MARCHANDO POR CAN PALOMERES (20-VIII-2021)

“La caverna iniciática representa para ciertas culturas tradicionales, la imagen o representación del mundo asociable o correlativo al Corazón y al Huevo Cósmico”. (René Guénon)

“El hombre de las sociedades arcaicas tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados. Esta tendencia es comprensible: para los ‘primitivos’ como para el hombre de todas las sociedades pre-modernas, lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia”. (Mircea Eliade)

Interesante ruta de varios miembros de la “Centuria Pateadora Montañas Nevadas” por el pasado minero de la parte norte de Malgrat (comarca del Maresme, Barcelona); siguiendo el camino que va vadeando la montaña hasta el Turó d’ en Serra (104 m), nos encontramos con varias entradas a unas minas ya inoperativas desde hace más de una centuria -pese a que su utilidad última fue la de ser refugios antiaéreos de la chusma durante nuestra Cruzada de 1936-39-, y en las que en teoría no se puede entrar dada su presunta peligrosidad, aunque las mismas están al aire libre sin que no haya nada que impida el acceso a su interior (sólo unos carteles informativos y/o explicativos), y sus entradas están perfectamente visibles a pie de camino.

La caminata no es muy larga pero hay que superar un gran desnivel en muy poco espacio, encontrándonos a lo largo del camino con frondosos bosques. En dicha ruta no falta tampoco el misterio y cierto encanto ante un pasado ya en ruinas –la nostalgia y la irresistible atracción hacia lo remoto, hacia lo que ha sido presa del abandono y del olvido- , y la oscuridad de las profundas grutas perforadas en la montaña; de hecho no es posible aventurarse mucho en su interior sin una buena iluminación (carecíamos de linternas, puesto que íbamos un poco a la aventura), y aun así hay que extremar las precauciones teniendo en cuenta la gran irregularidad del suelo y los riesgos de desprendimientos que pudiera haber.

Entrando en el terreno de los símbolos y de los mitos, la cueva siempre tuvo un carácter sagrado y simbólico en las culturas tradicionales: puesto que la Montaña era una imagen simbólica del Centro o Eje del Mundo, por lo tanto la Cueva que entra -penetra- en su interior, era, pues, una imagen simbólica del Corazón de ese Centro o Eje. La Cueva en las sociedades tradicionales y antiguas no sólo era considerada como la Casa y el Templo primordiales, sino también el lugar de las iniciaciones y resurrecciones, el lugar del Segundo Nacimiento (el espiritual, siendo el Primer Nacimiento el puramente físico, material), como también de los ritos de paso, de la caza y de la ascesis guerrera, de las reuniones sagradas del clan, así como los espacios para la representaciones de sus pinturas con caracteres sagrados y simbólicos. A tal respecto decía René Guénon que “el hombre renovado o iniciado logra mediante las pruebas, los ritos y el conocimiento mistérico vencer a la muerte y emerge así de las tinieblas (la oscuridad de la Cueva); trasciende la materia con un cuerpo nuevo, sublimado espiritualmente, y por ende purificado o libre de impurezas o apegos mundanos”. Es decir que una vez superados los “Pequeños Misterios” y romper las cadenas que lo mantienen atado en el primer estado, lugar de su nacimiento material, físico; una vez superada la puerta de los Ancestros -Pritriyana, “Vía de los Ancestros o Antepasados”-, poco a poco se va ascendiendo de la condición puramente humana, inicialmente cuasi animal, hasta alcanzar la supra-humanidad, el Devayana, la “Vía de los Dioses”: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13:24) (1).

La historia de estas antaño minas de hierro, algunas de las cuales tienen cerca de 150 años de antigüedad, fue tan breve como ciertamente rodeada de cierta oscuridad (valga la redundancia), ya que la empresa (francesa) que las explotó sólo estuvo operativa apenas tres años, de 1911 a 1914. Nunca entendimos cómo es que se levantaron tan gigantescas infraestructuras y obras de ingeniería para su época, para tan poquísimos años de actividad. Se llegó a construir un teleférico para transportar el material de la montaña directamente a los barcos que echaban anclas junto a una plataforma marina. Aún quedan algunos testigos mudos, pocos, de aquella gran obra de ingeniería: la base de piedra que sustentaba la citada plataforma, restos de un puente entre cerros, la estación de carga o los raíles donde circulaban las vagonetas, casas en ruinas escondidas ante la exuberante maleza, restos de una infraestructura que bien pudieran ser de la estación del citado teleférico, ya que no hay ningún panel explicativo o informativo sobre el tema, etc. De hecho nos adentramos en lo que en su momento tuvo que ser una gran mansión, pero que hoy está en medio del bosque en estado totalmente ruinoso y lamentable; como ya hemos señalado alguna vez, las ruinas poseen una dimensión onírica, mágica, mítica, ancestral, porque son un espacio para la fantasía, la ilusión, la especulación imaginativa y las asociaciones simbólicas (lo que el genial pintor Salvador Dalí llamaría método “paranoico-crítico”…)

