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LENI RIEFENSTAHL, LA MEJOR REALIZADORA DEL SIGLO XX

La artista Helena Amalia Bertha Riefensthal nacida en Berlín el 22 de agosto de 1902 y más conocida como Leni Riefenstahl, en su juventud había sido una excelente bailarina, pero una lesión la aparta de los escenarios y comenzó a trabajar con el director Arnold Franck en filmes sobre alpinismo.
En 1932 decidió intentar dirigir su propia película, llamada “La luz azul” (Das Blaue Licht), filme situado en los Alpes, que tras ser premiado en la Mostra de Venecia, la lanzó a la fama internacional.

Más tarde dirigió sus dos famosos filmes, por los que recibió aclamación mundial:

“El triunfo de la voluntad” (Triumph des Willens), en 1934, sobre el congreso del partido nacionalsocialista en Núremberg; Dispuso para el rodaje de esta obra maestra del cine, de 130.000 metros de película (60 horas), 16 operadores y otros tantos ayudantes, 30 cámaras, 4 equipos de sonido, un dirigible para tomas aéreas, 130 reflectores gigantescos y más de 350.000 habitantes de Nüremberg como extras gratuitos y disciplinados. Sería premiada en la exposición de París de 1937 y hasta obtuvo los elogios del mismísimo Charles Chaplin, con lo que el talento de la directora adquiere prestigio mundial.

“Olympia”, sobre la apertura de los Juegos Olímpicos celebrados en Alemania en 1936. La cinta, que está dividida en dos partes, “La fiesta de los pueblos” y “La fiesta de la belleza”, fue premiada con gran éxito de público y crítica con un León de Oro en el Festival de Venecia, convirtiéndose en un referente en el mundo cinematográfico. Utilizó efectos especiales y avances en la postproducción que fueron muy innovadores en su época, con 35 cámaras y numerosos teleobjetivos captó los pequeños detalles de cada competición. Tuvo a 60 operadores trabajando a sus órdenes y experimentó con métodos revolucionarios para la época: colocó ruedas bajo las cámaras para poder seguir la marcha de los atletas y cavó fosos en el estadio para captar los saltos desde una perspectiva aérea. Se valió de un objetivo de 600 mm, el de más largo alcance, y de una cámara subacuática ideada especialmente por uno de sus colaboradores para los saltos de trampolín. El resultado fueron más de 400.000 metros de película, que redujo a 100.000.

Ambas películas son recordadas como obras maestras por sus nuevas propuestas estéticas y técnicas, aunque criticadas por su exaltación al régimen.

Tras el final de guerra fue detenida e interrogada por el ejército norteamericano. Encarcelada bajo investigación, una comisión declaró que sólo era “simpatizante” de los nazis, y que Riefenstahl nunca se adhirió al partido nazi.
Le fue confiscada la casa y todas sus posesiones, entre ellas las copias de sus películas, y las propuestas cinematográficas de Riefenstahl fueron descalificadas por su estrecha relación con el régimen nazi, y sólo muchos años después fueron rescatadas y valoradas.

La directora se consideraba víctima de una campaña de difamación. “El 90% de lo que se dice sobre mí es mentira”, aseguró en una ocasión al presentar un libro sobre su vida.

Siempre negó haber sabido del Holocausto y ganó cerca de cincuenta juicios de difamación.
“Hice El triunfo de la voluntad mucho antes de la guerra y recibí por ese documental todos los premios imaginables y a ningún periódico se le ocurrió decir que era una película de propaganda nazi. Después de la guerra, todos los periódicos empezaron a decir que sí lo era”. “Eso ocurrió porque perdimos la guerra y porque se hicieron muchas cosas horribles en nombre del pueblo alemán y había que buscar un chivo expiatorio, y me escogieron a mí porque había hecho la mejor película de la época”, dijo una vez en la Feria de Fráncfort.

Con el tiempo sus detractores fueron disminuyendo y en los últimos años de su vida se hicieron muchas retrospectivas y homenajes a su corta pero genial carrera cinematográfica.

Después de todo el proceso post bélico, en los años 50, Riefenstahl inició una brillante carrera como fotógrafa, con más ochenta años se aficionó al submarinismo y se dedicó a retratar la vida submarina.
Posteriormente, su reportaje gráfico de los indígenas de la tribu Nuba en Sudán tuvo un enorme éxito internacional.

A la fotógrafa alemana se le paró el corazón a los 101 años de edad en la localidad de Poecking, la región alemana de Baviera donde vivía.
Después de su muerte, fue reconocida como una elogiada pionera de las técnicas fotográficas y cinematográficas, la madre de los documentales, y la mejor realizadora del siglo XX.

ROSA M. CASTRO

 

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