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LIGAS, LIGUEROS Y PAÑOS CALIENTES

 

Fue en los antros deliciosamente golfos de la Belle Époque: en los Folies Bergère, Molinos Rojos y demás templos de la diversión cabaretera, entre los taponazos del descorche de champám y las notas alegres y frenéticas del can-can, donde nació una pícara y elegante tradición en torno a una de las prendas más sugestivas de la indumentaria femenina: la liga.

Para los que, por edad o mal gusto, sólo hayan conocido los “pantys” como envoltorio de las piernas femeninas, hay que decir que la liga es una pieza de material elástico que sirve para ajustar las medias al muslamen. Esta prenda, que en su versión más utilitaria es una simple tira de goma, alcanzó sofisticaciones y refinamientos que podían llegar a incluir pedrería y sedas. La hermosa costumbre a la que me refiero consistía en obsequiar con una de estas primorosas prendas a la vedette, bailarina o simple suripanta de uno de estos bulliciosos locales nocturnos. Para ello, la señorita extendía grácilmente la pata encima de la mesa del juerguista y éste le ponía personal y morosamente la liga entre el regocijo de sus compañeros de mesa. Éste es el origen del término “ligar”.

La liga ha sido objeto de fascinación y sugerente trofeo de noches crapulosas. Y este seductor embrujo pervive a día de hoy incluso en entornos tan desangelados y carentes de encanto como las redes sociales.

Para muestra un botón: Resulta que en Italia, el ministro que ha rechazado el cargamento de futuros manteros que -con las hipócritas bendiciones de la progresía- acabará desembarcando en Valencia, es un tío que pertenece a la liga. Es una liga menos amena que las anteriormente descritas y parece ser que antes se llamaba liga norte y tenía entre sus fines desmembrar Italia separando las regiones más ricas de las más pobres.
Pero algo debe tener la liga para que muchos comentaristas “afines” disculpen a este marrajo y aduzcan delicados matices y sesudas excusas para justificar su afición a exhibir esteladas, ikurriñas y otras mierdas antiespañolas. Porque es de la liga.
Según estos avezados analistas políticos, el hecho de que el fulano tenga indisimuladas simpatías por el hijoputerío separatista más abyecto es algo que hay que analizar con la debida mesura. Porque es de la liga.
Estos profundos conocedores de la política identitaria, nos tidan de energúmenos analfabetos y fachas a los que, desde visiones menos refinadas, afirmamos que cualquiera que exhiba una estelada es simplemente un hijo de la gran puta. Aunque sea de la liga.

J.L. ANTONAYA

 

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