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LO QUE TENDRÍAMOS DE APRENDER DE LA IZQUIERDA

 

Que los mayores lastres del área de la ultratorcida española es la exposición de nuestros actos de cara a la opinión pública, por un lado, y la organización y coordinación entre los distintos grupúsculos, por otro, no se le escapa a nadie. Con esto ocurre lo que llevamos viendo año tras año. Testimonialismo.

El nacionalismo español, hoy por hoy, necesita de formas muy cuidadas. No en vano lleva 40 años encajonado, marginalizado y criminalizado, por lo que siempre aparece a modo de reacción, como resorte ante una agresión. (Véanse anormalidades como que buena parte de sus símbolos sean tomados del plano deportivo, el “yo soy español” de aquel España-Rusia en el mundial, por ejemplo).

Entonces, ¿qué ocurre? Ocurre, que cualquier movimiento sin una organización que lo articule, cuidando de forma impoluta las formas, queda relegado a un movimiento de mayor o menor potencia de pronta caducidad, sin capacidad para articular esa respuesta de forma efectiva. Y cada acto o convocatoria termina derivando en un montón de gente para aquí y para allá, sin sensación de tener claro el objetivo. Mientras tanto, los elementos más agresivos van apropiándose todo el espacio en busca de enfrentamiento y dando el cante por las calles. Esto lo hemos podido ver en miles de ocasiones.

Por lo tanto, no podemos permitirnos el lujo de servirle en bandeja al enemigo lo que necesita para contener el movimiento. Si queremos a la opinión pública de nuestro lado no podemos seguir con la mentalidad de “por mis cojones me planto aquí”, “a mí nadie me dice cómo o qué hago”, ” complejo ninguno”. Porque mientras nosotros sacamos nuestro orgullo irracional cantando sieg heils o caras al sol en actos de índole patriota, a costa de seguir siendo señalados día sí día también, los CDR controlan sus convocatorias prácticamente sin imprevistos, movilizan a chavales y viejos con acciones claras, etc. Y si la cosa se va de madre, la capacidad de reacción es alta dado el grado de organización que tienen, se les señala, aísla y expulsa. Eso en actos con miles de personas a las que controlar.

Todo esto, refleja que son los propios militantes, gente a la que se le supone un mínimo de formación, los que entienden que sus ideas son una suerte de modo de vida, una cosmovisión, unos ideales muy nobles y muy buenos con los que sentirse bien con uno mismo, pero no se pretende que esos ideales sean operativos más que en su paja mental por la cual un día lejano todo estallará en una suerte de alzamiento nacional espontáneo y se hará justicia.

El tema de las hostias está muy bien, y puede que en cojones los nuestros valgan por seis o siete pierdeguerras, pero muestra una inoperancia y una falta de organización que los antifas no tienen. Y vaya por delante que ni mucho menos es mi intención quitarle mérito a quienes siempre están ahí dando la cara, pero necesitamos organización y disciplina si queremos vencer en esta guerra cultural.

JORGE MARTÍNEZ

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