Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

A LOS 62 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO HÚNGARO

 

El 5 de marzo de 1953 muere el genocida bolchevique Josef Stalin y en febrero de 1956 Nikita Jruschov lee, en el seno del XX Congreso del PCUS, un “informe secreto” denunciando los crímenes del stalinismo. En Hungría el clima social era de descontento por la penuria económica generada por una economía marxista que no le prestaba ninguna atención a las básicas necesidades materiales de la población y por la brutal represión que se ejercía a través de la policía política, la AVH, cuyos odiados miembros eran conocidos popularmente como los “avos”.

Así andaba el clima político cuando los estudiantes húngaros convocaron una manifestación para el día 23 de octubre. La manifestación, que empezó sobre las 15.00 horas, pronto se convirtió en una concentración multitudinaria que tenía diferentes brazos por el centro de Budapest. En esta manifestación el símbolo más portado eran banderas húngaras con el escudo de la “república popular” recortado. Las consignas se irán dinamizando al calor de la marcha de los acontecimientos, del “muerte al comunismo” se pasará al “mueran los stalinistas” y al derribo de una colosal estatua de Stalin.

Una parte de la muchedumbre se dirigió a los locales de la radio con el objetivo de ocuparlo y radiar desde allí las medidas programáticas que el movimiento iba elaborando, medidas como la salida inmediata de las tropas soviéticas del suelo húngaro, la formación de un gobierno bajo la dirección de Imre Nagy y la elección por sufragio universal directo y secreto de un nueva Asamblea Nacional. Pero la radio estaba ocupada por miembros de la policía política, la AVH, ésta empezó a disparar contra la muchedumbre entre las 20.00 y las 21.00 horas. Fue una matanza que desencadenó una respuesta popular violenta. Los contingentes más decididos de los estudiantes y obreros, sobre todo jóvenes, fueron a armarse en cuarteles del ejército húngaro donde los soldados no oponían resistencia y entregaban el armamento. Había empezado la insurrección popular, se combatirá por todo el centro de Budapest y en los alrededores de las fábricas mientras los barrios se convierten en las zonas seguras donde se instalan los cuarteles de la revolución.

La casta burocrática húngara, conducida por Gerö, asustada por la insurrección que han desencadenado, ha pedido a Moscú el apoyo del ejército soviético. Así, los tanques soviéticos entran por primera vez en Budapest. Cuando estudiantes y obreros jóvenes se encaraman a los tanques y les explican a los tanquistas por lo que luchan éstos se mostrarán inseguros, decidirá la oficialidad. A la vez, algunas tropas húngaras apoyan a las soviéticas mientras otras están indecisas y otras arman a trabajadores y estudiantes y se unen al movimiento. El ejército húngaro no bascula sólo en una dirección, duda entre la represión o la solidaridad. De la ambivalencia de los militares húngaros es un ejemplo el general Pal Maléter que primero está en contra del movimiento y después se unió a él.

Antes de estos hechos, Moscú ya había mandado a Hungría para valorar la situación a cuadros stalinistas como el ideólogo Mijaíl Súslov y el tecnócrata Anastas Mikoyán. Estos y otros representantes del Kremlin estarán en permanente contacto con Imre Nagy y su gobierno por lo que en Moscú saben de primera mano lo que quiere hacer el gobierno de Nagy. Los acontecimientos se suceden. El 25 de octubre las tropas soviéticas de ocupación recuperan el edificio de la radio mientras otras se apostan frente al Parlamento. Los “avos” harán el clásico papel de provocadores disparando desde el Ministerio del Interior, que está en frente del Parlamento, en dos direcciones, a la multitud y a los soldados soviéticos. En la balacera que se arma a continuación el pueblo húngaro pone los muertos. Alrededor de trescientos cadáveres siembran la plaza. Esta matanza incrementa la lucha, extiende la huelga general y azuza la represión popular. Así, no extrañará que se den linchamientos de “avos” en Budapest y que en ocasiones sus cadáveres sean colgados por los tobillos y que desde la muchedumbre se les escupa e, inclusive, que se apagen en sus cuerpos las colillas de los cigarros. También en Mosonmagyaróvar se ajusticiará a “avos” porque éstos previamente han disparado a una manifestación asesinando a unas cien personas, entre ellas niños y mujeres, y dejando heridas a otras doscientas. Esto llevó al levantamiento armado y al ajuste de cuentas con los “avos” asesinos.

Ante estos hechos el temor de la nomenklatura moscovita, con Jruschov al frente, es doble. Por una parte, tiene miedo a la consolidación de una revolución política ya que ésta no se sometería a Moscú e influiría en el movimiento de dentro y de fuera del entorno soviético, y, por la otra, no quiere perder fuerza en la arena internacional. Imre Nagy le comunicará al embajador soviético, Yuri Andropov, que Hungría dejará el Pacto de Varsovia. Los jerarcas soviéticos toman la decisión de aplastar la insurrección por lo que los representantes del gobierno de Nagy que están negociando con los representantes soviéticos son detenidos por los propios soviéticos en la noche del 3 al 4, entre ellos el ministro de Defensa, el general Pal Maléter, que estaba negociando con los mandos del ejército soviético en Tököl, al sur de Budapest.

En la madrugada del 3 al 4 de noviembre el ejército soviético invade por segunda vez Hungría. Imre Nagy se refugia en la embajada de Yugoslavia, saldrá con la promesa de que su vida será respetada pero lo que ocurrirá es que lo detendrán, lo juzgarán y lo fusilarán el 16 de junio de 1958. Cuando los stalinistas juzguen a Nagy, éste afirmará que “estoy seguro que la Historia condenará a mis asesinos”.

El Kremlin implanta un gobierno presidido por János Kádár que ha cambiado de bando: del gobierno de Nagy a peón “reformista” de Moscú. La revolución política que podía haber traído la libertad a Hungría había concluido. La contrarrevolución stalinista había triunfado. Pero ese levantamiento popular fue la semilla que germinará treinta años después y que significaría el final de regímenes genocidas en toda Europa del Este.

Patriotas hungaros:
¡PRESENTES!

A.MARTÍN

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies