J. L. ANTONAYA

 

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate