LOS CRÍMENES DE LOS “BUENOS”

Probablemente nunca en la Historia contemporánea un país ocupado ha sido tratado con la inquina criminal que lo fue Alemania entre 1945-1947, momento en que todas las normas del Derecho Internacional, del Natural y aún hasta del decoro elemental fueron conculcadas por los vencedores en aras a un ensañamiento sistemático con la población civil.
Ya la entrada del Ejército Rojo en Berlín resultó una orgía de pillaje y destrucción sinsentido aderezada con violaciones masivas de cuantas mujeres germanas se ponían a tiro, muchas de las cuales terminaban con el degollamiento de la víctima; un comportamiento depravado extensible, por cierto, a franceses, ingleses, norteamericanos, polacos y demás fuerzas ocupantes.
Tal venganza inicua se dio, de igual modo, en el resto de países que o bien habían sido aliados del Tercer Reich (Italia, Hungría, Rumania, Eslovaquia, Croacia, Bulgaria) o bien habían sido ocupados por éste (Francia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Ucrania), en un carrusel de ejecuciones sumarias, deportaciones masivas, linchamientos públicos, trabajos forzados, encarcelamientos arbitrarios, etc., hacia los llamados “colaboracionistas” que se cobró un número todavía hoy indeterminado de víctimas y que, antes que “liberación”, fue una auténtica cacería humana.
Y no es excusa decir que buena parte de los abusos cometidos los llevaron a cabo “incontrolados” arrastrados por una irrefrenable sed de revancha, pues la obligación primera (y última) de todo gobierno (da igual que sea provisional) es la de garantizar el orden, algo que aquéllos formados en 1945 en base a la supuesta superioridad moral de “la democracia y las libertades” no sólo no hicieron, sino que encima azuzaron a la chusma y/o soldadesca a cometer toda clase de sevicias sobre gentes indefensas.
Tampoco la réplica de que si hubiesen vencido los considerados “malos” habrían procedido de igual modo, argumento pueril donde los haya ya que tal cosa jamás podrá saberse a ciencia cierta, puras conjeturas sobre las que los corifeos del bando aliado pretenden defender la barbarie perpetrada entonces.
Hablamos, sin duda, de un crimen masivo, premeditado, alevoso, cobarde e indigno, prolongado en el tiempo, poco estudiado y menos denunciado, impropio de Occidente e inédito en el mismo.
Tanto, que sólo cabría explicarlo por la existencia de dos elementos extraños a las naciones de la en su totalidad y a la postre derrotada Europa en esos días: la alta finanza y el comunismo, éstos sí los dos grandes beneficiados de la victoria aliada.
NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

Cachús

 

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