UN LIBRO. CONFIANZA EN UNO MISMO. (R.W. EMERSON)

Emerson, Thoreau y Whitman son puro Resplandor.

Mi pasaje favorito de «Confianza en uno mismo»:

“No viváis para seguir satisfaciendo lo que esperan de vosotros esas gentes engañadas y engañosas con que nos relacionamos. Decidles: ¡Oh padre, oh madre, oh esposa, oh hermano, oh amigo!, hasta aquí he vivido con vosotros, conforme a la apariencia. De aquí en adelante, pertenezco a la verdad. Que se sepa que de ahora en adelante no obedeceré más ley que la eterna. No quiero tener convenios, sino vecindades. Trataré de alimentar a mis padres, de sostener a mi familia, de ser el marido fiel de una mujer; pero estas obligaciones las cumpliré de un modo nuevo y sin precedentes. Me aparto de vuestros usos.”

En un mundo como el nuestro, donde la individualidad está apagada por lo políticamente correcto, por el miedo al cambio o a que alguien sobresalga en una mediocridad consensuada, este pequeño libro de Emerson, que sólo quiere contar una cosa, la honestidad como única forma de felicidad, resulta regenerante.

El mundo no cambia nunca, vivmos en realidad siempre el mismo tiempo porque el reto sigue siendo el mismo, llevar a cabo nuestra propia verdad dentro de una sociedad que debilita, que busca el consenso para abonar un campo donde los deseos particulares puedan cultivarse.

La verdad a la que se refiere Emerson, la individualidad, no tiene que ver con el deseo particular, sino con la única certeza que tenemos, la intuición del propio camino, que no coincide con el social, pero sí con una verdad universal.

No existe sociedad que no conspire contra la condición humana de cada uno de sus miembros. La sociedad es una empresa de capitales cuyos integrantes, con el fin de asegurarse mejor el pan de cada accionista, deciden de común acuerdo renunciar a la libertad y la cultura de quien soporta sus gastos la virtud más exigida es la aquiesciencia. La confianza en uno mismo es aborrecida. No gusta de la realidad ni de los creadores, sino de nombres y costumbres.

¿Es acaso tan terrible no ser comprendido?Pitágoras no fue entendido, ni Sócrates, ni Jesús, ni Lutero; y tampoco lo fueron Copérnico, Galileo o Newton, ni ninguno de los espíritus puros y sabios que han pisado la tierra. Ser grande es ser mal comprendido.

Cuando todos sepamos vivir según nuestro leal saber y entender, el brillo de las acciones de los reyes pasará a las de los hombres honestos.

¿En qué consiste ese Yo primigenio en el que cabe cifrar la fuente de la confianza universal?… La investigación nos conduce hasta esa fuente que es a la vez la esencia del espíritu, de la virtud y de la vida, a la que denominamos Espontaneidad o Instinto. A esta sabiduría primordial la llamamos Inuición…

El hombre es pusilánime y proclive a las disculpas. Como le falta firmeza para decir “yo pienso”, “yo soy”, cita a cualquier santo o sabio.

“Lo que amamos, eso es lo que tenemos; pero con el deseo nos privamos del amor.”

Resulta increíble que una reflexión del siglo XIX sea tan necesaria en este momento. La descripción que hace de su sociedad coincide con la nuestra. Han variado las formas, mientras que entonces era más evidente el peso la generalidad, ahora resulta confuso hasta el punto que uno de los problemas fundamentales es identificar “al enemigo”.

ALFRED HORN

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