Por otro lado, el abandonismo del Sistema plutocrático y del demonismo postmoderno a todo lo que suene a “lejano” o “antiguo”, o simplemente tenga cierto carácter de “intemporalidad” (por relativamente reciente que sea como es en este caso), a todo lo que no sea “rentable” para su odiosa, torticera, especulativa y materialista/consumista visión del mundo, es verdaderamente perverso y demencial. De hecho hasta los bosques estaban descuidados y llenos de basura, sobre todo en las partes más bajas y accesibles de la montaña, y no digamos las entradas a algunas de las minas que eran auténticos estercoleros, y eso que en teoría estábamos en un “espacio natural protegido” y en una reserva natural Red Natura 2000, además de formar parte de la Red Ecoepidemiológica del Mediterráneo Occidental, una zona donde llegan a convivir hasta 19 especies distintas de murciélagos que han llegado a colonizar las citadas minas, siendo grandes aliados en la lucha contra el temido mosquito tigre (lástima que no así también para con las ratas de dos patas…) Curiosamente, en algunas culturas tradicionales -sobre todo de Extremo Oriente, China y Japón por ejemplo-, el murciélago es símbolo también de renacimiento, así como de la profundidad y del viaje interior, ya que esta fascinante criatura mitad ratón mitad ave, vive en el vientre de la madre (la tierra), en la profundidad de la cuevas. Desde el vientre de las cuevas se desprende cada tarde, al anochecer para emprender su bello ceremonial de caza; de la matriz, del corazón de las montañas renace cada noche como si de un verdadero ritual de iniciación se tratara. En Europa generalmente ha simbolizado la noche, el misterio, el inframundo, predominando desgraciadamente el aspecto negativo de la criatura (la ya comentada ambivalencia de los símbolos tradicionales), teniendo en ello mucho que ver sobre todo las supersticiones vampíricas de la Europa del Este que se asociaban con este animal, así como también el carácter diabólico que a tales criaturas dio la Biblia hebrea considerándolas “aves inmundas” (2); no obstante durante el Medievo esta criatura era muy representada en las catedrales góticas, ello debido sin duda al gran amor que el hombre medieval sentía por el reino animal en general -fuente inagotable de valores y de referentes-, sirviendo y utilizándolo con maestría en sus construcciones y representaciones para simbolizar tanto virtudes y defectos humanos, como a las dos Cosmovisiones que se disputan el mundo y la humanidad desde la noche de los tiempos: las Fuerzas de la Luz y las Fuerzas de las Tinieblas; éstas últimas terriblemente desatadas hoy, en estos tiempos terminales y crepusculares de fin de ciclo que corren…

Desgraciadamente la entrada a este bello paraje está demasiado a la vista y es demasiado accesible, ya que está justo en la entrada de Malgrat de Mar por la N-II viniendo del sur. En total visualizamos un total de unas siete entradas, llegando a entrar ligeramente en tres o cuatro de ellas, pero evidentemente sin profundizar por falta de medios como hemos comentado más arriba; la verdad que la entrada se hacía agradable dado el frescor con el que se estaba en el interior, en contraste con el bochorno insoportable que hacía ese día tan caluroso como agotador.

Se puede continuar la ruta ascendente hasta hacer cima, cuyo cerro -Turó d’ en Serra- está coronado por una pequeña cruz de hierro, las vistas son verdaderamente impresionantes desde la cima. A la vuelta escogimos un sendero alternativo más cubierto y por bosque interior, sendero que nos devolvió directamente al punto de partida. En definitiva, pocos pero intensos kilómetros por una zona que verdaderamente vale la pena visitar, inspeccionar, estudiar y, por qué no, también simbolizar: “el simbolismo es el medio mejor adaptado a la enseñanza de las verdades de orden superior, religiosas y metafísicas, es decir, de todo lo que el espíritu moderno desdeña o rechaza” (R. Guénon); en definitiva, es el “arte de vivir” en medio de un mundo en crisis…

FUERZA HONOR TRADICIÓN

Joan Montcau

 

NOTAS:

“Estos enclaves iniciáticos eran el lugar del nuevo nacimiento y de la regeneración. El adepto era recibido, moría en su vida material, abandonaba lo sensible para salir completamente transformado y lleno de una nueva vida, la vida del iniciado. Era una transformación de conciencia, una catarsis, una muerte simbólica y un renacimiento hacia un nuevo estado del ser” (Xavier Mosquera, “De la Cueva al Templo”). Por otro lado, René Guénon en su libro “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” dice que: “existe, pues, una relación estrecha entre la montaña y la caverna, en cuanto una y otra se toman como símbolos de los centros espirituales, como lo son también, por razones evidentes, todos los símbolos, “axiales” o “polares”, de los cuales uno de los principales es precisamente la montaña. Recordaremos que, a este respecto, la caverna debe considerarse situada bajo la montaña o en su interior, de modo de encontrarse igualmente sobre el eje, lo que refuerza aún el vínculo existente entre ambos símbolos, en cierto modo complementarios entre sí”. R. Guénon hace una curiosa interpretación sobre el famoso símbolo del “Sello de Salomón”, donde los dos triángulos opuestos representan igualmente dos principios complementarios, símbolo a la vez del Macrocosmos. Mientras el triángulo con el vértice hacia arriba simbolizaría la Montaña cósmica, el triángulo invertido simbolizaría la Cueva o Caverna.

 2.  Sobre simbolismo animal, muy interesante la inmortal obra del esoterista y gran simbolista cristiano, el francés Louis Charbonneau Lassay: “El Bestiario de Cristo”.

 

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