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EL LEÓN DEL ATLAS

Cuentan los naturalistas que sus proporciones lo hicieron victima propiciatoria. Rey de reyes, el león del Atlas fue pasto de su propio poder. Cualquier petimetre acaudalado o alfeñique coronado quería alardear de haber matado alguno y poner su cabeza de larga y espesa melena negra sobre la chimenea de su pabellón de caza.
Con la aureola medieval que le asignaba poderes místicos o religiosos, desde emperadores romanos hasta monarcas ingleses (fue instalada una pareja en la entrada de la Torre de Londres) a lo largo de los siglos se hicieron con algún ejemplar como símbolo del inmenso poder que poseía el tenedor.
Hoy en día, de aquellos leones tan solo queda el mito.
Ésta no va de política, ni de guerracivilismo ni de memoria histórica, ni siquiera se trata de franquismo. Éste es un asombroso relato de vidas cruzadas, de caminos condenados por Dios o el mismísimo Diablo a encontrarse y cambiar todos los destinos escritos.
Y sobre todo, es una historia de valores: lealtad, honor, valor, camaradería, honestidad, fidelidad, todas aquellas cualidades personales que hacen hombres a los hombres y que hoy, lamentablemente, se han perdido.
Se extinguieron… como el león del Atlas.
El joven rey de España, al que algunos seguro que en su época principesca llamaron “el Preparado” se encontraba visitando sus posesiones en el Rif.
Alfonso el 13, acompañado de un maestro que pocos años después le daría enormes dolores de cabeza y alguna lección de estrategia (al monarca le encantaba jugar a los soldaditos), visitaba los pobres barracones que hacían las funciones de escuela.
El Rey pidió al maestro Muhammad Abd el-Krim que mostrara los avances de sus alumnos.
Un chaval de apenas 13 años que hablaba correctamente el español salió voluntario. Alumno aventajado, dejó boquiabierto al monarca por sus conocimientos de geografía, matemáticas e historia.
Según relata la crónica de El Telegrama del Rif (11/1/1911) “el niño resolvió un complicado problema de regla de interés y fue capaz de señalar en los mapas de Europa ríos, regiones y capitales”.
El Rey pasmado (valga la redundancia) le hizo la típica pregunta de las visitas inoportunas:
-Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?
-¡Quiero ser como usted!
“¿Quieres ser Rey?” respondió Alfonso entre divertido y satisfecho.
-No, quiero ser soldado
“¿Soldado?”, se sorprendió el monarca.
-Quiero ser capitan de los ejércitos de España
-¿Y cuál es tu nombre?
-Mohammed Ben Mizzian
-Tienes mi palabra de que lo serás
Y, sin que sirva de precedente, el 13 de los Alfonsos no faltó a ella.
No fue tarea fácil, hubo que cambiar la ley que impedía el ingreso en la Academia de alumnos no cristianos y huelga explicar las reticencias a que un moro vistiera nuestro uniforme en Toledo, pero con todo y con ello, el testarudo Ben Mizzian se despachó alférez en 1916 y es de inmediato destinado a su tierra natal.
Africa era un polvorín en constante ebullición y en el transcurso de estos años, el joven alferez había perdido a su padre que, leal a España, se había enfrentado a una revuelta rifeña.
Coincidiendo con la toma de destino de Ben Mizzian, el 29 de junio, se produce la terrible batalla de El Biut donde tropas españolas caen en una emboscada de las harkas indígenas muy superiores en número, siendo diezmadas y muertos varios oficiales entre ellos el propio comandante Muñoz Güi. En plena batalla toma el mando un jovencísimo capitán de Regulares que poniéndose al frente del Tabor resulta a su vez herido de gravedad en el vientre. Tras ser operado a vida o muerte, finalmente salva la vida y es ascendido por su valor en combate a comandante con tan solo 23 años: comandante Franco.
Era solo cuestión de tiempo que las vidas de ambos soldados se cruzaran.
El teniente Mizzian es herido de gravedad en el Desastre de Annual y su comandante Franco le visita en el hospital. Poco despues, en la campaña contra Abd del-Krim (el antiguo maestro de escuela española, ahora erigido caudillo rebelde) es cuando el ya capitán Ben Mizzian salva la vida del teniente coronel Franco, fraguándose entre ellos una amistad y lealtad recíproca que duraría toda la vida.
1936. Un informe de los espías de Prieto en el ejército (la Unión Militar Republicana Antifascista) afirma que Ben Mizzian “es uno de los cinco únicos comandantes de la Circunscripción Oriental de Marruecos sin un sentido específico antirrepublicano” .
Se equivocaban.
Ben Mizzian, musulman profundamente creyente, no podía soportar las quemas de iglesias, la persecución religiosa y la destrucción de templos e imágenes que el Gobierno tolera, cuando no alienta.
Además, ha estado con Franco (una vez más) en Asturias en el 34 y ha conocido de primera mano los estragos revolucionarios y sabe bien del intento secesionista de Companys, y este soldado español nacido en el Rif es de los que piensan que por encima de las órdenes, está el deber.
Sus columnas de excelentes soldados rifeños participan prácticamente en todos los frentes importantes de la guerra civil: liberación de El Alcázar, Ciudad Universitaria de Madrid (donde nuevamente es herido en combate), Oviedo, El Ebro, liberación de Cataluña… no hay un palmo de tierra en España que no contenga los huesos de un soldado moro enterrado según sus ritos y con su turbante reglamentario como sudario, tal y cómo se acordó en su alistamiento.
Acabada la guerra, Franco premia a su camarada de armas con la Comandancia General de Marruecos, y el valor y lealtad de sus soldados con el honor de la Guardia Personal del Generalísimo.
Muchos años despues, una hija de Ben Mizzian se casa en secreto con un militar español, sobrino del ex-ministro de Asuntos Exteriores, el muy católico Alberto Martín-Artajo.
Martín-Artajo, un hombre de notable influencia había sido presidente de Acción Católica, artífice del Concordato con la Santa Sede (1953), del Pacto de Madrid (acuerdos con EEUU, 1953), y durante su mandato España ingresa en la ONU (1955).
Para ser desposada por un miembro de tan notable familia, la hija de Ben Mizzian fua requerida a abrazar la fe católica, hecho éste que enfureció al viejo soldado musulmán. Invitada la pareja a Marruecos, Mizzian secuestra a su hija y factura en un avión de vuelta a España a su marido.
El escándalo es tremendo y Franco es requerido por el Consejo Supremo del Ejército, a que fuese retirada la paga española que Mizzian aún percibía a pesar de haberse instalado en el nuevo reino de Marruecos.
El Caudillo desestimó cualquier reclamación contra su viejo amigo.
La muerte les unió a ambos en Madrid en 1975.
Si alguien quiere conocer algo más del único león español del Atlas, puede visitar el museo privado que dedicado a su memoria creó su hija Leila en Béni Ensar, su pueblo natal.
Dicho museo está instalado en una casa que en su día le regaló Franco.
 LARREA  AB/2019
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