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MÁRTIRES DE LA MATANZA DEL SEGURO OBRERO DE CHILE

 

EL 5 de septiembre se cumplieron 80 años de que 64 jóvenes Nacionalsocialistas chilenos rendidos fueron cobardemente asesinados en el edificio del Seguro Obrero (actual Ministerio de Justicia) por orden de Alessandri, perro de la oligarquía. Por mucho tiempo, un hecho ignorado y tergiversado. Hoy, gracias al esfuerzo de muchos, logra ser no solo divulgado sino reivindicado.

¿Podrá haber otra generación de jóvenes valientes capaces de tomar un arma y combatir a muerte por un ideal?

¡Camaradas chilenos caídos!
¡PRESENTES!

R. Pasmiño


Masacre del Seguro Obrero

https://es.metapedia.org/wiki/Masacre_del_Seguro_Obrero


[Agradeciendo esta colaboración, nos permitimos recordar también lo anteriormente publicado en nuestro boletín]:

SER O NO SER NACI

SER O NO SER NACI

“Que no salga ninguno, ¡¡mátenlos a todos!!”
Arturo Alessandri Palma, Presidente de Chile (5/9/1938)

Yo no creo que sea nazi, tengo poco que ver con el estereotipo que circula por ahí y no me estoy refiriendo al de uso popular impuesto por los Medios de Desinformación, sino al estereotipo que manejan como propio muchos camaradas.
Amo mi cultura, mi identidad y mi historia, amo mi raza y amo profundamente la tierra de mis padres, pero no soy supremacista, no discrimino por el color de la piel o por religión o por condición social, tampoco necesito hacer ostentación sobre mi piel de aquella simbología con la que me identifico y desde luego no encuentro vinculación alguna -por más que la busque- entre política y futbol.
Conozco muchos chistes de judíos, pero no estoy seguro de que esta parte me habilite para cumplir con los cánones actuales del nazi.
Supongo que esto debería ser un respiro para mi familia y mis amigos; sin embargo, no sé qué pasa que cuando hablo de política con personas más o menos informadas del “cómo funciona esto”, todas acaban diciendo que mis ideas son una utopía peligrosa. “Tú eres un nazi”, concluyen.

Algo no cuadra aquí, así que voy a tener que revisar mis criterios porque ya voy teniendo una edad y no es posible que la gente me asigne una etiqueta que -a priori- no parece que vaya conmigo.
A vueltas con la historia y las ideologías, mi memoria acabó deteniéndose en un hecho tan heroico como poco conocido: la aniquilación del Movimiento Nacional Socialista de Chile.
Y digo bien, aniquilación, porque los hechos que se dieron aquel 5 de septiembre de 1938 acabaron de un manotazo con el incipiente movimiento nacional y revolucionario del país andino.

Como afirma tajantemente mi buen amigo y camarada José Luis Jerez, el siglo XX no fue el siglo de la carrera espacial, ni de la polarización de los bloques, ni siquiera de internet, el siglo XX fue el siglo del Fascismo. Y la década de los 30, fue la década prodigiosa en que una idea completamente novedosa parida por un antiguo militante socialista italiano se extendió, pura, no solo por toda Europa, sino incluso por todo el mundo.
En Argentina y Chile, también.

El MNSCH estaba fuertemente influenciado por uno de los cerebros más brillantes del nacional-socialismo alemán, Gregor Strasser, y su puesta en escena fue absolutamente beligerante con los dos partidos establecidos, el conservador de Gustavo Ross, conocido popularmente como “Ministro del Hambre” -a la sazón, Ministro de Economía en el Gobierno de Arturo Alessandri- y el Frente Popular de Pedro Aguirre .
Los Nacistas -pues tal era el nombre con el que se les conocía- habían logrado representación parlamentaria -3 diputados- el año anterior y en las elecciones a la Presidencia apoyaban firmemente a Carlos Ibáñez del Campo, cuya etapa presidencial se había caracterizado por el fortalecimiento del Estado contra las oligarquías y por haber acometido profundos cambios sociales y de modernización de las instituciones.

Ante los crecientes rumores de pucherazo, el MNSCH que ya había realizado algunas marchas al “estilo alemán” como demostración de fuerza (10.000 camisas grises habían desfilado por las calles de Santiago unos días antes), decidieron acometer una acción de fuerza, -un Putsch de Munich- en la que tras tomar distintos puntos neurálgicos, unidades de militares partidarios de Ibáñez derrocarían al Gobierno de Alessandri y tomarían el poder.
Al grito de “Chilenos a la acción” realizado con el brazo extendido y abanderados con enseñas de la patria, los conjurados -la inmensa mayoría de ellos jóvenes estudiantes- cumplieron con su parte y tomaron la Universidad de Chile en la Alameda y la Torre del Seguro Obrero (colindante con el palacio presidencial de La Moneda). Allí se hicieron fuertes esperando la llegada de los militares Ibañistas.

Nadie se movió.
El que sí lo hizo fue el presidente Alessandri que, desconfiando del ejército, lo mantuvo acuartelado y recurrió a su policía -los Carabineros- y a algún general de probada lealtad, dándoles una orden taxativa: “que no salga ninguno, ¡¡mátenlos a todos!!” .
Tras una breve resistencia, primero se rindió la universidad, los detenidos fueron mostrados ante los resistentes de la Torre para minar su moral y posteriormente fueron introducidos como escudos humanos por los carabineros con la intención de parapetarse tras ellos durante el asalto. Los nacistas resistentes, incapaces de disparar contra sus camaradas, se rindieron.
Allí mismo y tras agruparlos en un descansillo de la escalera, fueron asesinados mientras, intuyendo su destino, habían comenzado a cantar el himno de las Tropas de Asalto nacional-socialistas.
El relato completo de lo que vivieron aquellos jóvenes idealistas fue realizado por uno de los estudiantes, al que dieron por muerto entre tanto cadáver amontonado.

El 5 de Febrero de 1939 perdieron la vida 63 miembros del Movimiento Nacional Socialista Chileno cuyo objetivo era detener la carrera presidencial de Gustavo Ross, candidato de la derecha liberal-conservadora y genuino representante de la oligarquía chilena y de los intereses de corporaciones estadounidenses.
Su sangre no se derramó por aquella asonada clásica de milikos pagados con dólares, ni por defender caciques ni usureros, ni terratenientes ni multinacionales. Su sangre empapó la bandera de la patria que portaban, precisamente por liberar al pueblo de éstos.

Pensándolo bien, puede que sí, puede que yo sí sea Naci.

LARREA    AB/2016

 

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