EL LUTE, UN FALSO MITO

El pasado jueves informaba de que se han cumplido 57 años del atraco protagonizado por “El Lute”, “el Medrano” y “el Agudo” a una joyería madrileña en la que mataron al vigilante. Ha habido gente que me ha pedido que amplíe la historia de tan famoso delincuente, que se ha inventando una biografía para aparentar ser casi un “Robin Hood”. Y anuncié que lo haría hoy, domingo.

La figura de Eleuterio Sánchez Rodríguez se convirtió en un mito. Su imagen, con el brazo en cabestrillo, entre dos agentes de la Guardia Civil, dio la vuelta al mundo. La gente seguía con inusitada atención las historias de sus huidas y detenciones. Para muchos eran hazañas de un desheredado de la fortuna enfrentado al poder.

Perteneciente a la familia de los Patapocha, grupo nómada de mercheros dedicado a la quincallería, se inició con pequeños hurtos. Lo hacía acompañado de sus hermanos Raimundo, el Toto y Manolo, el Lolo. Fue encarcelado por robar gallinas.

CORRE LA SANGRE

Su historia criminal arranca a principios de mayo de 1965. Atracó la joyería ‘Emilio’, en la madrileña calle de Bravo Murillo, junto con sus compinches Raimundo Medrano González y José Agudo Benítez, Cuando intentaban escapar en una motocicleta, el vigilante del establecimiento, Tomás Ortiz, trató de cortarles el paso mientras gritaba “¡ladrones!, ¡canallas!”

Iba desarmado y tenía sesenta y seis años de edad. Lo liquidaron de un balazo en el torax, llevándose un botín de ciento sesenta y cuatro mil pesetas en oro y joyas.

Seis días más tarde “el Lute” y “el Medrano” fueron localizados por la policía en un bar. Se resistieron a la autoridad. En el forcejeo se disparó la pistola de un inspector. Una bala atravesó el corazón de la niña Raquel Campiña. Tenía siete años y estaba jugando con sus amiguitas en la acera. Eleuterio fue atrapado en una calle próxima, mientras su compañero lograba desaparecer.

Una vez detenidos los tres asaltantes, fueron sometidos a juicio sumarísimo. Se echaron la culpa mutuamente de la autoría del asesinato del guarda. Condena: pena de muerte por bandidaje. Sentencia conmutada por la de cadena perpetua.

Un año después comenzaba a tejerse la aureola del “Lute”. Era trasladado desde la prisión del Dueso a Madrid para que compareciera en el juicio por la muerte de Raquel. Aprovechando un descuido de la pareja de la Guardia Civil que lo custodiaba se lanzó del tren en marcha a la altura de la localidad palentina de Frómista. Fuga que duró casi dos semanas. La Benemérita lo detuvo cerca de Salamanca.

“Treinta años de presidio son demasiados. Tenía que escaparme. Y me escaparé otra vez cuando tenga la menor oportunidad”, afirmó tras ser apresado. Hizo buenas sus palabras. Consiguió esfumarse de la penitenciaría gaditana del Puerto de Santa María aprovechando el barullo de la Nochevieja de 1970, lo que acrecentó su fama. Evasiones que fueron jaleadas por gran parte de la población.

A los meses se presentó en casa de los padres de Consuelo García López, “la Chelo”, su antigua compañera sentimental –estaban casados por el rito quincallero–, en la colonia madrileña de San Fermín. Se llevó a punta de pistola a los dos hijos, José María y Ángel David.

Más tarde protagonizó un tiroteo con la Benemérita en Málaga, al atracar la Caja Rural de Cartama. Resultó herido, al igual que “el Lolo”, aunque consiguieron huir junto con “el Toto”. En la vivienda familiar que ocupaban se encontraron grandes sumas de dinero, joyas y otros objetos procedentes de robos, así como armas de fuego.

Utilizaba caracterizaciones diferentes, tal como se ve en la portada de ‘El Caso’, para evitar ser reconocido por sus perseguidores. Tras una intensa búsqueda por parte de la BIC, fue localizado en Sevilla el dos de junio 1973. Descubrieron un coche que habían robado. Se montó un gran operativo formado por treinta policías disfrazados de obreros, hippies, descargadores de camiones y jóvenes gastando bromas.

