MAL DADAS (Sajalín, 2013)

Ambientada en una ignota, corrupta e incivilizada población de Carolina del Norte por la que pululan tipos desalmados que nadan en la desidia, el alcohol clandestino, las timbas nocturnas y el sexo más sórdido, esta negrísima novela escrita en 1940 -e inédita en España hasta hace bien poco- nos habla de la crueldad, estulticia y miseria que invaden a quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa por dinero.

Con los ecos de la gran depresión económica de 1929 todavía de fondo, lo mejor de “Mal dadas” es que en ella se narran acontecimientos de rabiosa actualidad, pues siendo verdad que todas las crisis económicas acaban cebándose con los desfavorecidos convirtiéndolos en marginados, no es menos cierto que sus efectos devienen devastadores en aquellas sociedades como la nuestra donde, debido al individualismo extremo, la codicia insolidaria (y criminal) se erige en instrumento de salvación.

En ese sentido, James Ross (1911-1990) fue un escritor -amén de maldito: tras una existencia errante en la que probó a trabajar de albañil, granjero o jugador semiprofesional de béisbol, acabó sus días como periodista en rotativos del tres al cuarto al frustrarse lo de vivir de la literatura- adelantado a su tiempo, valiente y ajeno a la complacencia.

¡Lástima que entonces las editoriales no repararan en él, pese a que el estilo empleado (seco y cortante como un buen puñetazo en la mandíbula) en ésta su única novela recibiera entusiastas elogios de coetáneos tan poco dados a las alabanzas como Raymond Chandler y Flannery O’Connor!

Y es que la vida es dura, muy dura. Y si no tienes suerte, aún más jodidamente dura.

CACHÚS

 

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