LAS RUINAS DEL PASADO

“Las huellas que subsisten -tan sólo en piedra la mayoría de los casos- de algunas grandes civilizaciones de los orígenes, ocultan a menudo un sentido raramente comprendido. Ante lo que queda del mundo grecorromano más arcaico, y aún más allá, de Egipto, de Persia o de China, hasta los misteriosos y mudos monumentos megalíticos esparcidos por los desiertos, los montes y los bosques, como últimos vestigios visibles e inmóviles de mundos sepultados y desaparecidos -y, como límite, en la dirección opuesta de la historia, hasta ciertas formas de la Edad Media europea-, ante todo ello, uno llega a preguntarse si la milagrosa resistencia al tiempo de estos testimonios, dejando de lado la favorable ayuda de circunstancias externas, no contiene además un significado simbólico”.  (JULIUS EVOLA. “CIVILIZACIONES DEL TIEMPO Y CIVILIZACIONES DEL ESPACIO”)

La estética de las ruinas, el vestigio del pasado se convierte en el símbolo de la transitoriedad, de la permanencia, del ocaso. Aquello que fue y ya no es, de su antiguo esplendor sólo ruinas quedan, de ahí a veces su inquietante belleza y poder casi atávico de seducción y de atracción, ellas nos dicen mucho más que las palabras vacías, insustanciales y sin alma de los modernos y viles bocazas de la democracia y su charlatanería fácil sólo apta para esclavos.

En un mundo donde el Espíritu ha desaparecido o se ha retirado, o mejor dicho escondido, sólo los “buscadores de Tradición” nos deleitamos ante las mismas. Como decía el Maestro romano: “La oposición entre las civilizaciones modernas y las civilizaciones tradicionales puede expresarse del siguiente modo: las civilizaciones modernas son devoradoras del espacio, mientras que las civilizaciones tradicionales fueron devoradoras del tiempo”. La democracia, el mundialismo, el multiculturalismo y demás escorias modernas, buscan realmente la ruptura del hombre no sólo con el entorno, con las Leyes del Cosmos y de la Naturaleza, sino sobre todo con el Pasado, cuando real y fundamentalmente eso es lo que somos, PASADO…

No seguimos a los antiguos, buscamos lo que ellos buscaron. Amamos el misterio, lo recóndito, lo inaccesible, lo intemporal, la identidad, lo intangible, lo inmutable, lo remoto… ¿El hombre sin Pasado? el moderno subhumano masificado sin Tradición, sin valores y sin referentes elevados es en definitiva el mismo,

JOAN MONTCAU


 

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https://elpais.com/ccaa/2019/07/28/madrid/1564328332_532942.html

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