La espera no fue en vano. Apareció caminando en dirección al vehículo. Le acompañaba “el Lolo”. Los funcionarios se abalanzaron sobre ellos. Ambos delincuentes sacaron sus pistolas. “El Lute”, que fue neutralizado de inmediato, daba grandes voces diciendo que se trataba de un error. Mientras, su hermano consiguió liarse a tiros. Acción que fue repelida. El disparo de un inspector le atravesó el carrillo derecho. Llegaron refuerzos policiales y ambos fueron esposados.

El famoso delincuente llevaba una Star, del 7’65, con cachas de nácar. Portaba sesenta y cuatro mil pesetas, un billete del Banco Central de Bolivia y doce DNI’s falsificados.

    –”¿Está vivo mi hermano? ¿Lo han matado ustedes?” –era lo único que le preocupaba cuando lo llevaron a comisaría.

Al observar las precauciones que tomaban para que no intentara huir, contestó relajado a los agentes.

–”En estos momentos no pienso escaparme, intentarlo sería inútil, ya que no tardarían en abatirme a tiros. Pero no tardaré mucho tiempo en fugarme. Hay que esperar la ocasión que aquí no existe. Lo haré algún día, tal vez no muy lejano”. 

INDULTO Y FAMA

Cuatro días después era trasladado fuertemente escoltado a una prisión de máxima seguridad, el penal de San Antón, en Cartagena. Tomaron estrictas medidas para impedir una nueva fuga.

Llegó a su último destino penitenciario acompañado del comisario general de Investigación Criminal, Lorenzo de Benito, que había dirigido su captura. Fui testigo de excepción, en mi calidad de director del diario ‘El Noticiero’ de dicha ciudad, del abrazo de despedida que se dieron antes de que echaran el cerrojo a su celda. El reconocimiento del general vencedor al vencido. El quinqui se despidió llorando.

   –”Se queja de que es víctima de la sociedad. Echa parte de la culpa, de esa aureola que se ha tejido en torno a su persona, al público, a la prensa, a todos los que han buscado en él un afán sensacionalista”. 

Me lo comentaba dicho mando policial. Parecía que se identificada un tanto con las palabras del delincuente.

    –”Le gustaría pasar desapercibido, no ser nadie destacado, ni para lo bueno ni para lo malo. Por ello se siente avergonzado de su posición y de que sus fechorías han sido tan comentadas por todas partes”. 

Palabras que serían puestas en entredicho en cuanto el condenado abandonara dicha cárcel. Buscaría popularidad para beneficiarse económicamente.

Hubo varias peticiones de indulto en los primeros años de la Transición. El hecho de que se rehabilitara durante su estancia en presidio incrementó la sensibilidad social hacia su figura, convertida en un símbolo de la época.

“Tres imperativos morales parece que tiene hoy la población, por encima o por debajo del apremio económico: sacar al Lute, traer el Guernica y leer la novela de Semprún premiada con el Planeta”. Eso escribía Francisco Umbral en octubre de 1977 acerca de la recogida de firmas solicitando la libertad del presidiario.

Medio año más tarde comenzó a disfrutar del régimen abierto, noticia que ofreció “El País” en portada. El director general de Instituciones Penitenciarias, Carlos García Valdés, veía la medida como muy importante y “de las consecuencias que se deriven de esta experiencia puede depender el que se consolide una nueva etapa en la vida penitenciaria española”.

Aún debía ser juzgado por ciento veintinueve delitos que le imputaba la fiscalía en la causa que tenía abierta en la Audiencia Nacional: robo, amenazas, sustracción de menores, homicidio, falsedades, tenencia ilícita de armas, atentados y quebrantamiento de condena. Había máxima expectación ante su nueva comparecencia judicial.

“Nunca maté a nadie a pesar de lo que se ensañaron conmigo” , declaraba con rotundidad. “Ya no soy ningún peligro” , manifestó en su última intervención ante el tribunal. Era la línea de defensa marcada por su letrado, el político nacionalista vasco Juan María Bandrés. Éste destacó en todo momento la rehabilitación social del acusado.

Los magistrados, pese a la fuerte pena de cárcel que le impusieron, proponían conmutarla por seis años de caución de buena conducta. Significa que el condenado debía presentar un fiador que se responsabilizara de que no iba a cometer ningún delito, pues si lo hiciera quedaría sin efecto.

El veredicto fue recurrido ante el Tribunal Supremo. Éste aumentó las penas: 1.022 años para el Lute y 403 y 334 años para el Toto y el Lolo respectivamente. El cumplimiento efectivo debía ser de treinta años para cada uno de ellos.

