LOS JUGUETES NAZIS

Los juguetes también formaron parte del engranaje de la poderosa maquinaria de propaganda nazi. Desde muñecos, soldaditos, títeres, pasando por juegos de mesa.

Uno de esos juegos de mesa fue ¡Juden raus! (¡Fuera judíos!) era solo uno de los muchos juguetes  comercializados en Alemania bajo el rótulo de”diversión para la familia”, ayudando a propagar la ideología nacional socialista.

Aunque no existen fuentes irrefutables, se estima que se vendieron más de un millón de unidades de ¡Juden raus!

En el tablero de tal juego había una pequeña ciudad alemana con un mercado y algunas tiendas propiedad de judíos. Los jugadores asumen el papel de policías, navegando por las vías.

Si los dados ruedan de la “forma correcta”, es posible invadir una de esas propiedades, confiscar bienes y arrestar a judíos.

El objetivo es expulsar a la población judía y enviarla a un “Sammellager” (campo de recolección), desde donde serán deportados a Palestina. Quien “recolecte” seis judíos primero, vence.  (Habrá que recordar que hubo líderes sionistas que tuvieron contactos con los nazis para acoger en las tierras de Palestina, bajo mandato británico, a sus hermanos de raza, la idea les parecía muy interesante a los sionistas)

Hoy en día, la Wiener Library, en Londres, que cuenta con uno de los mayores archivos para el estudio del Holocausto en el mundo, posee dos de las contadas copias del juego que se conservan.

Quienes lo compraron en su día lo destruyeron al final de la Segunda Guerra Mundial, pero es un indicativo de cuán profundamente enraizada estaba la ideología antisemita en la sociedad alemana. Curiosa y tristemente  fue un juego “premonitorio” de la ocupación sionista de Palestina.

Juguetes educativos

El historiador André Postert, que estudió los juguetes vendidos en la Alemania nazi en el libro Kinderspiel, Glücksspiel, Kriegsspiel, Große Geschichte in kleinen Dingen 1900-1945 (“Juegos infantiles, juegos de suerte, juegos de guerra: la Gran Historia en pequeñas cosas 1900-1945”), nos dice al respecto:

“Había muchos juegos con símbolos nazis para niños y adultos. En  el juego de mesa Sakampf, el objetivo era destruir la democracia alemana. Se movían esvásticas de una casilla a otra en un tablero. Cada casilla representaba un momento importante en la historia del NSDAP. Cuando se llega al final del juego, en una casilla que representaba el año 1934, el jugador había destruido con éxito la democracia alemana”.

Juguetes con ese perfil, dice el historiador, se publicitaban como educativos. Eso ocurría porque los niños debían conocer el Estado, sus instituciones y al partido nazi desde edad temprana. Por eso, era común que jugaran con muñecos/as vestidos con uniformes del régimen o de la Juventud Hitleriana. Incluso la famosa empresa de muñecas  Käthe Kruse fabricó esos juegos.

“Después de 1933, emergió un gran número de juguetes nazis: cartas con rostros de los principales políticos del régimen (Hitler, Goebbels, Göring, etc), soldados, tanques y representaciones de Hitler y su comitiva”, cuenta Postert.

“Uno de los más vendidos era un Mercedes negro con Hitler y su chófer. Se podían comprar miniaturas de casas del Partido Nazi, o la famosa residencia de Hitler, Berghof”.

A medida que la industria alemana se ocupaba cada vez más con la Segunda Guerra Mundial, la demanda de juguetes -por parte de los hijos de los soldados y para los tradicionales mercados navideños- llegó a ser suplida por artículos fabricados por pequeños artesanos.

Curiosamente los empresarios actuaron por voluntad propia. Las empresas que los fabricaban no fueron forzadas por el régimen de Hitler a fabricar tales juguetes, imaginamos que tal hecho animará a los sionistas a  pedir a las jugueteras alemanas suculentas indemnizaciones.

Las compañías alemanas, algunas de las principales productoras globales del sector entre los años 1920 y 1930, apostaron por el apetito del mercado por productos politizados, aunque gran parte de los empresarios también apoyaba a los nazis.

El régimen nazi, con todo, percibía ese movimiento con escepticismo. Existía la preocupación de que el sector crease mala propaganda o causara desagrado, pues muchos productos eran vistos como “no dignos” por los propios nacional socialistas. Tanto  se popularizó el uso de la esvástica, que se incluyó en todo tipo de objetos, hasta en cepillos de la ropa…

El problema fue resuelto con la introducción, en 1933, de la Gesetz zum Schutz der nationalen Symbole, una ley que definía un patrón de uso de símbolos del régimen y limitaba su uso, ley inspirada por el ministro de propaganda, contrario a una banalización del símbolo político.

Así, los juguetes también  pasaron a ser examinados antes de llegar al consumidor. Y diversos productos fueron prohibidos y retirados del mercado por no atender a los patrones del régimen.

“Incluso el mismo juego de la esvástica mencionado antes habría casi ciertamente sido prohibido: los jugadores que cayeran en el campo que representaba el golpe fracasado de Hitler en 1923 tenían que retroceder en el juego. Pero a los ojos de los nazis ese golpe fue un acto heroico. Entonces, ¿por qué retroceder?”, afirma Postert.

El régimen también desaprobaba el ¡Juden raus! por creer que “la cuestión judía” no cabía en un juego y no debía ser trivializada de esa forma.

El tablero no contenía insignias nazis, pero tenía un texto explicativo en tono casual y alegre, correspondiente con la intolerancia hacia los judíos en aquella época.

También estaba el famoso muñeco Kasper, que representaba una imagen cliché del judío;  fue usado en representaciones de títeres nazis e incluso para entretener a los soldados alemanes. Al final de los años 30, el Reichsinstitut für Puppenspiel (algo así como el Instituto para el Teatro de Títeres) fue creado para fabricar esos muñecos y producir giras de presentaciones de propaganda.

 

En aquel período, muchos creían que jugar tenía alguna relación con la  cultura de una raza. Muchos antropólogos se han interesado siempre por el tipo de juegos y juguetes  usados por las diferentes culturas. El investigador Karl Haiding, por ejemplo, viajó por Escandinavia y por países de lengua alemana, especialmente en regiones rurales, antes y durante la Segunda Guerra. En pequeñas aldeas, él y su equipo fotografiaron centenares de niños jugando con juegos tradicionales.  Pues, aunque no le prestemos mucha atención los juguetes y los juegos forman parte de la cotidianidad y reflejan la sociedad y la forma en la que pensamos.

Hasta los juguetes y juegos forman parte de la historia del fascismo alemán.

ALFRED VON RATTEN

 

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