LOS CABALLEROS ESPAÑOLES DE LA TRASATLÁNTICA

Los barcos de la Compañía Trasatlántica (Marqués de Comillas, Habana, Virginia de Churruca, Satrústegui, Covadonga, Guadalupe, Begoña, Montserrat, Pilar, Almudena, Galeona, Roncesvallles, etc.) eran referentes españoles de la época y jamás salían con camarotes libres. A pesar de sus años, se distinguían por su seguridad, buen trato de su tripulación y exquisita comida. Además, iban gobernados por legendarios capitanes, cuya fama trascendía más allá de los ambientes marítimos.
“Aquella compañía” fue orgullo de la Marina Mercante española y de cada uno de los países en los que enarbolaba su contraseña y desplegaba el pabellón patrio.

Sirva hoy como homenaje a aquellos trabajadores españoles de la Trasatlántica, el relato de los siguientes sucesos:

El buque ANTONIO LOPEZ.
Varios de los barcos de la Transatlántica colaboraron con la Armada Española en la Guerra Hispano-Estadounidense y fueron utilizados para llevar carga a Cuba, Filipinas y Puerto Rico, intentando romper el bloqueo impuesto por la armada americana a España. La Compañía puso a disposición del Gobierno, no sólo los buques (53 barcos propios y 43 fletados a otras navieras), sino la vasta red de agentes y consignatarios que tenía repartidos en los puntos claves de las grandes rutas marítimas.
El “Antonio López” (el primer buque español con casco de acero y uno de los primeros del mundo dotado de luz eléctrica) eludiendo el bloqueo, realizó varios viajes exitosos, a Cuba principalmente, transportando provisiones, armamentos y tropas (llevaba unas 1.100 literas).
El 16 de junio de 1.898, comandado por el capitán Ginés Carreras, había salido del puerto de Cádiz con un gran cargamento de armas y otros pertrechos para San Juan de Puerto Rico. Fue atacado el 28 de Junio por el “Yossemite” cuando se acercaba al puerto de San Juan. A consecuencia de los daños sufridos, el capitán optó por vararle a 15 pies de profundidad en Playa Socorro, así se rescató la carga y San Juan pudo ser reforzada obligando a las fuerzas americanas a abandonar sus planes de atacar la ciudad. El 16 de julio, el “New Orleans” lo cañonea causando su incendio, el 4 de septiembre continuaba ardiendo.
En 1.997 el Gobierno de los Estados Unidos designa a los restos del barco, Hito Histórico Nacional.

El buque MONTSERRAT.
Acabada la guerra de Cuba, todavía la Compañía Trasatlántica sería protagonista de un acto cargado de simbolismo. El vapor “Montserrat” estaba fondeado en La Habana y la colonia española le tributó un homenaje de admiración y respeto, al que se sumaron los americanos residentes en la isla. Se tiraron numerosas coronas de flores al mar y, al salir el buque rumbo a España, los cañones de la fortaleza del Morro le rindieron honores de Comodoro.

El buque REINA VICTORIA EUGENIA.
La I Guerra Mundial afectó menos al programa de salidas de la Compañía Trasatlántica, que a cualquiera otra línea mayor. Todas las salidas programadas fueron realizadas entre Barcelona y el Río de la Plata. El episodio más notable se produjo en 1.918 cuando el “Reina Victoria Eugenia” fue obligado a fondear en Gibraltar para ser inspeccionado por el Almirantazgo británico. Los servicios de inteligencia británicos sospechaban que a bordo iban dos pasajeros alemanes en edad militar; sin embargo, se trataba de civiles que viajaban bajo pabellón neutral.

El buque ARGENTINA.
Cuando se anunció en 1.932 que el servicio al Río de la Plata se suspendería dada la inhabilidad del Gobierno de la República de continuar con el contrato entre la empresa y el Estado Español, en el puerto de Buenos Aires se congregaron masivamente los residentes españoles para despedir al “Argentina”, que hacía su última salida el 2 de junio hacia España.

