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MAQUIS: LOS ALBORES DEL TERRORISMO

El siglo XIX toca ya a su fin y hacinados en un tren con dirección a la insalubre Reserva de Fuerte Marion en Florida (donde morirían la mayoría victimas de enfermedades) viajaban los últimos nativos libres de norteamerica.
La partida de Gerónimo -con sus familias- ha resistido en la sierra hasta que, diezmados y acosados, acabaran entregándose, finalizando así las llamadas “Guerras Indias”.
Cuenta la leyenda que un guerrero chiricaua saltó de aquel tren en marcha y que tras secuestrar a una india mescalero, se habría refugiado en las montañas y que allí permanecen sus descendientes a día de hoy viviendo como apaches, lejos de la civilización.

¡Ah!, las leyendas… como aquella en que un fusilero nipón habría vivido durante decenas de años en la selva birmana o en alguna isla perdida del Pacífico ajeno a que Japón había capitulado en 1945.
Las leyendas son el alimento de la memoria de los derrotados, dotando de cierta aureola y romanticismo su inmediato paso al olvido.
Si en palabras de Wellington tras amanecer sobre el campo ensangrentado de Waterloo, “no hay nada más deprimente que una batalla ganada, salvo una batalla perdida”, sin pecar de pretenciosos podríamos añadir que: no hay nada más terrible que ser el derrotado en una guerra civil.

Las contiendas civiles nunca acaban cuando pita el árbitro y todos los jugadores estrechan sus manos.
Cuando Lee rinde su ejército en Appomattox, importantes bolsas de ex-combatientes se echan al monte convirtiéndose en guerrilleros que mantienen una estructura jerarquizada y que durante un tiempo se niegan a aceptar la derrota, atacando los intereses yankees en los antiguos Estados confederados.
Desde el Ku Klux Klan hasta los Guerrilleros de Missouri, todos estos “bushwhackers” disfrutaron durante años de la mística heroica del irreductible y del consecuente apoyo popular en amplias zonas del Sur.
El paso del tiempo acabó degradando aquellos ideales, reduciéndolos a “rufianes de la frontera” y a bandas de forajidos como la célebre James-Younger.

Todo este misticismo poco o nada tiene que ver, a pesar de los intentos de la izquierda por asociarlo a su ensoñación, con el Maquis español.
Terminada la guerra civil, la mayoría de los derrotados volvieron a sus casas. Aquellos que temían ser acusados de delitos de sangre, partieron para el exilio.
De entre éstos, los que no pudieron ganar la frontera o sacar su pasaje en el Stanbrook, se echaron al monte.
Al principio se les conoció por “huídos” y vagaban errantes por los montes intentando eludir la acción de la justicia.
A partir de 1940 comenzaron a organizarse en partidas armadas, jerarquizadas e ideologizadas.
Se les conoció cómo guerrilleros, o simplemente “maquis”.
Pronto serían coordinadas las distintas partidas por mandos, en su mayoría dependientes del Partido Comunista, aunque también existirían algunas unidades libertarias.
Su estructura era muy simple: Mando, de quien recibían periódicamente órdenes e instrucciones. Guerrillero (el huído propiamente dicho) y Enlace .

Vayamos primero con el “Enlace” porque como reconocen los propios maquis supervivientes y así queda escrito en la abundante bibliografía, “fueron verdaderamente el alma del maquis”.
Los enlaces eran los ojos y oídos de los partisanos en los pueblos, los que transmitían las consignas, entregaban cartas, órdenes y alimentos en las llamadas “estafetas” (puntos seguros previamente concertados) y los que además sirvieron en muchísimas ocasiones de informantes para la comisión de emboscadas, atentados, secuestros, robos o fugas.
A estas alturas no hay que ser muy listo para deducir que, además de los propios familiares de los fugitivos, la mayoría de los enlaces eran antiguos frentepopulistas que habían resultado exonerados de responsabilidades tras la guerra.
El mando, como citábamos anteriormente, fue asumido por miembros destacados del PCE en cuya cúspide se encontraban Vicente López Tovar y Jesús Monzón, ambos organizadores del inmenso fiasco de la invasión por el Valle de Arán, que sirvió para que Santiago Carrillo desacreditara al Maquis ante Stalin y se hiciera con el control del partido desatando una gran purga que incluye asesinatos y en la que incluso delató al propio Monzón a las autoridades franquistas.
Sorprendentemente, Monzón no fue ajusticiado a pesar de sus responsabilidades y de haber sido detenido en casa del terrorista Jaume Serra, asesino del jefe de la Falange de Reus, Camilo Morales Cortés.
Condenado a 30 años en el penal de El Dueso, apenas cumpliría 13 y a su liberación, el Opus Dei lo empleó en el Instituto Panamericano de Alta Dirección Empresarial.
Muy amigo del banquero Juan March y del conocido antifranquista Arzobispo de Sevilla Pedro Segura, acabó siendo nombrado director del Instituto Balear de Estudios de Dirección de Empresas donde coincidiría con personajes tan variopintos como Tamames, Cela, Fernández Ordóñez, Garrigues Walker, Julián Marías, Jordi Pujol o José Luis Sampedro.
Hay que ver los amigos que se hacen en política, oiga.

Pero volvamos al Maquis.
La agreste orografía española facilitó que las partidas de bandoleros disfrutaran de notable impunidad para golpear y esconderse con rapidez, lo que provocó que en aquella España rural de los años 40 muchísimas localidades vivieran literalmente sojuzgadas por sus acciones de terrorismo.
Desde el saqueo de graneros y cabañas ganaderas, hasta el descarrilamiento de trenes de pasajeros con docenas de muertos, pasando por asesinatos selectivos en pueblitos y aldeas, todo ello forma parte del “curriculum antifascista” de una horda criminal que nunca pasó de ser un bandidaje organizado, y especialmente desde que el PCE lo diera por amortizado y lo declarara “disuelto”.

El Maquis mató entre 1942 y 1950 a 1.260 personas.
De ellas, 257 Guardias Civiles, 27 Militares, 23 Policías y 953 paisanos. Además de perpetrar 3.000 robos y atracos, y 874 secuestros.
La actuación enérgica y persistente de la Guardia Civil, en colaboración con grupos civiles armados (Somatén) acabó erradicando esta lacra.
Algún tiempo despues, el terrorista Julio Álvarez del Vayo se declararía heredero del espíritu del maquis y formaría el FELN (Frente Español Liberación Nacional) que acabaría convirtiéndose en el criminal FRAP… pero esa es otra historia.

LARREA    SEP/2018

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