LOS VERDUGOS DE NUESTRAS VIDAS

Vivimos en un mundo y una época donde ya casi es una suerte nacer. Nunca fue fácil el arte de la existencia, aunque compartimos plenamente con Shopenhauer su idea del triunfo de la voluntad por encima de las circunstancias. De la superación constante y de hacer frente a todo y a todos.

Si alguien tiene la fortuna de pasar del vientre materno y no ser “aspirado” por una máquina, se encontrará con unos felices, o al menos deberían serlo, años de vida, aunque a estas alturas de destrucción de la familia tradicional y de la buena y sana educación en las escuelas, no apostamos por nada. Somos conscientes del desamparo en que se encuentran muchos infantes, abandonados de la mano de Dios y de los hombres.

Después de esos años vienen la adolescencia y las primeras tomas de decisiones importantes. Pero tampoco depende de nosotros en gran medida. Una carrera universitaria elegida hoy, mañana puede ser cambiada en su contenido, inventar un nuevo plan de estudios, o nos exigirán un master 4×4 y unas tasas que no podremos pagar… con lo cuál puede que se nos joda el invento, o que tengamos que buscarnos la vida en otros menesteres no deseados.

Los años siguientes serán, a día de hoy, un calvario de cambios de empresa, de sueldo, despidos y sinsabores en el caso de que uno no se decida a emprender la arriesgada labor de trabajar por cuenta propia y buscarse la ruina solo. Si uno tiene la dicha de tener sueldo, alguna propiedad o ingresos, se enfrentará a una interminable lista de tributos e impuestos que tendrá que pagar religiosamente o perderlo todo. No se andan con chiquitas los que mandan: embargos, detenciones y cárcel, a veces con cosas que en otros regímenes se solucionarían de otra manera, mientras que en este que difrutamos se castigan muy severamente.

Nuestros verdugos roban, expropian y matan a voluntad y con el imperio de la ley en la mano, de su ley, aprobada mediante millonarias campañas de propaganda que los lleva al poder o condicionan a éste.

Si usted tiene suerte cotizará no sé cuantos años para mantener “sus” cuentas (las de ellos), y recibirá ya mayor una migaja de pensión con la que podrá, con suerte, viajar a uno de esos países que viven peor todavía, aunque no lo considerara posible, y recibirá la visita de algún nieto que no esté ideologizado por el sistema en eso tan manido “de la vida son cuatro días, no pierdas el tiempo”.

¿Casualidad, ley de vida o “siempre fue así”? Creo que no.

La corrupción en todos los órdenes de las sociedades obedece a unas ideas fuertemente extendidas por “los de arriba”, para disgregar pueblos firmes y con idea de comunidad nacional, familia o dignidad del trabajo. El descaro es tal y la ingenuidad o indiferencia de la población tan grande, que ya hasta editan libros, artículos y hacen declaraciones mostrándonos sus planes de futuras tropelías.

¿Y qué hace el pueblo? Callarse y malvivir… mientras les dejen, claro, porque cada vez será más fácil acabar la existencia debajo de un puente o comiendo de la caridad de los demás.

Nuestros verdugos tienen nombres y apellidos, se reúnen, deciden y se creen intocables. La Historia siempre fue un libro abierto. En nuestras manos y voluntad está el que los verdugos tengan miedo y los que ahora sufren, sonrían algún día.

R. GARCÍA

 

GARC16

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    1 thought on “LOS VERDUGOS DE NUESTRAS VIDAS

    1. Gran artículo. La mayoría de los españoles no son conscientes de que la estrategia del “divide y vencerás” está orientada a disolver todos los lazos de familia y de comunidad, en una entrevista reciente con Alain de Benoist lo decía textualmente. ¿La solución? Según él, resistir, colaborar y reordenar “las filas”.

      De las mayorías no se puede esperar nada, solo una minoría de “aguafiestas”, como decía Jose Antonio, está dispuesta a soltar las verdades incómodas

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