LOS MÁRTIRES DE OCEJO

Hace unos días me encontraba en Cantabria, atravesando el hayedo del Saja por la carretera CA-280 camino del puerto de Palomberas. En el kilómetro 20, desde Cabezón de la Sal, la carretera traza una cerrada curva donde pude ver una maltrecha escultura, se trata del monumento de Ocejo, homenaje a 42 personas, víctimas de la Guerra Civil española.

El mausoleo se encuentra en un estado lamentable, le faltan trozos a la imagen principal, adornos destrozados y lleno de pintadas ofensivas y difamatorias como pueden apreciarse en las imágenes que se acompañan, ha sufrido el vandalismo más cruel y despiadado que se puede uno imaginar, pero sobre todo ese vandalismo lo que refleja es una falta de respecto a los fallecidos allí reseñados y un acto de cobardía, propio del tipo de gentuza que lo ejecuta.

Me llamó la atención y me detuve a contemplarlo, tal es el salvajismo que a duras penas se pueden leer los nombres de aquellas víctimas. En la parte de atrás hay una pintada que los tilda de “fascistas de mierda”. El trato hacia la escultura es prueba fehaciente de la indigencia mental de los que la han proferido, pero si miserables son aquellos que perpetran tan ignominioso acto no menos miserable son las autoridades que no reparan, limpian y conservan un recordatorio a los caídos, prueba patente del olvido selectivo al que se ha pretendido y pretende someter a media España en lo que podríamos llamar “desmemoria histórica”.

En la parte central del monumento aparecen los nombres de 32 ajusticiados y “nueve mártires más sin identificar” en octubre de 1936. A saber: Lorenzo Varela de la Cerda (padre), Lorenzo Varela de la Cerda (hijo), Angel Parriego Sacristan, Pedro Díaz, P. José Menéndez García (Dominico), P. Germán Caballero Atienza (Dominico), P. Estanislao García Obeso (Dominico), FR. Victoriano Ibáñez Alonso (Dominico), Venancio Prieto Robledo, Cipriano Hoyos Gato, Miguel Hoyos Gato, RV. Santos Carrera Pereda (Sacerdote), RV. Lino López Ruíz (Sacerdote), Jaime de la Mora Pajares, José María de la Mora Pajares, José María Corvalan Sichar, Casto de la Mora Arenas, H. Leonardo Arce (Marista), H. Martín Erro (Marista), José Salas del Barrio, Francisco Obregón Gómez, David de la Vega Gómez, Ángel Alonso Obeso, Donato Saiz Gutiérrez, Antonio Ortiz Quevedo, Antonio García Saiz, Santiago Terceño Morante, Fernando Añón Feliu, Julián Salas del Barrio, Marcelino Salceda Hoyos, Gregorio Ciñas Veramendi, Nazario Gutiérrez García, Guillermo García Seco y nueve mártires más sin identificar.

He querido profundizar en el conocimiento de lo que pasaron estas personas (ellas sí fueron víctimas), no dispongo de medios suficientes, a pesar de ello, os muestro el resultado de lo que he hallado:

La gran mayoría fueron asesinados por la cheka de Reinosa. Esta cheka se instaló en uno de los mejores chalets de Reinosa, esto me resulta terriblemente familiar, no se a ustedes y disfrutó de gran autonomía; cometió muchos crímenes y con sus asesinados y con sus presos empleó una ferocidad desenfrenada.

Tras ser liberada Santander, al exhumarse los cadáveres de algunas de las víctimas de los chekistas, se encontraron los de: Lorenzo Varela de la Cerda, Teniente Coronel de Artillería, el de su hijo el Teniente de igual Arma D. Lorenzo Varela de la Cerda y el del conductor Miguel Hoyos Gato, de 29 años y su hermano Cipriano Hoyos Gato de 19 años de edad y también conductor, con los cráneos golpeados y rotos; el primero, además, tenía un cable arrollado al cuello y el segundo un pañuelo metido hasta la garganta.

Fueron innumerables las crueles palizas de larga duración (de hasta más de una hora) que se dieron a los presos, quienes debieron de sufrir cientos de golpes seguidos con porras y palos a cuyo extremo pendía por una cadena una bola de hierro o de plomo.

Angel Parriego Sacristán era un conductor de 27 años de edad.

El Padre José Menéndez García pasó sus últimos años en Montesclaros, donde trabajó con celo y eficacia; era organista y cantor. Dispersada la comunidad el 16 de agosto de 1936 se refugió con el Padre Germán Caballero en Aldea de Ebro, y con él siguió la misma suerte hasta sufrir el martirio entre el 21 y 22 de octubre en los Montes de Saja (Santander).