El buque MARQUES DE COMILLAS.
La Compañía destinó al servicio entre España y América al “Marqués de Comillas”, este barco cubría sobre todo la travesía Barcelona-Nueva York, con escalas, una de ellas La Habana.
En uno de sus últimos viajes, durante la II Guerra Mundial, a la altura de las Azores, el barco español recibió insistentes S.O.S. de un barco inglés que acaba de ser torpedeado por un submarino alemán, unos náufragos pedían insistentemente auxilio. El capitán español no titubeó, su buque se encontraba a unas 300 millas del lugar del accidente, donde se apiñaban los náufragos en pequeñas lanchas y decidió ir hacia ellos y recogerlos. Eso significaba salirse de la ruta establecida, dar un gran rodeo y exponerse al torpedeamiento de la nave, con todo, no dudó un instante y se puso en ruta hacia el lugar, forzando la marcha del barco.
Al día siguiente avistaron dos canoas con 27 supervivientes del buque inglés hundido. Los náufragos fueron atendidos como se lo merecen hombres que se encuentran en esas condiciones y como sabe hacerlo la hospitalidad española.
En esto, surgió a babor del buque español, a unos 200 metros de distancia, el casco del submarino alemán que había realizado el hundimiento.
El comandante del submarino exigió la inmediata entrega de los náufragos ingleses, a los que consideraba como prisioneros.
-Son mis huéspedes, contestó el capitán del barco español. No puedo entregarlos a los enemigos.
-Aplaudo vuestra conducta, capitán, le dijo el mando alemán, pero son súbditos del país al que hago la guerra y exijo que me entregue a los prisioneros. Tenéis diez minutos para decidir.
-No necesito ese tiempo que me dais, respondió el español, sabéis mis simpatías y las de mi pueblo por el pueblo alemán, pero esto no puedo hacerlo. Son vidas que me pertenecen y ahora son mis huéspedes. ¡Comandante, mi barco está a su disposición! ¡Nada más tengo que deciros!
Ante esta respuesta viril, noble y gallarda, el comandante del submarino hace que toda la tripulación de su nave suba a cubierta, y extendiendo su brazo dijo lo siguiente:
-Está bien, mi capitán. ¡Podéis seguir vuestra ruta! ¡Suerte y buen viaje!

El buque VIRGINIA DE CHURRUCA.
En diciembre de 1.967, el capitán Carlos Peña Alvear hizo la proeza, cuando capitaneaba el “Virginia de Churruca”, de navegar nueve mil millas con un motor marcha atrás, pues había perdido una hélice. De esta manera fue desde la isla caribeña de Curaçao hasta Barcelona.

El buque BEGOÑA.
En 1.970 dos barcos de la Compañía fueron protagonistas de la mayor operación de salvamento que se haya hecho en el Atlántico, el trasbordo de 630 pasajeros y 180 tripulantes durante 60 horas, en pleno Atlántico Norte, del barco “Montserrat” (averiado y a la deriva en mar revuelto, cuando realizaba la travesía entre Venezuela y Vigo), al “Begoña”, cuyo capitán era Gerardo Larrañaga de Santurtzi.
La travesía fue complicada por la masificación del buque: tardaron casi una semana con 1.307 pasajeros a bordo (el doble de su capacidad) y la mar revuelta, para llegar a Tenerife pero, fue modélico el compañerismo entre los pasajeros. Las crónicas de la época aluden a “un raro y ejemplar caso de solidaridad humana en pleno Atlántico”. El éxito milagroso de la odisea hizo que algunas hijas de aquéllos supervivientes fueran bautizadas con los nombres de Montserrat o Begoña.

La Trasatlántica (fundada por el empresario español Antonio López y López al que, por el prestigio adquirido, el Rey Alfonso XII le concedió el título de 1º Marqués de Comillas) ha sido reconocida como una de las más importantes empresas de navegación mundial, pero se debe decir, que por encima de la categoría de sus barcos y de sus dirigentes, estaba el prestigio de sus tripulaciones.

El ex-ministro de Marina mejicano, almirante Roberto Gómez Maqueo, en 1.963, decía: “Marinos mejicanos han formado parte de la gloriosa marina española y viceversa. Muchos de nosotros hicimos prácticas en los grandes correos de la Compañía Trasatlántica Española y nunca podremos olvidar la cortesía con que fuimos tratados. Los capitanes, auténticos caballeros del mar de dichos vapores, eran una institución en sus visitas a los puertos americanos. La llegada a Veracruz de los buques de Trasatlántica era inenarrable. En el puerto era declarado feriado y venían visitantes desde distancias superiores a los dos mil kilómetros de tierra adentro, para convivir con los gallardos marinos de la lejana España”.

ROSA M. CASTRO

 

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