Mientras, el famoso quinqui proseguía con su campaña de ofrecer una nueva imagen y lograr  protagonismo. Así, ganó en 1980 el Festival Español de la Canción, que se celebraba todos los veranos en Benidorm, donde participó como letrista de la melodía “Quisiera”. En el escenario, entre ovaciones, recogió el trofeo.

Quizá su acercamiento a la música fue por los cuatro millones de pesetas que había obtenido poco antes cuando el grupo Boney M incluyó una empalagosa balada, titulada ‘El Lute’, en el álbum ‘Oceans of Fantasy’. Empezaba a vislumbrar el negocio de la popularidad. Sólo le faltaba quedar libre por completo. Un año más tarde lo conseguía.

El Gobierno presidido por Adolfo Suárez le concedía el indulto total argumentando que “el cambio de Eleuterio Sánchez parece tan completo y sólido que se puede calificar de irreversible”. Tras pasar dieciocho años entre rejas había conseguido reinsertarse socialmente, lo que fue publicitado por las autoridades como un éxito de la política correccional penitencia.

Un nuevo personaje echaba a andar. En el horizonte atisbaba pingües beneficios. En su autobiografía ‘Camina o revienta’, llevada con éxito al cine en un par de películas, creó una semblanza en la que se mostraba como una persona pacífica, un vulgar robagallinas que sustraía algo para comer, víctima de la represión policial. El asesor de ambos filmes fue el propio Lute.

La reacción de sus antiguos compinches fue inmediata. “Es mentira, como casi todo lo que cuenta en su libro”, rebatía “el Agudo”. Sobre todo, en cuanto a la autoría del asesinato del vigilante de la joyería.  “Yo no disparé, fue Eleuterio”, afirmaba con rotundidad.

Pasados unos años ‘El Caso’ realizó una entrevista en prisión al Medrano y otra al Agudo. “Disparó el Lute” fue el título común de ambas, que ocupó toda la portada del semanario. Coincidían en que “se empeñó en llevar una pistola que tenía” y apretó el gatillo.

Una vez detenidos “habíamos pactado el echarnos la culpa el uno al otro para desorientar a los jueces, pero él faltó a su palabra. Si entonces “el Medrano” y yo hubiéramos dicho la verdad de lo ocurrido, “el Lute” no existiría ahora. Es mentira casi todo lo que cuenta en su libro”, manifestaba tajante “el Agudo”.

Cuando les conmutaron a los tres la pena capital fueron increpados por otros presidiarios. “El Medrano” se excusó: “Fijaos qué mala suerte. El día antes probamos la ‘pipa’ (pistola) en un transformador y Eleuterio no fue capaz de dar un tiro en el blanco. Y luego, en la ‘lamería’ (joyería), se vuelve y ‘tasaba’ al ‘biorro’ (mataba al guarda)”. El aludido, que se encontraba presente, no hizo ninguna objeción al comentario de su compañero.

LA GUARDIA CIVIL SACA LA VERDAD A LA LUZ

La Benemérita decidió investigar tales afirmaciones: “El prestigio del Cuerpo exige una reacción ante las medias verdades y calumnias vertidas por este delincuente común, tratando de dejar en entredicho nuestra institución” .

Cinco agentes de los servicios de información se desplazaron a los lugares que citaba el famoso quinqui  y entrevistaron a numerosos testigos de sus fechorías. Con todo ello elaboraron un documento que cuestionaba la veracidad del contenido de lo publicado.

Informe minucioso, con todo lujo de detalles, demostrando que fue “el Lute” quien metió un balazo mortal al vigilante. Todos coincidían en que fue el autor del disparo.

Cuando el suceso de la joyería no era la primera vez que apretaba el gatillo. Tenía antecedentes al respecto. Y graves.

La Guardia Civil especificaba que «cuando “el Lute” y su manceba Consuelo fueron detenidos en Badajoz por robo de gallinas, dejaron el carro y la mula con su primo cuñado Francisco Nieto García, el Chato. Mientras cumplía una corta pena de cárcel se quemó el carro, pereciendo la mula. Recuperada la libertad, el Lute se dirigió a donde paraban su primo y su hermana para exigirles la devolución del carro. Al contarle lo sucedido, se enfrascaron en una discusión en la que el Lute sacó una pistola y disparó a bocajarro contra su cuñado, fallando el disparo”.