El Padre Germán caballero Atienza llegó al convento de Montesclaros (Santander) a principios de 1936; dispersada la comunidad el 16 de agosto, encontró refugio en Aldea de Ebro, pero el 29 de septiembre fue detenido y llevado nuevamente al convento de Montesclaros y después a Reinosa; entre el 21 y 22 de octubre lo sacaron de la cárcel para martirizarlo en los Montes de Saja (Santander).

El Padre Estanislao García Obeso, dispersada la comunidad, se refugió en Los Carabeos y, para no comprometer al párroco, determinó marcharse y entregarse a los milicianos en Reinosa; lo encarcelaron y posteriormente, el 21 de octubre de 1936, lo martirizaron en los Montes de Saja (Santander).

Fray Victoriano Ibáñez Alonso, debilitado en su salud, fue enviado a Montesclaros en 1935; al dispersarse la comunidad el 16 de agosto de 1936 fue enviado a Los Carabeos, allí enfermó y fue llevado de nuevo a Montesclaros. El 29 de septiembre fue descubierto por los milicianos que llevaban detenido a los Padres Germán Caballero y José Menéndez, y siguió la misma suerte que ellos. Martirizado entre el 21 y 22 de octubre en los Montes de Saja (Santander).

El Reverendo Santos Carrera Pereda fue asesinado el 12-10-1936 y el Reverendo

Lino López Ruíz el 22-10-1936.

Venancio Prieto Robledo, de 54 años de edad, pertenecía a la Acción Popular, de profesión encargado. Asesinado el 21-10-1936.

Casto de la Mora Arena nació 1881 en México, fue director y gerente del Banco Mercantil en Reinosa y diputado provincial. Asesinado en Reinosa en 1936.

Jaime de la Mora Pajares, de 22 años, estudiante, y José María de la Mora Pajares, 25 años, empleado, ambos hijos de Casto de la Mora Arena.

José María Corvalan Sichar, 28 años de edad, de profesión tornero.

Hermano Leonardo Arce, cuya intensa vida espiritual se fundamentó sobre una firme voluntad de servir a los demás: ello cuentan quiénes le conocieron. Junto con el Hermano Martín Erro, un hombre sencillo, espontáneo, franco y abierto, el 22 de julio de 1936 huyó desde Barruelo hacia Burgos, pero ambos fueron detenidos y conducidos a Reinosa, donde el 23 de octubre de 1936 sufrieron martirio y fueron asesinados en el monte Saja, en Campo de Suso.

José Salas del Barrio, 26 años de edad, industrial.

Francisco Obregón Gómez, 25 años, cobrador de banco.

David de la Vega Gómez, 43 años, industrial.

Angel Alonso Obeso, 21 años de edad, estudiante.

Donato Saiz Gutiérrez, 24 años, industrial.

Antonio Ortiz Quevedo, 30 años, empleado.

Antonio García Saiz, 36 años, empleado.

Santiago Terceño Morante, 50 años, conserje.

Fernando Añón Feliu. 41 años, empleado.

Julián Salas del Barrio, 28 años, jornalero.

Marcelino Salceda Hoyos, 24 años, empleado.

Gregorio Ciñas Veramendi, 47 años, empleado.

Nazario Gutiérrez García, 55 años, guardia municipal.

Guillermo García Seco, 55 años, alguacil.

No sé qué pensarán ustedes, pero yo tras ver la edad y profesión de los difuntos no veo cuál fue el peligro que representaron estos hombres para el Frente Popular. Algunos cometieron el delito de ser simplemente hijos de detenidos o ajusticiados, Ciudadanos asesinados por militantes de las izquierdas de entonces, a cuyos descendientes políticos actuales no les interesa recordar tales tropelías y, así, mejor eliminarlos de la memoria.

¿Cuánto dinero han destinado los gobiernos zapateriles y similares para indemnizar a los familiares o simplemente para localizar los restos de esos Nueve mártires más sin identificar? ¿Cuándo van a pedir perdón los herederos políticos de sus asesinos? ¿Cuántas curvas de nuestras carreteras albergan los restos de ciudadanos a los que los sicarios del Frente Popular les dieron el “paseíllo” por cometer el delito de pensar diferente? ¿Para cuándo se van a destinar fondos para recuperar y honrar sus restos?

Esta es la justicia histórica que tenemos en nuestro país y mientras la izquierda se crea en poder de la razón, la verdad y la superioridad moral, aquélla será además de ciega desmemoriada; sobre todo si los demás lo consentimos. Porque mientras no acabemos con esta caterva de hipócritas sectarios España entera yacerá trémula de dolor y exánime en una curva, como los Mártires de los que hemos hablado.

Los 42 de Ocejo descansen en paz mientras esperan que alguna vez se les haga justicia.

Manuel León Camacho 

 

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