LOS ABUELOS DE ESPAÑA

Me contaba mi abuela que el día que las tropas del Ejército Nacional liberaron Barcelona después de tres años de guerra, todos los barceloneses incluyendo niños y ancianos, salieron a la calle llorando de alegría para celebrarlo.
También me contaba mi abuela que allá por los años 60 todo el mundo de cierta edad presumía de haber tomado café con José Antonio.

Años después, ya casi en el albor del S.XXI cuando yo me afilié a Falange se acercaba algún abuelillo -que en la época de la guerra no tendría más de 10 años- que te decía en voz muy bajita, ya con miedo a que alguien le oyese… ¿sabes? yo tomé café con José Antonio. Tantos cafés debió tomar José Antonio en su corta, pero intensa, vida pública que no hay horas en el reloj ni días en el calendario para haber satisfecho tanto compromiso. Pero, ¡oiga! en aquella época José Antonio estaba de moda, y todos los abuelos y abuelas de España (no se me vayan a enfadar los de la ideología de género) tomaron café con él en algún momento de sus vidas. Si querías estar a la moda es lo que había…

Y mi madre… pues mi madre también tiene memoria y además pasa de las modas…es lo que tiene venir de una familia a la que no ha atacado con saña el Alzheimer de la democracia ni la moda de la hijoputez… y mi madre me cuenta que el día que murió Franco miles de personas, entre ellas los abuelos y abuelas de España desafiaron al frío en inmensas colas para dar su último adiós al que hasta ese mismo día había sido su caudillo. Pero es que en esa época Franco, aún estando muerto, también estaba de moda… Tan de moda que el por entonces recién coronado Rey Juan Carlos I, no dudó ni un segundo en ordenar que fuese enterrado en el Valle de los Caídos, en sitio prominente, al lado del crucero.
Mi madre también me cuenta que una vez muerto Franco en los años posteriores, esos mismos abuelos y abuelas acompañados de sus vástagos y sus pequeños nietos algunos aún en el carrito, acudían de todos los rincones de España al Valle de los Caídos y a la Plaza de Oriente y se desgañitaban levantando el brazo al grito de ¡Franco!¡Franco!…
Hasta que Franco dejó de ser la moda…

Pero ¡ay, qué malo es el Alzheimer! Hoy los nietos de esos abuelos, siguiendo la costumbre familiar, también les gusta presumir y estar a la moda y resulta que dicen que… ¡a su abuelo o a su abuela, o a los dos, los mató Franco! Y con sus propias manos, oiga… porque hoy cualquier demócrata que se precie necesita tener un abuelo, una abuela, un tío lejano o su perro asesinado por Franco para ser considerado demoguay y de paso medrar si es menester.
Y señores, para satisfacer a tanto nieto cuyos abuelos mató Franco nos quedamos sin abuelos en España o nos sobran nietos con Alzheimer. Porque esos abuelos de cuya muerte a manos de Franco presumen hoy estos nietos, son los mismos que tomaron café con José Antonio o que lloraron al caudillo en aquel frío noviembre de 1975.
Porque en España, para que a uno no le tachen de “facista” vale todo, desde renegar de su pasado familiar hasta matar al abuelo. ¡Todo vale por el buen nombre de la familia! Y si de paso se escapa también algún eurito en subvenciones para buscar al abuelo que tomó café con José Antonio (esto es secreto) y asesinó Franco, pues mejor que mejor.

MARTA G-S

 

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