‘El Caso’ publicó que “el Lute” y sus compinches protagonizaron con anterioridad un violento suceso en la localidad madrileña de San Martín de la Vega. El joven Francisco Chamorro Ortega paseaba con su prometida cuando fueron asaltados por estos quinquis. El muchacho defendió a la novia y se resistió al robo, recibiendo un tiro en el bajo vientre. Permaneció hospitalizado una semana.

Actitud violenta que también puso de manifiesto en su primera fuga. Antes de saltar del tren cogió a un niño, que había en el pasillo, utilizándolo como escudo humano. Lo arrojó contra los guardias civiles que lo llevaban preso. Emilio de la Pinta Illera recuerda aún la agresión: “Yo tenía doce años. Estaba estudiando. Viajaba como todos los días y me vi envuelto en aquello. Al día siguiente de la agresión me colocaron la clavícula en su sitio y tuvieron que pasar treinta o cuarenta días para ponerme bien”.

En su libro “el Lute” afirma que provine de una familia no conflictiva. “Mi padre no se distinguía en nada. Era un español de la mayoría silenciosa”.

Por el contrario, los investigadores de la Benemérita señalaban a David Sánchez, “el Patapocha, padre de Eleuterio, como miembro de los Castellanos, un grupo quinqui muy activo y peligroso. Se fugó del reformatorio y de la cárcel. Utilizaba diversos nombres falsos en su vida delincuencial. «Antes y después de la Guerra Civil fue ingresado en varias prisiones al objeto de cumplir condena, entre ellas las de Salamanca, Zamora, Valladolid y Burgos’ Precisamente, cuando nació “el Lute”, estaba en un centro penitenciario.

En un anexo del informe se añadían una serie de delitos de sangre en los que estuvo envuelta esta familia. Su abuelo cayó mortalmente herido al desobedecer las órdenes de alto dadas por los agentes de la Benemérita tras un robo de caballerías. Contaba con numerosos antecedentes penales, al igual que después ocurriría con sus descendientes.

El informe elaborado por orden del Estado Mayor de la Guardia Civil permaneció oculto durante décadas. Situación que aprovechó su protagonista para seguir presentándose como una víctima que se había dedicado a hurtos famélicos para sobrevivir. Pero que supo reincorporarse a la sociedad de modo ejemplar.

“El Lute”, siempre insistiendo en hacer pasar por víctima, decía que su mala imagen se debía a “la distorsionada campaña que la prensa reaccionaria ejercía sobre nosotros, la familia de delincuentes peligrosos”. Así lo manifestaba en la revista ‘Galería’ a mediados de 1978. Al poco, su hermano José Sánchez Nieto, “el Ángel”, vaciaba el cargador de su pistola Beretta, del nueve corto, contra agentes de la Policía Municipal de la localidad sevillana de Dos Hermanas cuando huía en una moto con un compinche. Detenido por la Guardia Civil se le encontró encima otra pistola, una Star del nueve largo, con el cargador completo, y estaba dispuesto a utilizarla.

UNA BIOGRAFÍA INVENTADA

Ideó una nueva profesión: abogado. Como había cursado algún estudio en prisión, cuando recuperó la libertad el político Enrique Tierno Galván, otro demagogo con una biografía inventada en gran parte y buen forjador de leyendas, le ofreció que trabajara en su despacho.

“Eleuterio no es licenciado en Derecho. No tiene ese título”, denunciaba Carmen Romero, su penúltima mujer, a “Interviú” en un reportaje titulado “El Lute: miente o revienta”. El elaborado trabajo comenzaba informando de que “no es abogado, ni fue un hombre pacífico, ni tampoco una inocente víctima de la represión policial franquista. La estrella del firmamento quinqui, que durante años brilló con luz propia, está oscureciéndose”.

Entrevistado por José María Amilibia en el diario “La Razón”, a la pregunta “fue abogado y defensor de los marginados. Lo dejó”, contestaba sin ningún rubor: “Sí, me sentí impotente ante el panorama: el delincuente necesitaba más ayuda y orientación que mi defensa. Estudié leyes creyendo que podía hacer una pequeña revolución, pero pronto vi que no era posible”.

Se las daba de especialista en Derecho Penal. En el diario “Público”, en una interviú que le hicieron en 2016, afirmaba lo siguiente:

“Recuerda las que montaba en los juicios. Suyo también es este diálogo entre el juez y él, que toma la palabra:

–Estos hombres no tienen que estar en la cárcel. Lo que necesitan es libertad, ayuda sana y orientación. ¡Señoría, es antes la sociología que la criminología!

–¿De qué está usted hablando, letrado?

–Estoy hablando de la base fundamental, que ustedes no conocen.

–¡Fuera, fuera!

–Adonde me voy a ir es al talego. Mi defendido y yo, juntos los dos.

Tuve que dejarlo, concluye Eleuterio”.

Incluso, llegaba a afirmar lo siguiente:

 –”Ejercí muy poco la profesión, porque me enfrentaba con el sistema. La delincuencia de hoy es otra cosa, pero en el franquismo era subdesarrollada, una delincuencia de muertos de hambre”.

Parece olvidar que, cuando pudo empezar a ejercer de “abogado”, o sea, una vez que abandonó definitivamente la cárcel, hacía seis años que el dictador había fallecido.

Incluso, en dicha entrevista se metía en política: “Que un obrero vote al PP es un reflejo de la estupidez humana”. 

Posiblemente un guiño a la izquierda para ver si algún partido lo metía en su lista de candidatos para diputado.

Nunca le ha costado mentir. Sin rubor alguno. En la cárcel reconoció a Eugenio Suárez que, durante sus fugas, aprendió a leer para, mediante las crónicas de “El Caso’, poder esquivar a los picoletos. Una vez en libertad negaba dicha afirmación. Como hizo con tantas otras cosas.

Hasta el momento presente ha seguido proclamando su inocencia. “Lo de la joyería fue una chiquillada. Una golfería. Íbamos a tirar unos pedruscos al escaparate”. Afirmación que realizó, sin empacho alguno, en el programa “El gran debate”, de Telecinco. Incluso se reafirmó en su postura cuando un periodista le increpó por minusvalorar dicho suceso mortal. En suma, la historia de un quinaor modelada a su gusto y al de los que le dejaron hacer.

Tras el estreno de la película “El Lute. Camina o revienta”, su primera exmujer, la Chelo, solicitó judicialmente el secuestro del filme por falsear lo que contaba de ella. Demasiada gente sabe cómo ha tergiversado gran parte de su pasado hasta convertirlo casi en un santoral.

Desde entonces su trayectoria se ha visto salpicada por algunos ligeros tropiezos con la justicia. En 2006 fue detenido por última vez tras una denuncia de su esposa por malos tratos, resultando absuelto.

INTENTO DE HACERSE PASAR POR VÍCTIMA

Tres años más tarde solicitó, amparándose en la Ley de Memoria Histórica, auspiciada por Zapatero, que se declarase “radicalmente nulo el proceso judicial por el que fue condenado a muerte por haber sido un juicio sumarísimo, sin garantías para el procesado y con una ley franquista”. Pretendía una revisión de todo su proceso.

Parecía olvidar que el procedimiento que se siguió contra él ya fue anulado por dos indultos sucesivos. Opinaba que merecía una indemnización por no haber sido puesto en libertad en 1977, con la amnistía a presos políticos, cuando en realidad su condena fue por delitos de bandidaje. “No se ha conseguido nada. Ya tampoco me preocupa demasiado. Sólo buscaba una satisfacción moral”, manifestaba.

Falso intento de seguir haciendo caja, sobre todo con sus intervenciones en la pequeña pantalla. Y continuar aireando su historia. Casi una hagiografía a base de falsedades antes y medias verdades después. Y la media docena de autobiografías que ha publicado. Todo un récord literario.

Siempre que puede continúa dejando caer “perlas” contra la justicia. “Me parece una bestialidad. El ser humano no es el mismo con 30 o 40 años que con 60 o 70. Yo que tengo 78 lo sé. Condenarte de por vida es negarte toda posibilidad de evolución”, manifestaba en 2020. En cuanto a las prisiones, afirmaba que “de las cuatro paredes hay que tirar tres y dejar una para jugar al ping pong. Nos cuesta muy caro a los contribuyentes. Nos saldría más barato tener a los presos en hoteles de tres estrellas” . 

En suma, alguien al que el poder establecido aprovechó siempre para desviar la atención de temas sociales y conflictivos. Y, de paso, mostrar la eficaz tarea reinsertadora de la política penitenciaria. Un mito creado con el asentimiento interesado de los gobernantes. Política y manipulación, indudablemente. Algo que ha sabido aprovecharlo muy bien su protagonista.

Juan Rada 

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